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Publicado el 3 Marzo, 2018 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

El horario de verano es más que adelantar una hora al reloj

El establecimiento de este horario es una manera de aprovechar mejor las posibilidades que ofrecen los días más largos del verano, sobre todo entre las cinco de la tarde y las ocho o nueve de la noche, lo cual incide en la reducción del su uso de la energía eléctrica, sobre todo en el sector residencial, el de mayor consumo
El horario de verano es más que adelantar una hora al reloj.

Foto: granma.cu

Por IRENE IZQUIERDO

Ya la noticia no sorprende. Cada año, entre marzo y abril se espera la información del “cambio de horario”; de este modo, cuando los diversos órganos publicaron la nota, algunos apreciaron que coincide con un día muy importante para los cubanos, el de las elecciones generales, por lo que muchos en toda Cuba estarán despiertos desde muy temprano. Es una feliz coincidencia y vale el comentario.

Pero resulta que este, llamado sencillamente “cambio de horario”, es una práctica que llevan a cabo muchos países –entre ellos Francia, Alemania, Italia, Estados Unidos-, por su notable incidencia en el ahorro energético. Es la La Oficina Nacional para el Control del Uso Racional de la Energía (Onure), del Ministerio de Energía y Minas, la que comunica desde cuándo y por cuánto tiempo se establece.

Esta vez en Cuba regirá a partir del próximo 11 de marzo, lo indica que en la medianoche del día 10 -es decir a las 24:00 horas, o a las 12:00 a.m.- deberán adelantarse una hora los relojes. Se pondrá fin de esta forma al horario normal, que retornará a principios de noviembre.

El establecimiento de este horario es una manera de aprovechar mejor las posibilidades que ofrecen los días más largos del verano, sobre todo entre las cinco de la tarde y las ocho o nueve de la noche, lo cual incide en la reducción del su uso de la energía eléctrica, sobre todo en el sector residencial, el de mayor consumo.

Pese a lo que representa el cambio de horario, no se pueden olvidar las medidas de ahorro establecidas y, sobre todo, el cumplimiento del plan de ahorro de electricidad, cuya violación conduce a los desagradables “apagones”. Es imposible consumir más energía que la generada, y en la preservación de este principio influyen todos: desde la familia en el hogar, hasta un dirigente administrativo en una entidad o las autoridades de cada provincia, porque las indisciplinas y el despilfarro hay que enfrentarlos.

¿Ahorrar? ¡Sí, es posible!

Durante muchos años, sobre todo después de la crisis económica conocida como “período especial”, las medidas de control y ahorro –aunque no siempre se logren con la efectividad requerida- de todos los recursos se han extremado. Siempre es posible lograr una eficiencia mayor y, con ello, ahorrar.

En los hogares, con el uso racional de los equipos, se puede. Sabemos que el refrigerador no es un armario al que abrimos y registramos en él por buen rato. Ese equipo electrodoméstico no puede estar abierto mucho rato, ni recepcionar alimentos calientes, ni permanecer largo tiempo sin descongelar.

La plancha pudiera usarse una sola vez en la semana, de modo que pase por ella la mayor cantidad posible de piezas, y hacerlo siempre fuera del horario “pico”, porque es muy gastadora; el uso del aire acondicionado  aconseja la hermeticidad de las habitaciones y encenderlo después de las 10 de la noche. Ah, y algo importantísimo: ningún equipo debe dejarse encendido por gusto, igual que las luces.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo