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Publicado el 4 Septiembre, 2017 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

INDUSTRIA AZUCARERA

Ingenios y agallas

Ni la “seca”, ni los “viejos hierros”, detienen el quehacer de los azucareros en Sancti Spíritus
Ingenios y agallas.

El movimiento de innovadores y racionalizadores en la agroindustria es una tabla de salvación ante la carencia de piezas y equipos.

Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Santiago Ballester, Miguel Cancio y Pedro Suárez están hasta los dientes de grasa y hollín. Ellos laboran en el basculador de la Unidad Empresarial de Base (UEB) Central Melanio Hernández, en Tuinicú, Sancti Spíritus.

“Limpiar este lugar es una de las tareas más difíciles que hacemos después de concluida la zafra. Ahora aplicamos la norma técnica para desarmar el equipamiento, diagnosticar sus averías y conservarlo”, explica Ballester.

De hacer bien estas actividades también depende la próxima zafra. A juicio de Radamé Rodríguez Palmero, más conocido como Nacho, director de la UEB, “cada una de las partes del ingenio es importante y hay que darles el mantenimiento adecuado. Basculador, molino, cuchillas, tándem, calderas de vapor, forman un único engranaje”, asegura el veterano.

En la última década, tanto el Melanio Hernández como el Uruguay, los dos centrales de la provincia, pertenecientes al Grupo Empresarial Azcuba, traían buen paso al cumplir sus planes productivos. Pero, al concluir la zafra 2016-2017, el Uruguay quedó por debajo de las cifras previstas. Por tal razón, Sancti Spíritus alcanzó un 94.20 por ciento de cumplimiento, con 125 900 toneladas de azúcar.

Según Elvis González Vasallo, director general de la Empresa Azucarera Sancti Spíritus, la sequía fue la principal causa del incumplimiento. “La agricultura siente los efectos de la seca en lo más profundo. La caña se puso vana, perdió líquido”, enfatiza el directivo.

A pesar de los pesares

Ariel Palmero y Adrián Rodríguez limpian el rastrillo de cenizas de las tres calderas del central Melanio Hernández.

El pitazo del central Melanio Hernández, el 20 de diciembre de 2016, anunciaba el inicio de la zafra. “Comenzamos con tres días de antelación –recuerda Nacho–; desde sus inicios el ingenio estuvo muy bien. Mantuvimos una alta eficiencia, lo que nos permitió ahorrar alrededor de 50 000 toneladas de caña. Le sacamos el máximo. Lo que se perdió en los campos por la sequía, lo ganamos en la industria”.

A pesar de los bajos rendimientos agrícolas, provocados por la escasez de precipitaciones, alcanzaron uno de los más altos valores de rendimiento industrial en el país: por cada mil toneladas de caña obtuvieron 12.35 toneladas de azúcar.

Cuando los trabajadores culminaron la zafra, el 15 de abril del año actual, tenían 33 075 toneladas, para un cumplimiento del plan de 100.34 por ciento.

Sin color de rosa

Las nuevas inversiones aprobadas para el ingenio ayudaron al éxito. “Instalamos unas centrífugas suecas, muy eficientes, que reducen el tiempo de lavado, garantizan una alta calidad del azúcar”, explica Evelio Meléndez Rodríguez, jefe de mantenimiento de la UEB.

Ingenios y agallas.

Las tecnologías instaladas en el Melanio les suben la parada a las molidas.

Pero, más allá de estos equipos nuevos, “el abasto al central nos sigue golpeando. Ahí hubo muchos problemas de indisciplina, las combinadas que no cortaban y un déficit de camiones. El sistema de dirección de la zafra en la cosecha tuvo algunas deficiencias”, valora Nacho.

Abastecer al Melanio Hernández es un quebradero de cabeza para la empresa azucarera de la provincia, porque tiene caña en todos los municipios, menos en Jatibonico.

De contar con la dulce gramínea más cerca del central, hubieran alcanzado mayor eficiencia, asegura el director.  Aun en esas condiciones, bajaron el costo por tonelada, de 1 775 pesos a 1 514.

En la explanada exterior del ingenio, Lester Aquino, jefe del área de instrumentación, no tiene que repetir la tarea dos veces: “muchachos, vamos a meterle mano al güinche principal”. Como un ejército de hormigas laboriosas, herramientas en mano, comienzan el desarme. Al cabo de unas horas, los jóvenes Francis Robert, Dosiel, Oniel, Mario Félix e Ismar Luis están de grasa hasta los codos. “Aquí somos como los mosqueteros”, dicen algunos con picardía.

Duele como ninguno

Ingenios y agallas.

Con estos viejos hierros se baten los obreros del central Uruguay para seguir haciendo azúcar.

“El central Uruguay es la gallina de oro de Cuba, produce más que cualquier otro”, sostiene Manuel Pérez Siberia, director de zafra en Sancti Spíritus. Para probarlo argumenta que en los últimos 15 años solamente en una ocasión le cogieron la delantera.

Aunque cuenta con uno de los mejores equipos técnicos de la agroindustria, evalúa Siberia, alcanzaron solo 92 914 toneladas de las más de 100 660 planificadas. La caída de los rendimientos agrícolas también les jugó una mala pasada, pero no fue la principal causa del incumplimiento, pues, a diferencia del Melanio Hernández, sí tuvieron caña para moler.

“La tecnología instalada en el ingenio es muy vieja, el tándem, las calderas, las centrífugas, los turbogeneradores ya son obsoletos. Por fatiga y deterioro, estos hierros ya no dan más”, explica Vladimir Gómez Morales, director de la UEB Central Uruguay.

A juicio del directivo, a pesar del esfuerzo del colectivo para cumplir las obligaciones contraídas, se sienten muy vulnerables. “Para garantizar la zafra anterior, debieron entrar centrífugas de tercera y nunca llegaron. Estamos como detenidos en el tiempo. Las últimas inversiones en el sector industrial de este ingenio se hicieron entre los años 1969 y 1970”, recuerda Gómez Morales.

En la UBPC Guayos se corta la semilla para la siembra.

Otra situación presenta la agricultura –agrega-, que ha recibido más inversiones para buscarle solución a la falta de caña. Se compraron tractores y cortadoras modernas; también se invierte en los sistemas de riego. Pero, cuestiona, sin condiciones en el ingenio, ¿cómo moler después esa caña?

“Es cierto que no existe una varita mágica para resolver todas las necesidades, y que hay limitaciones financieras, pero hemos insistido en que el proceso inversionista salga de la base, donde mejor se conocen los problemas. Para poner un ejemplo, en la pasada zafra no hacía falta un tanque de miel, sino centrífugas, entonces las pasaron al plan de inversiones de este año”, ilustra el directivo.

Elvis González Vasallo, director general de la Empresa Azucarera Sancti Spíritus, recuerda: “En el país se han habilitado cinco centrales más y eso lleva un nivel importante de recursos financieros. Además, otros ingenios, en los que se ha invertido, han tenido dificultades”.

En el caso del Uruguay, con vistas a disminuir las afectaciones por roturas, para la zafra 2017-2018 parece que finalmente entrarán esas centrífugas de tercera y, además, motores para los molinos.

Después de varios años en negociaciones, González Vasallo espera que comience a instalarse la bioléctrica del Uruguay, lo cual mejorará considerablemente el suministro energético del central.

Difícil pronóstico

Ingenios y agallas.

De hacer bien estas actividades también depende la próxima zafra.

Los sobresaltos de la industria no siempre se alivian en el campo, aseveran Ariel Cardoza Franco y Edelso Ledesma Sierra. Al concluir la molienda, estos obreros de la brigada de fabricación de azúcar del central Melanio Hernández, son reubicados en la UPBC Guayos, encargada de garantizar la semilla para la siembra de la gramínea.

Como ellos, otros también van a las labores agrícolas. De la siembra y atención a los cultivos depende en buena medida la venidera zafra. “Caña y más caña, es lo que necesita el Melanio. Este ingenio está diseñado para unas 60 000 toneladas y solo estamos haciendo la mitad de eso”, señala Nacho.

Las necesidades están claras, pero cuál será el rendimiento agrícola de la caña sembrada es pregunta difícil de responder.

“Eso para el país está bravo. En febrero se hizo un cierre y otro en junio. Pero, ¿quién puede hacer un estimado? Este problema de la sequía hará retroceder a la industria cañera en cinco años. La situación es muy tensa”, indica Gómez Morales.

Ante tales pronósticos, en la provincia se trazó la estrategia de sembrar más y optimizar los sistemas de riego. A los ingenios les corresponde realizar un minucioso proceso de mantenimiento, y no les puede fallar ni una tuerca. Desde el punto de vista organizativo también tendrán que engranar con mayor precisión los mecanismos de corte y tiro.

Orlando Celso García Ramírez, director del Grupo Empresarial Azcuba, valora de muy positivo el esfuerzo de los azucareros espirituanos, con alto sentido de pertenencia, y agallas para enfrentar cualquier desafío.

 

Números de interés

Ariel Palmero y Adrián Rodríguez limpian el rastrillo de cenizas de las tres calderas del central Melanio Hernández.

La recuperación de los equipos ahorra gastos a los ingenios.

Según el informe de Orlando Celso García Ramírez, presidente de Azcuba, ante los diputados de la Comisión Agroalimentaria, en la última sesión de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular:

*La zafra 2016-2017 cerró con un millón 800 000 toneladas, de un plan de dos millones 200 000. Aunque desde hace siete años la agroindustria presenta un crecimiento sostenido.

*En 2011 se exportaban 605 000 toneladas de azúcar, y en 2017 serán un millón 211 000.

*El precio del azúcar cerró a unos 0.17 centavos el pasado año, por encima de lo previsto. Para 2017 no será igual de favorable.

*En 2012 se importaba o se gastaban en divisas para producir una tonelada de azúcar 168.96 dólares, y en la zafra pasada 110.75 dólares por tonelada de azúcar.

Resultados de la Empresa Azucarera Sancti Espíritus en los últimos cinco años.

Zafra          Plan/Ton      Real/Ton           %

-2017——-133 631——125 990——–92,28

2016——-126 590——127 359——-100.61

2015——-114 312——122 448——-107.12

2014——-108 997——109 293——-100.3

2013——-104 192——104 203——-100.1


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia