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Publicado el 9 Marzo, 2018 por ACN en Nacionales
 
 

Flor del cañaveral

Aunque ella ratifica a diario que a las mujeres cubanas ninguna tarea les queda grande, no ha escapado a prejuicios derivados de patrones machistas que aún afloran en nuestra sociedad
Flor del cañaveral.

El duro bregar no le ha restado belleza a esta mujer que siempre intenta sacar un tiempo para retocar su feminidad, y lucir cada día más bella.(Foto: lademajagua.cu).

Por DARELIA DÍAZ BORRERO

Cuando me comentaron sobre ella, pensé encontrar a una persona ruda, tal vez por esos patrones machistas, derivados de una educación patriarcal, a la que no escapamos ni las mujeres. No obstante, la realidad dista mucho de aquello que mi imaginación dibujó.

Sin renunciar a la delicadeza y ternura características de las féminas, Iraida Rondón enfrenta cada día duras tareas para tributar toda la caña posible al ingenio Grito de Yara, del municipio granmense de Río Cauto.

Ella es la única mujer operadora de combinadas que integra el pelotón tres,  perteneciente al frente de corte Primero de Mayo, el cual labora, por estos días,  en la Unidad Básica de Producción Cooperativa Desembarco del Granma.

Iraida hace turnos de 12 horas y no se deja vencer por el cansancio de las largas jornadas.

Para esta cubana, no hay mejor sensación que la de someter, con esas moles de metal, los campos de la gramínea.

“Desde hace años comencé a conducir tractor; y me comentaron de un curso de capacitación para mujeres que aspiraban a manejar combinadas cañeras.

“Más de 30 féminas nos inscribimos, pero solo terminamos poco más de una veintena, las más valientes”, dice sonriente.

Aunque ella ratifica a diario que a las mujeres cubanas ninguna tarea les queda grande, no ha escapado a prejuicios derivados de patrones machistas que aún afloran en nuestra sociedad.

“Muchos nos consideran mujeres atrevidas y algunos hasta nos discriminan, como si estuviéramos cruzando hacia una zona prohibida”, comentó.

“Pero las personas se van acostumbrando al cambio; y en ello ha sido fundamental nuestra disposición y resistencia en el trabajo, algo que nos ha permitido ganar terreno y merecer el respeto de los colegas del sexo masculino, agregó.”

Tras una breve pausa en la que aprovecha para secarse el sudor, consideró que lo más importante es sentirse a gusto en lo que se hace y poner todo el empeño posible para que la tarea salga con la calidad requerida.

Según manifestó, es el apoyo de la familia un elemento clave para desempeñar este duro trabajo, reservado tradicionalmente para los hombres, pero que las mujeres pueden desempeñar con el mismo decoro.

“La ayuda de la familia es clave para equilibrar las responsabilidades de esa faena con las tareas del hogar, pues aunque en Cuba se ha ganado bastante en la igualdad de géneros y la emancipación de las féminas, seguimos siendo las compañeras las que llevamos a cuestas las labores de casa”, destacó Iraida, quien tiene dos hijos adolescentes y un esposo que realiza la misma labor que ella.

Sobre este amor particular confesó: “Nos conocimos en el cañaveral. Él fue quien me enseñó casi todo lo que sé como operadora de combinada cañera. Ese amor también contribuye a aliviar las cargas.

“Cuando llego al hogar, luego de 12 horas, la “gasolina” que me queda en el cuerpo es prácticamente para bañarme, comer y acostarme”, expresó Iraida, con el tono jocoso que la caracteriza.

Pero el duro bregar no le ha restado belleza a esta mujer que siempre intenta sacar un tiempo para retocar su feminidad, y lucir cada día más bella.

“Imagínese, soy mujer y tengo que velar por mi “loock”; no por pasar los días entre cañaverales me voy a dejar marchitar”, aseveró con un tono lleno de picardía. (ACN).


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