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Publicado el 5 Febrero, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Leer para la vida

Fidel leyendo en la Sierra Maestra/ubadebate.cu

(cubadete.cu)

¿Hay mejor ejercicio que abrir un libro y disfrutarlo? Es un acto que no solo enriquece el vocabulario y el arsenal de ideas con las que tratamos de explicarnos el mundo, también expandimos nuestro paisaje mental hasta fronteras insospechadas. Todo lo que imaginamos mientras leemos se hace nuestro, nos pertenece.

Desde la infancia escuchamos sobre los beneficios de la lectura. Estudios internacionales dan cuenta del número de procesos mentales que se ponen en marcha, como un engranaje, cuando deslizamos la mirada por las letras. La percepción, la memoria y el razonamiento se benefician, así como las habilidades sociales.

Sin embargo, hoy está presente la sensación de que el gusto por la lectura disminuye, sobre todo entre los más jóvenes. Indagaciones realizadas en Cuba, durante los últimos años, coinciden en que esta práctica continúa considerándose en la Isla como un valor, aunque muestra una tendencia decreciente. Hoy, el audiovisual constituye la principal preferencia de muchos cubanos.

La Revolución, desde sus inicios, apostó por la educación, y el texto impreso fue un aliado imprescindible. Unas semanas después del triunfo, el 31 de marzo de 1959, nació la Imprenta Nacional. El primer libro salido de sus talleres fue una de las obras cumbres de la literatura hispana: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, inauguró la colección Biblioteca del Pueblo, destinada a los clásicos universales.

Con el narrador y ensayista Alejo Carpentier dirigiéndola, la labor de la Imprenta Nacional fue decisiva en la preparación y publicación de toda la base de estudio de ese otro gran suceso educacional que fue en 1961, la gran Campaña Nacional de Alfabetización. Así se abrieron las puertas del saber a casi un millón de cubanos que hasta entonces eran iletrados.

Por esta tradición, creemos que en el fomento de la lectura se libra un episodio importante de la actual batalla cubana contra los demonios de la banalidad. Así lo asume el Estado cubano, que en medio de los vaivenes de los contextos económicos, promueve a través de sus instituciones el encuentro placentero y necesario con productos de calidad artístico-literaria.

Quizás el problema no sea que los lectores de hoy sean menos, sino que se encuentren entrenados para otro tipo de acercamiento a la lectura, proceso cognoscitivo y comunicativo complejo que ya rebasa la decodificación de un mensaje a través de un canal escrito.

Por estos días se celebra la 27ª Feria Internacional del Libro, dedicada al doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana. El evento invita a la República Popular China y hasta mayo se extenderá al resto de las provincias del país.

Saludamos esta fiebre de libros que ya toma algunos espacios de la Isla, pero también esperamos que no se extinga con el evento. Lo que necesitamos –como reclaman no pocos artífices y promotores literarios– es la consolidación de un trabajo sistemático, inclusivo y participativo, donde se tengan en cuenta las necesidades de los lectores por medio de investigaciones. Además, desde BOHEMIA hacemos votos por que existan espacios en los medios de comunicación que promuevan habitualmente los libros, de ser posible con los actores de la publicación y distribución.

Las prácticas de lectura son cada vez más distintivas de grupos poblacionales específicos, por lo general vinculados a ocupaciones profesionales, y la promoción no debe estar ajena a esta característica. Más libros digitales, más espacios donde conocer e intercambiar con escritores, textos bellos y estimulantes, todo esto se precisa para la formación de públicos críticos e informados.

Además, debemos rescatar las bibliotecas como espacio público de la comunidad y, lo que siempre fueron, templos del saber. Para ello se precisan inversiones que diversifiquen sus salas y prestaciones, que las conviertan en sitios multifuncionales y acogedores.

Pero es en la familia donde comienza todo. En su seno se potencia el desarrollo de la personalidad de sus miembros, pues actúa como agente creador, mediador y transmisor de intereses culturales e interviene en la atribución de valores. Es recomendable abrir el apetito por la lectura desde edades tempranas. Luego, en la escuela, debe continuar tejiéndose como algo más que un gusto, debe verse como una necesidad vital.

Ya lo dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999: “Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”. En tiempos modernos y veloces, ante la aparición de signos de decadencia en las motivaciones para la lectura tradicional, todas las acciones e iniciativas que contribuyan a recuperar la importancia del libro son estimables. En eso también le va la vida a un proyecto socialista, humanista, revolucionario.

Niños leyendo/RHC

(Foto: Radio Habana Cuba)


Redacción Digital

 
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