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Publicado el 3 Octubre, 2017 por Lilian Knight Álvarez en Nacionales
 
 

CONSTRUCCIÓN

Alcides, el de los tanques

Un avileño que lleva más de 15 años fabricando depósitos de fibrocemento. Tuvo un comienzo difícil y hoy asesora su construcción y reparación en casi todo el país
Alcides, el de los tanques.

Alcides ha logrado atraer a su brigada a jóvenes que no tenían vínculo laboral, o con discapacidades mentales, ofreciéndoles una oferta de trabajo estable.

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ    

Fotos: MARTHA VECINO ULLOA

En camino desde Santiago de Cuba hacia La Habana me hablaron de un hombre en Ciego de Ávila capaz de hacer en 30 minutos un tanque más ligero y resistente que los de hormigón y que, además, asesora en la fabricación de estos depósitos a nivel nacional.

Contrariamente a lo que imaginé, al conocerlo descubrí un hombre delgado, algo hiperquinético, con vestigios de una vida de trabajo en las manos y las mangas de la camisa subidas hasta el antebrazo, presto a laborar.

“Esto es hacer revolución, algo de lo que me enorgullezco y que me hace sentir vivo”, dice Alcides Pérez Jiménez refiriéndose a su trabajo de construcción y reparación de tanques de fibrocemento, que hoy cobra mucha importancia por la sequía que azota al país.

Bajo la supervisión del Ministerio de la Construcción, Alcides extiende sus conocimientos y técnicas a las provincias de Santiago de Cuba, Holguín, Guantánamo, Artemisa, Camagüey y Pinar del Río.

Pero todo no siempre fue así. Hizo falta mucho tiempo y persistencia para que su trabajo tuviera el reconocimiento de hoy.

Boxeando contra la necedad

Alcides, el de los tanques.

La mezcla con la que se construyen los tanques, hecha de asbesto y cemento a partes iguales, requiere de un trabajo ágil, pues seca 30 minutos después de preparada.

Cuando joven, Alcides ingresó en la élite del boxeo nacional escolar. Para 1984 ya había ganado una medalla de oro en el torneo Playa Girón. Pero el destino no quiso que continuara su carrera deportiva: con 18 años, un árbol que intentaba cortar cayó sobre sus piernas y lo dejó en silla de ruedas 21 meses.

Gracias a su constancia y la de los médicos volvió a caminar. La nueva disyuntiva era cómo restablecer su vida profesional y sostenerse económicamente. Trabajó en varias empresas, como profesor, vendiendo alimentos, haciendo figuras de yeso artesanales, y una vez que esa materia prima escaseó, decidió probar con otra similar: el asbesto.

El subproducto, generado por la fábrica de planchas de fibrocemento de Ciego y por instalaciones similares del resto del país, era desechado. En cambio, Alcides confeccionaba estructuras y tinajas cada vez más grandes, hasta que llegó a los tanques.

Entonces, 16 años atrás, era impensable que esos recipientes de fibrocemento que hoy forman parte de nuestra cotidianidad se hicieran fácilmente, mucho menos de manera artesanal. “Decían que era imposible fabricarlos manualmente, que yo me los llevaba de centros estatales y los revendía”, recuerda Alcides.

Por esa razón –más bien sinrazón– fue detenido y su mercancía decomisada en varias ocasiones. Pero no era de los que se rendía fácilmente. Continuó viajando hasta San Luis, en Santiago de Cuba, donde existía una de las tres fábricas productoras de asbesto. Regresaba en “botella”, con el material al hombro, en sacos o en jabas.

Una noche en lugar de conducirlo a la unidad de la Policía lo llevaron a la sede del gobierno de Villa Clara. En una sala concurrida lo esperaba, de pie, el comandante Ramiro Valdés Menéndez.

A pesar del salto en el estómago y del asombro, entre balbuceos y gestos, logró explicar cómo confeccionaba los tanques de asbesto y cemento.

Según Alcides, Ramiro Valdés le dijo que eso era hacer revolución y que su solución sería replicada en todo el territorio nacional para paliar el déficit en el aprovisionamiento de agua y las demandas de la población.

Haciendo revolución

Alcides, el de los tanques.

En el proceso de producción los depósitos son resanados desde adentro, lo que exige destreza en los constructores.

Hoy Alcides Pérez es un trabajador por cuenta propia con una brigada de 36 trabajadores, en Ciego de Ávila, que además asesora a ocho “tanqueros” más en ese territorio. Su trabajo allí resultó en la reparación de casi 1 500 tanques y en el ahorro de más de dos millones de pesos, por ese concepto.

Al llegar al local donde trabajan, Yunior Jiménez, uno de los integrantes de la brigada, nos explica el proceso: “Sobre los moldes pre elaborados se vierte una capa de asbesto acomodada con las manos; después de un tiempo se pule, se unen las caras y se repella otra vez desde adentro”.

Este proceso concluye en 30 minutos y se les da un día de secado a cada depósito. Los trabajadores declararon que hacen cinco tanques diarios, como promedio. Además, se vincularon con transportistas que los ubican en techos y patios de casas y edificios si el cliente así lo requiere.

Hoy estas producciones van desde los depósitos de 350 hasta los de 800 galones de capacidad, certificados por la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas (ENIA), del sector de la construcción. Además, los reparan a domicilio, cosa que también han hecho las brigadas asesoradas por el innovador avileño en el resto del país.

“En Santiago conocí a una señora que llevaba 23 años sin agua dentro de la casa. Cuando reparamos su tanque entró a bañarse en la ducha con ropa y todo, y salió mojada, gritando: “¡Viva el comandante Ramiro! ¡Viva la Revolución!”.

Pero la obra de este avileño desborda los útiles recipientes de asbesto cemento y se extiende a la rehabilitación de techos de hospitales, consultorios, escuelas, casas de niños sin amparo familiar, de forma gratuita, porque como él dice: “si la Revolución me dio educación y salud gratis, no puedo hacer menos”.

Cuando la mujer…

Alcides, el de los tanques.

Los tanques de fibrocemento sobresalen por ser más ligeros y resistentes al agua y a los cambios de temperatura que los de hormigón.

Tuyé Vera Cabrera, la contadora, es secretaria del sindicato, compañera y esposa de Alcides, desde los inicios. Aunque era enfermera de profesión, un día decidió aprender a trabajar con el asbesto y hoy lo hace igual o mejor que los hombres, de acuerdo con la valoración de Alcides.

Tuyé inició un programa en la prisión de mujeres de Santiago de Cuba, donde las reclusas fabrican tapas de tanques y balaustres que venden a las empresas de materiales de la construcción.

“Ellas aprendieron muy rápido el mínimo técnico que les di, mostraron mucho interés y ahora tienen una forma de ingreso para ayudar a sus familias”, comenta.

Al valorar el trabajo con Alcides, confiesa que es muy exigente, como debe ser, porque hacen productos para la población.

Al caminar junto a este hombre por Ciego de Ávila, a cada rato nos detenemos porque vienen unos a solicitarle y otros a agradecerle sus servicios, personas seguras de que este es un hombre con el que pueden contar.

 

¿Qué es el asbesto?

Mineral fibroso variable, compuesto de silicatos. Por sus fibras largas, separables y resistentes a altas temperaturas se usa en la producción de materiales para la construcción como tejas, baldosas y azulejos, productos de papel y mezclados con cemento.

También se emplea en productos de fricción, tales como embragues, frenos y componentes de la transmisión de autos; materias textiles termo-resistentes, envases, equipos de protección, revestimientos.

 


Lilian Knight Álvarez