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Publicado el 23 Febrero, 2018 por Caridad Carro Bello en Nacionales
 
 

HUMIDORES HABANA

Miradas adentro

Un proyecto cultural comunitario que aporta más de cuatro millones de dólares para la salud pública cubana y rescata valores en integrantes de su colectivo
José Ernesto Aguilera Reina es también un “gallo de pelea” que abre caminos a fuerza de perseverancia.

José Ernesto Aguilera Reina es también un “gallo de pelea” que abre caminos a fuerza de perseverancia.

Por CARIDAD CARROBELLO

Fotos: YASSET LLERENA

Aún a José Ernesto Aguilera Reina le gusta crear en lo que llama “mi espacio”, un reducido cubículo en el sótano del edificio donde vive, en Víbora Park, municipio de Arroyo Naranjo. El lugar hace más de 20 años dejó de ser un vertedero para convertirse en un taller de arte donde se conciben y diseñan bellos humidores que arropan al mejor tabaco del mundo.

Mientras conforma un gallo de pelea sin alas –pues coincide con Silvio Rodríguez en que no hacen falta alas para alzar el vuelo–, el artista recuerda que cuando era un estudiante de onceno grado vio elaborar un anillo y quedó perdidamente enamorado de la orfebrería. Comenzó de modo autodidacto a sus 17 años.

Nada fue sencillo para este habanero. Con una tijera de cortar metales, un martillo, y luego otras herramientas de más de seis décadas, dignas de un museo de antigüedades, organizó un pequeño local donde pronto descubrió que la madera constituía un soporte importante para hacer estucherías combinadas con metal. Y sin pensarlo dos veces, se adentró en este novedoso concepto artístico que es la piedra angular de los Humidores Habana.

Tras evaluarse como miembro de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas, participar en decenas de exposiciones y eventos, así como donar obras a instituciones sociales, fue creciendo su convicción de que toda labor debe hacerse disfrutando, para que salga bien.

Orfebre de conductas

Las manos del colectivo de Humidores Habana engendran la maravilla.

Las manos del colectivo de Humidores Habana engendran la maravilla.

En el taller, surgido en un modesto barrio de la periferia habanera y cerca de comunidades como El Moro, Santa Bárbara, Poey o Párraga, se integró un equipo de trabajo con jóvenes que apenas tenían experiencia en este tipo de labor.

José Ernesto explica: “Lo preferí así. Me di cuenta de que sería más fácil empezar con quienes nada saben, para ir moldeándolos. Al principio los muchachos no entendían que yo trabajara hasta bien entrada la madrugada. Pero vieron tanta dedicación y compromiso en mí, que se fueron contagiando.

Las manos del colectivo de Humidores Habana engendran la maravilla.

Las manos del colectivo de Humidores Habana engendran la maravilla.

“Claro, que también logré la participación de especialistas como Carilín de la Vega, profesora del Instituto Superior de Diseño (ISDI). Pero el secreto principal fue mirar para dentro, con nuestras propias ideas, deseos, y todo lo que queríamos contar en las distintas obras.

“El estilo de trabajo participativo nos fue uniendo cada vez más. Me di cuenta de que algunos dibujaban bien, tenían gran imaginación, y fueron formando parte del equipo creativo. Otros dieron muestra de habilidades insospechadas. Por ejemplo, Raúl Delgado, exatleta de pesas, había dejado la Universidad de Ciencias Informáticas y estaba de brazos cruzados. Nada sabía de orfebrería y hoy hace labores tan exclusivas como el grabado al buril”.

En la pieza que por ahora llaman “Esto no es un carrusel”, se suman criterios. Cada cual aporta cuanto ve o quiere que sea visto. “Busco primero los criterios de estos jóvenes para que la entiendan, se unan a la historia y finalmente disfruten creándola”, añade el hoy Maestro de Oficio.

Familia de muchos apellidos

Humidores Habana fue creciendo en resultados económicos importantes para el país. En 2005 suscribieron el contrato con Habanos S.A. para la comercialización. Compañías de Suiza, Noruega, Irlanda y Bélgica también encargan la elaboración de obras.

Además, el centro tuvo a su cargo la restauración y acabado de 200 estuches de la fundación Guayasamín, para recaudar fondos destinados a la Capilla del Hombre, en Ecuador.

Los diseños del taller lo mismo rememoran estuches cubanos de los años 20 del siglo pasado, que personajes de la literatura o fantasías futuristas. Por la elevada calidad de la orfebrería, ebanistería, y el rescate de técnicas como la marquetería –arte de chapar o embutir en una estructura decorativa distintas piezas de madera aprovechando sus colores naturales–, estas piezas artesanales ganaron fama mundial.

Cada humidor reúne en sí retos de días y semanas.

Cada humidor reúne en sí retos de días y semanas.

Actualmente Humidores Habana exporta hacia 50 naciones. El Fondo Cubano de Bienes Culturales les otorgó en 2013 y 2014 el premio de mayor exportador del país. Las piezas subastadas en los Festivales del Habano, suman hasta el presente más de cuatro millones de dólares donados a la salud pública cubana.

La constancia y dedicación demostradas por este colectivo, así como los aportes a la economía y la sociedad, acabaron cambiando las opiniones de vecinos, los cuales antes consideraban sobre todo el ruido y las molestias causadas por el barnizado de las creaciones en plena calle. Un local más amplio y adecuado facilitó mejores condiciones laborales y ambientales. Pero aun así, hay quienes todavía no ven con buenos ojos la presencia en el grupo de personas egresadas de los establecimientos penitenciarios.

La comunidad es uno de los segmentos sociales responsables de ayudarles. “Hice con ellos lo que me tocaba, despojándome de prejuicios. Los acogí como si fueran mi propia familia. A la vez les aconsejo, y atiendo sus preocupaciones y necesidades”, dice con modestia el líder del taller, quien al principio ni siquiera se propuso edificar un proyecto cultural de tanta envergadura humana y social.

Algunos muchachos han tenido en estas actividades la oportunidad de probarse como artistas.

Algunos muchachos han tenido en estas actividades la oportunidad de probarse como artistas.

Verdadero alcance

Colgados en el salón expositivo del recinto hay numerosos reconocimientos por los lugares destacados obtenidos en los Festivales del Habano, las Ferias Internacionales de Artesanía, y muchos eventos nacionales. Y la vista curiosa descubre publicaciones como Cigar Aficionado, Virtuozity, Cigar Journal, Club Cigare, Excelencias, entre otras de alto nivel en la especialidad, con amplios reportajes sobre Humidores Habana.

Asimismo, se exhibe aquí una muestra de los humidores confeccionados para personalidades de gobierno y Estado de varias naciones; la serie de tablas de torcedores de tabaco, con interpretaciones artísticas sobre sueños y anhelos de estos obreros. También existen dos muebles con el personaje de Punch, un pícaro irremediable, incursionando en la contemporaneidad cubana; y una pieza de mayor tamaño titulada Terminator en La Habana, a propósito de la visita del actor del conocido filme El exterminador.

Cada obra tiene una mística y un encanto ingenioso. Pero ni ellas, ni los resultados económicos del lugar son el principal logro de este proyecto, advierte José Ernesto. El mayor resultado son sus creadores.

Retrato trascendente

Leordanis Valdés es uno de los jóvenes más joviales del taller.

Leordanis Valdés es uno de los jóvenes más joviales del taller.

El colectivo hace un receso para posar en una foto en medio del patio. Raúl Delgado, orfebre, deja sus instrumentos a un lado; apuran el paso Ramón Torres, jefe de mantenimiento; Pablo Jozami Plascencia, a cargo de la producción; y Miguel Cisneros, comercial.

Jhony Barredo, pintor, se quita la careta que le protege; le sigue los pasos Grabiel Cisneros, maestro marquetero. El veterano Juan Cuní Valdés, con la misma paciencia con que combina los “pasteles” de finas maderas para conformar los adornos de las cajas de tabaco, baja lentamente las escaleras desde la azotea, donde tiene su llamada “oficina secreta”.

Cada uno de ellos puede contar anécdotas. La más cautivante es la del mejor lijador de Humidores Habana: Leordanis Valdés, más conocido como Pocholo. Tiene 35 años de edad, es abakuá e iniciado en regla de Ocha.

No teme hablar sobre su pasado. “Antes de estar aquí, me pasaba la vida en la calle, en ‘la búsqueda’ con cualquier cosa que apareciera. El proyecto me ayudó en las relaciones con el barrio, a que fuera mejor visto por los vecinos porque ya tenía un trabajo y dinero bien ganado.

“Cuando uno está en otros pasos, tiene la vida torcida. Mi colectivo, y sobre todo José Ernesto a quien considero como un padre, me demostraron que la guapería no da nada…”

 

 

Para conservar los puros

Terminator en La Habana es la solicitud de un coleccionista extranjero.

Terminator en La Habana es la solicitud de un coleccionista extranjero.

Los tabacos deben conservarse en un ambiente especial: entre un 65 y un 72 por ciento de humedad y a una temperatura entre los 16 y los 18 grados Celsius. Por esta razón, deben ser guardados herméticamente dentro de un estuche que asegure tales requisitos, de lo contrario, pierden su aroma y queman de forma desigual.

El humidor o humectador es, en su concepto general, un cajón de madera revestida interiormente de cedro, con un sistema de humidificación y un higrómetro, para controlar la humedad y, a veces, con un termómetro que mide la temperatura. Los hay de distintos tamaños y formas, desde pequeños, hasta cabinas para gran almacenaje.

El hábito de fumar, aunque nada aconsejable para la salud, propicia que grandes coleccionistas atesoren los humidores más llamativos y lujosos. Cuba destaca dentro del arte de crear estas piezas.

En las versiones iniciales de los Festivales del Habano (celebrado desde 1998) valiosas y creativas piezas de este tipo fueron firmadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y la recaudación monetaria por la venta de Humidores Habana ha sido destinada a beneficiar los servicios médicos en la Isla.

 


Caridad Carro Bello

 
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