0
Publicado el 27 Septiembre, 2017 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

ANIVERSARIO 150

En un pinar cerca del río

La capital vueltabajera, cimentada sobre antiguas vegas de tabaco, celebra su título de ciudad con aires renovadores
En un pinar cerca del río. (Foto: JORGE LUIS SANCHEZ RIVERA).

El teatro Milanés, uno de los edificios emblemáticos, se incluyó en el amplio programa de reanimación con motivo del aniversario 150 de la ciudad.

Por DELIA REYES GARCÍA e IGOR GUILARTE FONG

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA y CORTESÍA DEL HISTORIADOR

Las paredes de la antigua cárcel, el reloj en las alturas del hotel Globo, el campanario de la catedral, o los bancos del Parque de la Independencia son testigos mudos que pudieran contar mil y una historias de la capital provincial más occidental de Cuba, de la otrora villa colonial, hoy conectada con la modernidad.

Un “malecón sin agua” que cautiva a grupos de niños retozones; parejas de enamorados, familias o paseantes que refrescan bajo la sombra de los emblemáticos pinos. Un centro histórico disfuncional, en forma triangular, y la catedral ubicada 200 metros más abajo, todo muy distinto a la antigua usanza de erigir alrededor de la Plaza de Armas las principales dependencias políticas y religiosas. Además, singulares parábolas y anécdotas, tan curiosas como risibles, como parte del perfil de una ciudad repleta de leyendas y encantos.

Pinar del Río continúa siendo una urbe campechana, llana –con un solo edificio alto– que no relega su semblante arquitectónico de antaño, marcado por portales corridos y techos de tejas rojas. Pero no debe juzgarse mal; esta urbe, también atractiva, no es un daguerrotipo de época, a diario se dinamiza y prospera con el brío de su gente hospitalaria y gallarda que vive el éxito de la cenicienta devenida princesa.

Un personaje en exclusiva

En un pinar cerca del río. (Foto: JORGE LUIS SANCHEZ RIVERA).

“El pinareño tiene una tradición de resistencia, laboriosidad y rebeldía”, destaca el historiador Juan Carlos Rodríguez Díaz.

Transitar las calles de Pinar, aun con las evidencias de la modernización a cada paso, convida a escarbar las raíces y pormenores que suelen pasar inadvertidos para el común de los transeúntes, y si es visitante más todavía. Por eso, gran privilegio tuvieron estos reporteros al conocer de arriba a abajo la calle Martí –otrora Real y principal arteria citadina– de manos del mejor guía posible.

El historiador Juan Carlos Rodríguez Díaz es un hombre de estatura mediana, afable y, como buen enamorado de Clío, dueño de una memoria prodigiosa. Frecuentemente sube y baja calles más de una vez al día, incluso bajo el sol implacable, tras la pista de un hallazgo o verificando alguna información. En el camino muchos lo saludan, le preguntan sobre temas diversos. Es todo un personaje.

“Desde 2006 me desempeño oficialmente como Historiador de Pinar del Río, pero me inicié en 1982 como profesor de la carrera en la Universidad. Ahora mismo vengo de allá, me mantengo vinculado a la docencia. Ya llevo 35 años en el campo de la historia”, dice el máster en Ciencias, quien, en exclusiva, cuenta a nuestros lectores cuándo y cómo una ciudad surgió y creció en un pinar cercano al río.

¿La historia del tabaco?

En un pinar cerca del río. (Foto: CORTESÍA DEL HISTORIADOR)..

La peculiar Plaza de la Independencia, años atrás. Allí llegó la caballería mambisa en 1898 y para rememorar el hecho se plantó la palma que se observa a la izquierda.

En honor a la verdad histórica, la capital pinareña es mucho más antigua que un siglo y medio. “Realmente la ciudad debe estar en el rango de los 320 años”, opina el historiador.

La zona que hoy ocupa la provincia de Pinar del Río –relata– se subordinó a la jurisdicción de la villa de San Cristóbal de La Habana desde 1514 hasta 1764. Pero esas primeras mercedaciones del siglo XVI –que se dirigieron desde el cabildo habanero– resultan muy imprecisas en fecha y lugar. “Mayor claridad tenemos del siglo XVII. La primera vez que se menciona como tal el Corral de Pinar de Río corresponde al 19 de julio de 1641. Estaría ubicado algo más al sur de la urbe actual. De ese hallazgo se derivó un estudio que hizo pensar que el espacio no se ocupó, y que hubo remercedaciones a finales de esa propia centuria.

“Ya ejerciendo en La Habana, el obispo Diego Evelino de Compostela tiene conocimiento de que en el occidente existen pequeños asentamientos y decide organizarlos en parroquias. La tradición dice que los vecinos se reunieron al lado del río Guamá, y de un sombrero se extrajo el nombre del santo patrono. En lo personal no me gusta esta versión, pienso que tal vez, como sucedió un 1o de marzo, y por ser el día de San Rosendo en el santoral católico, ese resultó el escogido para patrón de la villa y bautizo de la catedral.

En un pinar cerca del río. (Foto: CORTESÍA DEL HISTORIADOR).

Imagen antigua del famoso malecón sin agua.

“Se presume que la fundación haya ocurrido en algún momento entre 1686 y 1699. No tenemos –como las villas de los 500 años– la típica misa debajo de la ceiba o el acta fundacional. Mañana quizás se descubra un dato que fije la fecha de creación del poblado, que no tenemos todavía. Esa precisión es muy difícil”, sostiene.

Pero, ¿por qué la ciudad surgió específicamente en este escenario? Como si estuviera en plena conferencia con sus estudiantes, el profesor explica que desde el siglo XVI, por disposición del clan de los hermanos Rojas (entre los primeros colonizadores del territorio), empieza a abrirse el Camino Real desde La Habana hacia occidente, con el objetivo de trasegar piaras de reses, cueros y cargas de tabaco.

La existencia en dicha ruta de una sabana desocupada, cubierta de pinares y muy fertilizada por tres arroyos –que la hacen idónea para el cultivo del tabaco– no pasa inadvertida para aquellos cargadores. Tampoco para los vegueros evacuados de los contornos de La Habana que se mueven a regiones intrincadas en busca de espacios que los ganaderos no han colonizado.

En un pinar cerca del río. (Foto: CORTESÍA DEL HISTORIADOR).

Desfile por la céntrica calle Martí, frente al hotel Globo y el Correo.

En el extremo occidental de la Isla se concentran las mejores tierras para el desarrollo del tabaco. Aunque este es un cultivo patrimonio del aborigen cubano, que lo usa con fines mágico-religiosos y medicinales, pronto pasa al español y al criollo, quienes continúan realizándolo en el primitivo conuco, hasta su posterior ampliación productiva en las vegas.

“Lo que hoy es un parque o un reparto fue una vega antes. Esta es una ciudad que se levanta sobre un veguerío de tabaco. La población se desarrolló acorralada por estos sembradíos, cubrió todos los solares. Todavía en el siglo XX el Ayuntamiento está emitiendo prohibiciones para que no se siembre tabaco tan próximo al centro urbano”, expone.

Por tanto –asevera el entrevistado– la dinámica de la vida local gira en torno a la figura del veguero y su cultivo por excelencia. Asimismo, el lugar deviene epicentro de una región histórica y cultural denominada Vueltabajo, acepción geográfica que indica toda la regional oeste de La Habana, y que se va a acuñar en el siglo XIX, con sendos escritos de dos figuras de la ciencia y la cultura: Cartas a Silvia, de Tranquilino Sandalio de Noda, y Excursión a la Vueltabajo, de Cirilo Villaverde.

De cómo surgió la villa

En un pinar cerca del río. (Foto: JORGE LUIS SANCHEZ RIVERA).

En los predios del actual parque Martí empezó todo.

Como si hubiera visto las escenas fundacionales con sus propios ojos, Rodríguez Díaz refiere que entre aquellos hombres del siglo XVII dedicados al trasiego de mercancías hacia el oeste, va surgiendo la costumbre de hacer una estadía de una jornada, tal vez dos, en aquel punto en medio de la fatigosa travesía, de plácidas condiciones naturales, y donde abundan pinos y fluyen límpidas las aguas del Guamá.

“¿Dónde vamos a hacer noche hoy?… Junto al pinar del río”. Así, humildes carreteros, más menestrales del tráfico que románticos poetas, sin proponérselo, siembran con su rutina la semilla de un nombre y de la localidad en sí misma. A raíz de esa perseverante asistencia al sitio se impulsa la edificación de las primeras casas rústicas, construidas con tablas y guano, adecuadas para la parada circunstancial.

“Pero con el paso de los años el tabaco comienza a cultivarse de manera estable, las vegas se van ensanchando por los corrales de Pinar del Río y de San Mateo. Eso demanda la permanencia del hombre encargado de velar por los ciclos productivos, y, en consecuencia, se levantan las primeras casuchas, la iglesia y la casa de las autoridades en aquel ámbito natural en la ribera del Guamá, donde está el parque Martí en la actualidad. Sin embargo, allí –aclara el experto– no resisten más de cinco décadas. Tuvieron que mudarse debido a las crecidas cíclicas del río.

En un pinar cerca del río. (Foto: CORTESÍA DEL HISTORIADOR).

Plano de la ciudad en el siglo XIX.

“Por ejemplo, si se analiza el desarrollo del poblado desde los documentos primigenios, puede verse que la primera acta bautismal es del 2 de agosto de 1699, correspondiente a un moreno libre de Jamaica, esposo de una india habanera libre, que bautizan a un varón ante el cura español don Simón de Torres. Ahí tienes los ingredientes del mestizaje y la transculturación. Además, se infiere que ya hay personas asentadas con anterioridad, se ha levantado esa primera catedral, está presente el primer sacerdote y se registra el primer acto eclesiástico reconocido.

“En 1750 deciden reubicar el poblado en un otero de sabana, que es como llamaban a la parte más alta. Este segundo emplazamiento se localizó donde hoy está el Parque de la Independencia, y a partir de ahí es que se estructura verdaderamente la ciudad, pero no basada en un plano original, con manzanas definidas, sino con una distribución irregular. Entonces se levanta la segunda catedral de San Rosendo, la casa del gobernador, que estaba donde mismo está el actual Gobierno provincial; la cárcel que perdura como el edificio más antiguo, viviendas más duraderas y la plaza central, con tres esquinas”.

Título de ciudad

Para 1786, el centro del Gobierno de la región –que radicó en la alejada localidad de Guane por años– pasa a establecerse en la zona de Pinar del Río, de mejor posición geográfica.

En un pinar cerca del río. (Foto: JORGE LUIS SANCHEZ RIVERA).

Escudo de la ciudad.

“En la medida en que el tabaco va dejando dividendos, los lugareños demandan más reconocimiento de España. Primero logran que se le otorgue el rango de villa con ayuntamiento, en 1859. Luego, en 1863, envían una carta a la reina Isabel II reclamando el título de ciudad. Ella lo deniega. Lo vuelven a pedir en 1865 y la reina lo vuelve a rechazar.

“Finalmente, el 10 de septiembre de 1867, la soberana decide conceder la condición de ciudad a la villa de Pinar del Río. A Vueltabajo llega la correspondencia pasado el 15 de octubre y se convoca a la ciudadanía a la Plaza de Armas (hoy de la Independencia), se lee el bando y las autoridades locales declaran una semana de festejos. Este título proporciona un reconocimiento desde el punto de vista institucional.

“Quizás la densidad poblacional no se podía comparar con la de otras ciudades. No habría más de 400 casas y unas 1 200 personas. Prácticamente era una aldea que iba evolucionando a ciudad. Aunque sí realizaba importantes aportes a la economía de la Isla, pues en esta comarca existían 102 ingenios azucareros, un centenar de cafetales y más de 6 000 vegas de tabaco”, detalla el historiador.

Herencias

Ese título de ciudad, ganado tras ‘dar pelea’, evidencia el ancestral espíritu de los nacidos en la región vueltabajera. “Al pinareño se le debe reconocer lo difícil que debió ser levantar la villa. En 500 años han pasado por aquí muchos eventos meteorológicos, de estos, más de cien de primera magnitud que han barrido. Así se fue creando una cultura de resistencia en ese campesino que persistía en vivir y desarrollar su cultivo en ese entorno.

En un pinar cerca del río.

Una de las más importantes herencias legadasa los pinareños es laproducción tabacalera, de fama mundial (Foto: granma.cu).

“Es una cultura que trasciende hasta hoy. Sobresalen a modo de ilustración los años 2002 y 2008, cuando la provincia fue barrida por dos poderosos ciclones que destruyeron 160 000 viviendas y 17 000 casas de curar tabaco. Aun así los pinareños se han levantado una y otra vez. Somos herederos de la tradición de resistencia, laboriosidad y rebeldía”, enfatiza Juan Carlos Rodríguez.

Aires renovadores respiraron los reporteros de BOHEMIA en su travesía por la capital provincial más occidental de Cuba, conducidos por la historia. El impulso en decenas de obras de impacto social y de conservación de inmuebles patrimoniales para recibir el relevante aniversario dio fe de ello.

Con la arraigada determinación procedente de arcaicos carreteros y vegueros, las actuales hornadas de pinareños cimientan el futuro. Así, quizás, dentro de otros 150 años las paredes de la antigua cárcel, el reloj en las alturas del hotel Globo, el campanario de la catedral o los bancos del Parque de la Independencia, tendrán nuevas leyendas que contar de la ciudad fundada en un pinar cerca del río.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong