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Publicado el 9 Octubre, 2017 por ACN en Nacionales
 
 

Historias de pañoletas

José Daniel de Torre Sampier es el nombre del pequeño que fue captado por el lente de un fotorreportero y que llega a todos como símbolo de que en medio de tanto desastre ocasionado por la furia de la naturaleza, se impone otra fuerza que es capaz de contrarrestarla
Historias de pañoletas.

Foto: RAFAEL HERNÁNDEZ ROSELL/ACN

Por LISANDRA LÓPEZ PÉREZ

Hay imágenes que recorren las redes, los periódicos, la vida cotidiana y otras que quedan grabadas en la memoria por todo lo que representan.

El huracán Irma dejó muchas de ellas en Cuba; la mayoría como reflejo de la tristeza de quienes sufrieron su impacto directamente.

Pero, en medio de todo eso, una foto se hizo peculiarmente famosa por la historia que lleva detrás, la del niño en la comunidad de Punta Alegre que rescató el busto de José Martí de entre los escombros.

José Daniel de Torre Sampier es el nombre del pequeño que fue captado por el lente de un fotorreportero y que llega a todos como símbolo de que en medio de tanto desastre ocasionado por la furia de la naturaleza, se impone otra fuerza que es capaz de contrarrestarla.

Después de la relativa calma que va apareciendo con el transcurso de los días, José Dariel recibe hoy su pañoleta, para convertirse en pionero Moncadista.

Su rostro no será el de esa instantánea en que la sorpresa y algo de desconcierto se vislumbran. Hoy él vuelve a ser la imagen de un país que se recupera de a poco tras el impacto de un terrible ciclón.

Hoy es una fecha que no olvidará porque días como este de sucesos importantes se quedan para siempre.

Nuevas fotografías habrá en las que se devuelven la risa contagiosa y la felicidad de sentir que se sube un peldaño más en la trayectoria estudiantil, de creer que se es un poquito mayor.

El azul vuelve a inundar escuelas este 9 de octubre, fecha en que la alegría colma pasillos y plazas en todo el país.

Detrás de cada niño feliz con su nuevo color de pañoleta hay una historia; quizás alguno perdió su casa y permanece en un centro de evacuación o tal vez en su barrio no quedó un hogar en pie.

Mucho dolor dejó el ciclón Irma tras su paso, pero ante eso, y sin sonar a frase trillada, hay mucha gente que se levanta, porque tiene que hacerlo, porque la vida continúa.

Más de cinco mil alumnos en Ciego de Ávila llevan desde hoy sus pañoletas colgadas con el orgullo de que ya tienen más responsabilidades y de que el futuro los espera, con los brazos abiertos. (ACN).


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