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Publicado el 3 Octubre, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Nacionales
 
 

PODER POPULAR

Autoridad del delegado

Las contingencias económicas de estos años han distorsionado el funcionamiento del sistema de Poder Popular. ¿Cuáles son las atribuciones del delegado que ahora nominamos y elegiremos?
Autoridad del delegado.

Al delegado lo postula y elige el pueblo. (Foto: ARCHIVO BOHEMIA-autor no identificado).

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Inmersos ahora en el proceso electoral, vale hablar de uno de sus hitos más relevantes, la nominación de los candidatos –en marcha aún al cierre de esta edición–, que asumirán luego del sufragio de noviembre como delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, que no son un organismo más, sino órganos de nuestro sistema político para ejercer la función estatal y de gobierno y hacer que la administración subordinada a ellos, sea efectiva y eficiente.

“Si la pirámide de decisiones y facultades se invirtiera –alertaba el compañero Raúl en discurso ante los delegados al Poder Popular, en Matanzas, en 1974–, las masas no tendrían ningún poder y los centros reales de poder y decisión estarían cada vez más alejados de éstas…”.

En realidad, las contingencias económicas de estos años han distorsionado el funcionamiento del sistema de Poder Popular, sobre todo en lo concerniente al papel del delegado de circunscripción, que solo se subordina a los electores que lo eligieron, porque ellos son representantes de los ciudadanos, no de la dirección del gobierno municipal y mucho menos de las direcciones administrativas. No son el “lleva y trae problemas” entre las masas y los Órganos de Poder Popular.

Por el contrario, tienen una autoridad que no ejercen ni utilizan suficientemente. Por desconocimiento, en la mayoría de los casos no usan las herramientas constitucionales y reglamentarias que les otorgan atribuciones para que puedan ser, reunidos todos en las asambleas municipales, el máximo poder estatal en su territorio.

La parte más viva

El espacio más vivo de los Órganos de Poder Popular es la circunscripción electoral. Si bien a los efectos de la división político-administrativa no es un eslabón de dirección porque a ese nivel no se constituye ningún órgano de poder estatal, allí es donde se asegura la más amplia, efectiva y democrática participación del pueblo que nutre la labor de dichos órganos, por muy apartada que se halle la zona.

Autoridad del delegado.

La Asamblea Municipal se constituye por todos los delegados electos y es el poder principal en el municipio. (Foto: Autor no identificado).

En esta porción de territorio es donde los ciudadanos nominan, por su propia voluntad, primero a los candidatos en número no menor de dos y no mayor de ocho, sin que esa candidatura provenga de ninguna organización política o social: solo los vecinos pueden determinar la persona que consideren pueda representarlos en el ejercicio de gobierno.

Luego, para ser elegido delegado al gobierno municipal, el candidato debe obtener más del 50 por ciento de los votos válidos emitidos por los electores de la circunscripción. Por eso se programan dos vueltas de elecciones. Si en la primera ninguno de los candidatos obtiene el número requerido de votos, los dos que mayor cantidad alcanzaron van a una segunda vuelta una semana después. Y, posteriormente, tantas como hagan falta si hay empate.

Al ser esta porción territorial el lugar donde se elige al delegado a la Asamblea Municipal, existe una relación muy directa entre este y sus electores por medio de despachos y reuniones con los vecinos, en las cuales rinde cuenta de su labor; es de aquí donde surgen los mandatos del pueblo que sirven para elaborar una estrategia de trabajo del aparato estatal, y se controla con más fuerza la actuación de la administración, sobre todo, en la prestación de servicios.

La creación de las circunscripciones no se sustenta en ninguna base esquemática, sino de criterios de proporcionalidad territorial y poblacional, de manera que todos los ciudadanos estén representados y, a su vez, el delegado cumpla con mayor facilidad sus deberes para con los electores. En esencia, se ha dividido a la población de cada municipio en grupos que, por vivir en relaciones de vecindad, pueden elegir de su seno un delegado al que todos conozcan y con el cual puedan mantener contactos permanentes para expresar sus quejas, sugerencias o cualquier otro asunto; y que viabilice las reuniones entre ellos.

Siguiendo el principio de que ningún grupo de ciudadanos deje de estar representado en estos órganos se constituyen también circunscripciones en casos especiales como unidades militares y del Ejército Juvenil del Trabajo, cuya casi totalidad o una parte de sus miembros residan permanentemente en ellas, así como en centros estudiantiles cuyos alumnos en su totalidad o en parte, son mayores de 16 años y no residen en el municipio en que está el centro escolar, y en brigadas de trabajadores con iguales características.

El delegado, ¿cuál es su poder?

Las responsabilidades que se concentran en la persona son, sin dudas, un mérito social para el individuo elegido, pero es un mérito también exento de formalidades. No es electo para una representación formal, sino para desempeñar un arduo trabajo que tendrá que realizar fuera de sus tareas habituales y que no entraña privilegios personales ni beneficios económicos.

El delegado es el representante de los electores, no es el dirigente de estos, ni de las unidades de producción o servicios existentes en la circunscripción y está en la obligación de rendir cuenta de su actividad ante quienes lo eligieron. El que no cumpla con sus funciones adecuadamente puede ser revocado a cualquier hora y en cualquier momento del día por los propios electores, y ser reemplazado por otro sin esperar la celebración de las próximas elecciones, según el procedimiento que establece la ley.

Como individuo el poder del delegado descansa en la autoridad que le han otorgado las masas, con las que debe mantener un contacto directo, cercano y constante, para conocer sus inquietudes, quejas, sugerencias y críticas. Y a partir de eso, aportar iniciativas que ayuden a resolver los problemas que le han planteado, exigir soluciones de los dirigentes administrativos y demandar que expliquen a los ciudadanos la situación.

El poder del delegado se expresa también en ser integrante de la Asamblea Municipal. Allí nomina con su voto a los candidatos a delegados a la Asamblea Provincial y a diputados a la Asamblea Nacional, elige al presidente, vicepresidente de la Asamblea Municipal, y puede proponer la revocación o sustitución de cualesquiera de ellos, de conformidad con lo establecido por las leyes y normas reglamentarias. Elige también a los directores administrativos y puede hacer la propuesta de sustituirlos cuando las actividades a ellos subordinadas no se desenvuelvan con la eficacia adecuada.

Allí los delegados pueden opinar y proponer sobre todas las cuestiones para las que la Asamblea está facultada y adoptar acuerdos o elevar mandatos a las instancias provincial o nacional.

Autoridad del delegado.

Los delegados pueden hacer preguntas a las direcciones administrativas en el seno de la asamblea. (Foto: Autor no identificado).

Otra facultad de los delegados de circunscripción es dirigir preguntas a la presidencia de la Asamblea, a las comisiones de trabajo y a las direcciones administrativas y que le sean respondidas en un determinado plazo. A solicitud de cualquier delegado, por ejemplo, la Asamblea Municipal podrá acordar que las direcciones administrativas le informen sobre aspectos de su gestión, porque no es que deba existir un enfrentamiento entre los delegados y las direcciones administrativas, sino que debe lograrse que persigan el mismo objetivo de satisfacer las preocupaciones de la comunidad.

El trabajo de los delegados tiene como principal motivación la búsqueda de una mayor eficacia en la utilización de los recursos disponibles en la localidad, la lucha enconada contra el burocratismo administrativo, el “peloteo”, y las soluciones demoradas innecesariamente.

Las responsabilidades en la circunscripción

Es necesario reiterar que, en la circunscripción, la máxima autoridad no la tiene el delegado, sino el conjunto de electores. Por eso, la más importante responsabilidad de un delegado en su demarcación es estar en contacto permanente con los electores, conocer sus criterios, necesidades, quejas y opiniones y trasladarlos a las autoridades administrativas, pero su función principal es actuar por sí mismo y trabajar en el municipio en la búsqueda de soluciones a esos problemas que le han planteado.

Este contacto no puede ser improvisado, porque el delegado no es un profesional del Poder Popular. Esta relación con los electores, por lo tanto, tiene que ser organizada y, de acuerdo con las normas reglamentarias de los Órganos de Poder Popular, se materializa a través de:

  1. a) El despacho semanal en un lugar determinado adonde puedan concurrir los electores a plantear sus quejas, opiniones, etcétera, sean asuntos personales o sociales, competan al municipio, a la provincia o la nación. (Y aunque no está reglamentado, el contacto se da también espontáneo en la calle, en la casa, a cualquier hora en que el delegado pueda).
  2. b) Las reuniones que cada seis meses realiza el delegado con los electores para rendir cuenta sobre la gestión del órgano de gobierno y de su gestión personal, donde los electores pueden interpelarlo y, además, hacer nuevos planteamientos.

La rendición de cuenta del delegado ante sus electores es uno de los acontecimientos más trascendentales en la vida del Poder Popular, porque es una de las vías que hace realidad la participación de los ciudadanos en el poder estatal. Es donde los electores van a comprobar cómo el mandato surgido de sus propios planteamientos ha sido cumplido por el delegado, donde esperan conocer cómo el Órgano del Poder Popular ha enfrentado y solucionado los problemas más urgentes, así como las valoraciones –no cifras y argumentos formales–, sobre las decisiones adoptadas para enfrentar las dificultades y las deficiencias que afectan de una forma u otra al municipio.

En no pocas ocasiones, el compañero Fidel insistió en que los delegados y Órganos de Poder Popular existen fundamentalmente no para explicar los problemas al pueblo, sino para resolverlos; no para gestionar explicaciones, sino para gestionar soluciones.

Es una realidad que los electores solo se reconocerán como parte del Órgano de Poder Popular cuando vean que sus delegados utilizan todas las facultades y la autoridad puesta en sus manos para que los problemas que ellos han planteado sean solucionados por las direcciones administrativas acorde con los recursos disponibles o que se han adoptado determinadas decisiones para resolverlos a más largo plazo. Y en el peor de los casos, recibir explicación responsablemente fundamentada sobre el porqué no pueden ejecutarse.

La repercusión que tenga esta reunión de rendición de cuenta entre los electores, depende en mucho de la actividad creadora del delegado. No obstante, hay problemas que no pueden ser resueltos de inmediato e incluso algunos demorarán en tener solución, pero ante esos problemas y solo después de haber agotado las gestiones para su solución, el delegado estará en condiciones y en la obligación de explicar porqué no pueden resolverse ahora, dándoles todas las razones que existan y ofreciéndoles argumentos convincentes, y no respuestas para salir del paso.

Es un hecho demostrado que cuando esta reunión es casi maratónica por la prolongada lectura de un informe donde los electores no sienten que sus problemas planteados han sido objeto de atención en el seno de la Asamblea y del Consejo de la Administración, cuando comprueben que no hay soluciones y las respuestas administrativas tienen un carácter formal, cuando el delegado no explica cómo ha materializado su gestión, decrecen el interés y la participación de los electores.

Por eso, el delegado debe exigir la entrega de un informe lo más sintético posible sobre las principales decisiones adoptadas en el período por el Órgano de Poder Popular en la solución a las necesidades planteadas por los electores en el municipio y por superar las deficiencias que todavía existen. Además no puede aceptar bajo ningún concepto la formalidad de las respuestas administrativas burocráticas, que no convencen a nadie y solo hacen ridiculizar la gestión del gobierno en el municipio.

Hay que decir que en algunos territorios, unos días antes de la rendición de cuenta convocan a las direcciones administrativas, donde asisten también funcionarios administrativos provinciales y nacionales que radican en la comarca, para que todas las respuestas formales sean esclarecidas, lo que ha dado buenos resultados.

Autoridad del delegado.

La rendición de cuenta del delegado es un momento crucial para el Poder Popular. (Foto: AROLDO GARCÍA)

El delegado es un líder comunitario y debe ser capaz de llevar a la conciencia de sus electores las dificultades que existen en el municipio y las decisiones que se adoptan. Cuando el delegado no logra explicarles cómo las decisiones de los Órganos de Poder Popular se conjugan con las preocupaciones de los ciudadanos, cuando no les informa de las necesidades sociales que tiene el municipio, se crea en ellos una actitud localista de medir el trabajo del Poder Popular no por las soluciones a un grupo de determinados problemas en el territorio, sino por lo que se haya hecho o no en la circunscripción.

Debe atender todos los planteamientos

La naturaleza del trabajo del delegado en la circunscripción es amplia, pero muchas veces deformada. Su función no se remite solamente a recepcionar los problemas planteados por los electores, transmitirlos y luego entregarles las respuestas correspondientes. En otras palabras, no es un elevador de problemas.

Efectivamente está obligado a recepcionar todos los planteamientos que le formulen los electores, ya sean sobre asuntos personales o cuestiones sociales o de cualquier otra índole que atañen a la circunscripción, al municipio, a la provincia o que correspondan, incluso, a la nación. Pero tampoco su labor puede limitarse a poner todos los asuntos en manos de instancias superiores de los Órganos de Poder Popular.

El delegado tiene que aprender a discernir sobre cada uno de los planteamientos de los electores, delimitar los problemas cuya solución responda a cuestiones objetivas y aquellos que son el producto de negligencia administrativa, mal trabajo, y otros.

Desde luego que para emprender su gestión no puede limitarse solamente a escuchar las quejas, críticas, sugerencias y opiniones de sus electores, sino que debe también solicitar el máximo de argumentos sobre el problema que se plantea, verificarlo en la medida de sus posibilidades, consultar a los especialistas. En resumen, tener los suficientes elementos de juicio.

Quizás uno de los planteamientos contraviene una ley o una disposición, y entonces el delegado dispone de argumentos para convencer a los electores de que no es prudente tramitar ese asunto o es mejor formularlo de otra manera, y sin necesidad de ningún otro trámite él puede esclarecer el asunto.

También debe saber utilizar los recursos y decisiones adoptados por la propia Asamblea y el Consejo de la Administración sobre la problemática del municipio, que puede ayudarlo a responder algunos de esos mismos planteamientos.

Teniendo en cuenta la naturaleza de lo expresado por los electores, hay asuntos que el delegado puede resolver con su autoridad. Digamos, una mala prestación de servicios en el comercio, en la tintorería, en una unidad gastronómica de la circunscripción, él puede hacer la observación al administrador y controlar con posterioridad si se resolvió o no.

Si no se soluciona el delegado puede entonces recurrir a la dirección administrativa correspondiente y solicitar una medida al administrador de la unidad por su incompetencia, para que se resuelva, además, el problema planteado por sus electores.

Son diversas las facultades otorgadas a nuestros delegados, pero los hábitos de dirección puramente administrativos han desvirtuado muchas veces la naturaleza del trabajo en el seno de los Órganos del Poder Popular, ante equivocadas concepciones de las direcciones administrativas que no entienden que el poder de esa persona dimana de la voluntad del pueblo.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina