0
Publicado el 14 Febrero, 2018 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

ELECCIONES

Rostros de pueblo

Tres delegados de base capitalinos, protagonistas del nuevo mandato en sus respectivos municipios, revelan desde sus historias de vida las esencias de quienes representan a las mayorías en Cuba

Por IGOR GUILARTE FONG

Corresponder al pueblo

A diario, en su camino a casa tras la jornada laboral, Margarita Soto es requerida por alguno de sus electores, y siempre está dispuesta a prestarles atención. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

A diario, en su camino a casa tras la jornada laboral, Margarita Soto es requerida por alguno de sus electores, y siempre está dispuesta a prestarles atención. (Crédito: MARTHA VECINO ULLOA)

Le dicen profe, no solo porque impartió clases durante 17 años en una escuela de oficios, sino porque es una maestra para atender cualquier situación en el barrio. “A mi casa han ido a las dos de la mañana, a buscarme porque hay algún conflicto. Mi esposo me dice a dónde tú vas… acaso eres policía. Igual voy. Cuando la gente te ve metida de lleno en el problema, te ganas su respeto”.

Y es que Justa Margarita Soto O’Gabán tiene muy claro que ser delegada de base en el municipio de Centro Habana, en la circunscripción 29 del Consejo Popular Los Sitios, significa una gran responsabilidad. “Si yo estoy en el ejercicio de este cargo es porque el pueblo me puso ahí, porque confía en mí y como tal tengo que corresponder a su mandato. En lo personal no gano nada material con esta ocupación, lo hago por conciencia y amor revolucionario”, dice, mientras se dibuja una leve sonrisa en su rostro de azabache.

“El mío es un Consejo bastante difícil, donde el problema mayor radica en la vivienda, evaluada en estado de regular a malo. Atiendo a una población de 2 572 habitantes. Hemos intentado ayudar a los casos críticos, como se ha podido. También atendemos familias disfuncionales, a viejitos solos, personas de conducta social inadecuada.

“Diseñamos tres proyectos para la transformación comunitaria, en los que hemos incorporado a las organizaciones de masas. Un delegado solo es nadie. Tiene que contar con su grupo de trabajo comunitario, involucrar a la gente. Eso les da sentido de pertenencia. Tengo el ejemplo de un edificio donde no se llevaban los vecinos, estaba todo sucio… Entonces empecé a hacer encuentros de amigos secretos en que tenían que abrazarse. Al principio fueron reacios, pero logré convencerlos y con esa actividad tan simple se borraron las enemistades. Entendieron que con unidad y disciplina se logra todo. Hoy da gusto entrar a esa ciudadela”.

No por casualidad llegó Margarita a delegada por primera vez en 1995. Hoy es una de las más veteranas –o experimentadas, si se prefiere– en dicha función. Antes había sido la coordinadora de los CDR, labor en la que todos advirtieron su carisma. “Así fue como me engancharon”, dice jocosamente. “Siento mucho apego por mi pueblo de Centro Habana, que sí, tiene sus dificultades, pero es muy revolucionario”.

También ha tenido sus malos tragos. “A mí me han dicho en la cara: ‘no voté por ti, porque no resolviste nada en mi edificio’. He tenido que entenderlos porque, además, están en todo su derecho. Si no cumplí fue por situaciones ajenas a mi alcance. Hay poco entendimiento del papel del delegado. No obstante, asumo esas opiniones como reto y trabajo por seguir mejorando mi labor”, sostiene.

“¿Hasta cuándo pienso seguir? Bueno, mis electores dicen que no me puedo quitar. Y como realmente no me siento cansada, seguiré hasta que me canse, que será el día en que me muera, que no queda más remedio. Pero mientras tenga vida daré batalla y habrá Margarita para mi gente y la Revolución”, promete entre risas esta humilde mujer con nombre de flor, que cual semilla, está sembrada justo en su sitio.

Consecuentes con el pueblo

En la sede de la Asamblea Municipal de Arroyo Naranjo, su presidente Rafael Castillo Montoya, dirige el trabajo en función de dar respuestas a las demandas la población. (Crédito: GILBERTO RABASSA)

En la sede de la Asamblea Municipal de Arroyo Naranjo, su presidente Rafael Castillo Montoya, dirige el trabajo en función de dar respuestas a las demandas la población. (Crédito: GILBERTO RABASSA)

A sus 32 años, Rafael Arturo Castillo Montoya exhibe una trayectoria considerable de vínculo con las masas. Es un hombre joven, pero su dedicación en función de los demás comenzó 10 años atrás. “Fui electo delegado municipal por primera vez con 22 años, por la circunscripción 24 del Consejo Popular Los Pinos, y en ese momento era el delegado más joven del municipio de Arroyo Naranjo. Estaba estudiando la licenciatura en Matemática-Computación y sentí que era un gran peso. Luego, en 2010, me eligieron para presidente del Consejo Popular hasta 2012 y para diputado en 2013, encargo que termino al cierre de la actual legislatura”, reseña.

“La responsabilidad de delegado es muy grande, hay que estar totalmente atento a la voz del pueblo. Mi circunscripción no es la más complicada en el municipio, pero igual tiene sus problemas. Debemos tener claridad de lo que significa que esa población confió en uno para ejercer el poder tal como establece la ley.

“Este trabajo no tiene día ni noche. A pesar de que está establecido el despacho, la población se acerca fuera de horario, va a tu casa y no puedes decirle que no ante una inquietud, un problema. No existe sábado ni domingo. La familia ha comprendido la importancia de la tarea y en buena medida ese apoyo ayuda a continuar desempeñando la responsabilidad.

“Si bien en muchas ocasiones las rendiciones de cuenta han devenido momento donde se presentan quejas solamente, en nuestro caso las hemos convertido en escenario de debate amplio, de análisis profundo de los problemas reales del barrio, más allá de un planteamiento puntual. Es el espacio idóneo para ver cómo podemos resolver de conjunto eso que nos afecta a todos, y hasta lo que no. Como delegado he aprendido a entablar el diálogo honesto, porque no ejercemos gobierno para nosotros mismos, sino para toda la población”, apunta.

Castillo Montoya se mantiene como delegado de base, tras ser ratificado en las elecciones de diciembre. “Es mi quinto mandato como delegado del Poder Popular”, enfatiza. A esa ocupación suma la de presidente de la Asamblea Municipal de Arroyo Naranjo, localidad periférica que se distingue entre las más pobladas de la capital y del país.

“Aquí desde la presidencia del gobierno he tratado de aplicar mi experiencia de delegado. Personalmente atiendo a la población todos los lunes. Vienen las personas con sus inquietudes, invito a las entidades que están involucradas para que den respuesta. Nos esforzamos por ser consecuentes con las necesidades y sugerencias de la población, porque es la razón de ser del delegado. El reto mayor es continuar defendiendo a nuestro pueblo a toda costa, en cualquier espacio”.

En el Cerro: otra llave

Julia Cabrera Reymont (a la derecha) cumple la máxima de que el delegado debe ser sensible ante los problemas de los demás y estar en condiciones de dialogar francamente. (Crédito: YASSET LLERENA)

Julia Cabrera Reymont (a la derecha) cumple la máxima de que el delegado debe ser sensible ante los problemas de los demás y estar en condiciones de dialogar francamente. (Crédito: YASSET LLERENA)

“Realmente hay que ser delegado para conocer desde adentro la situación de la sociedad”, opina Julia Dolores Cabrera Reymont, delegada de la circunscripción 39 del Consejo Popular Cerro Sur.  Es este su tercer mandato como delegada municipal. También lo fue a nivel provincial y actualmente es diputada a la Asamblea Nacional y candidata a la próxima legislatura.

Pretende seguir trabajando en pos de perfeccionar el papel del delegado. “Hay muchos malestares de la gente cuya solución se posterga no por carencias materiales, sino por negligencias e indolencias administrativas. El delegado debe remar a contracorriente, ser persistente en su accionar. Acompañamos a la población en la búsqueda de esa solución, involucramos no solo al afectado sino a todos los electores de la comunidad.

“Al delegado todavía le faltan herramientas para desempeñar su labor, porque no tiene recursos, no administra, por tanto tiene que buscar auxilios. De ahí que los electores terminan viendo al delegado como un ente tramitador de papeles y quejas. La aspiración nuestra es darle respuesta o la solución a la gente. También es importante dinamizar la metodología de la rendición de cuenta, para que el elector se sienta motivado y no pierda el interés, como viene sucediendo”.

La carismática Julia asegura sentirse satisfecha a pesar de no haber podido resolver todos los problemas de sus electores. “Como mujer, ser delegada significa un reto mayor, porque además tengo una casa a mi cargo. Por supuesto el apoyo de la familia es fundamental, y lo tengo”.

Atiende a sus vecinos los miércoles por la tarde, aun cuando algunas veces se siente apretada por sus faenas de funcionaria en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos. “Independientemente de ese horario establecido respondo a los electores cada vez que me tocan a la puerta. Un delegado debe ser sensible ante los problemas de otros, porque hay situaciones urgentes y con dos frases podemos aliviarles el sentir a quienes acuden a nosotros”, refiere.

“Por eso no me molesto si aun cuando estoy en mi descanso llega algún elector a casa a plantearme un problema. Al contrario, lo convido a pasar, si tengo café le cuelo un poquito, conversamos familiarmente. Eso lo agradecen mucho. Si el Cerro tiene la llave, entonces el pueblo tiene la llave de mi casa, adonde puede llegar en cualquier momento”.


Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong