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Publicado el 6 Marzo, 2018 por Bárbara Avendaño en Nacionales
 
 

RELOJ BIOLÓGICO

La hora cambia, ¿y nosotros?

Aprovechar la luz solar para economizar energía eléctrica es una necesidad, pero impone un reto al ser humano. Sobrellevarlo de la mejor forma es posible, la ciencia ofrece alternativas
La hora cambia, ¿y nosotros?

Fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren alrededor de la misma hora del día, gracias al reloj interior. (Foto: TN.com).

Por BÁRBARA AVENDAÑO

Dos veces al año los habitantes de más de 70 países sincronizan sus relojes de acuerdo con el tipo de horario que entra en vigor, según el hemisferio en que se encuentren. Cuando eso ocurre, es común escuchar disímiles comentarios acerca de las ventajas o desventajas que tienen ambos momentos para la cotidianidad. Unas personas prefieren el horario de invierno, normal o estándar, como también se le conoce, en el que se retrasa una hora, (aplicado a finales de octubre o inicios de noviembre); y otras el de verano, (se adelanta una hora entre marzo y abril).

Los cubanos retornamos el 5 de noviembre de 2017 al horario normal y, al igual que los países del hemisferio Norte que lo asumen, estuvimos convocados a usar solo los equipos y la iluminación imprescindibles tanto en el sector doméstico, como en las instalaciones del estatal.

Es lógico, en esa etapa al aumento de la utilización de la luz artificial se suma el tiempo destinado a la cocción de alimentos, sobre todo entre las 18:00 y las 19:00 horas, aunque es conveniente extremar el ahorro durante todo el llamado horario del pico eléctrico, de las 17:00 a las 21:00 horas.

Con el mismo objetivo, economizar energía eléctrica, este segundo domingo de marzo la Isla volvió al horario de verano (que debe concluir a inicios de noviembre), período ideal para aprovechar la luz solar, pues la claridad del día dura más.

La hora cambia, ¿y nosotros?

Foto: sumedico.com

Sin embargo, por encima de que amanezca y oscurezca más temprano o más tarde, lo cual permite aprovechar mejor el día o la noche, cuando se anuncia el tránsito el ser humano comienza a imaginar su adaptación a las próximas fases de cada jornada.

Y es que el cambio de hora, además, impone siempre un reto corporal. Se afirma que esto es debido a que provoca en el organismo transformaciones semejantes al desfase horario (jet lag) que se padece al viajar distancias largas por varias zonas horarias y desaparece entre 48 y 72 horas después. Entonces, nuestro bienestar se ve afectado porque hay un desajuste temporal entre el entorno externo y el reloj biológico interno.

Pero, según ha publicado en ABC Ciencia Pedro Gargantilla, médico internista del Hospital de El Escorial, en Madrid, España, el cambio de hora no afecta a todas las personas por igual, esto depende de la edad (se adaptan peor los niños y los ancianos), y el ritmo de vida.

Es un hecho que el cambio de horario influye directamente en el número de horas de luz que disfrutamos y, de forma secundaria, afecta la cantidad de melatonina (hormona del sueño), producida por el organismo. Sostiene el especialista español que se trata de una alteración brusca, de un día para otro, “por lo que no debe sorprendernos que nuestro cuerpo se sienta ‘despistado’ inicialmente”.

La hora cambia, ¿y nosotros?

La comunidad científica ya tiene evidencia de la importancia de este mecanismo en la salud humana. (Foto: LT03-circadiano).

Las variaciones que se producen en el cuerpo humano son leves y de carácter transitorio: sensación de más cansancio, mayor irritabilidad y dificultades en la atención y concentración.

El experto aconseja que si queremos sobrellevar de la mejor forma posible este reajuste horario lo único que debemos hacer es exponer nuestro cuerpo a la luz solar, pues con una par de horas diarias servirá para regular el ritmo sueño-vigilia.

También recomienda adaptar paulatinamente el momento de las comidas y de acostarse al nuevo horario, evitar la siesta hasta que el organismo se ajuste a la transición y, sobre todo, no tomar bebidas alcohólicas ni medicamentos para dormir. Agrega que igualmente ayuda mantener un correcto estado de hidratación en el cuerpo.

Fundamentos científicos

Desde hace muchos años la ciencia conoce acerca de la existencia de los ritmos circadianos –por las palabras latinas circa, alrededor, y dies, día– que les permiten a la mayoría de los seres vivos sobre la Tierra, incluidos los humanos, adaptarse a la rotación del planeta.

Por ser capaces de analizar el reloj biológico interno que gobierna a los organismos vivos, comprender su funcionamiento y cuáles son los mecanismos moleculares que lo controlan, el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 2017 fue otorgado a Jeffrey C. Hall (Nueva York, 1945), Michael Rosbash (Kansas, 1944) y Michael W. Young (Miami, 1949).

La hora cambia, ¿y nosotros?

De izquierda a derecha, Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young, quienes recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina 2017 por sus estudios acerca del reloj biológico. (Foto: TN.com).

Al reconocer el descubrimiento de los estadounidenses, desde el Instituto Karolinska de Estocolmo se explicó: “Con exquisita precisión, nuestro reloj interno adapta nuestra fisiología a las fases radicalmente diferentes del día. Regula las funciones críticas, como el comportamiento, los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo”.

Para alcanzar sus resultados, los investigadores utilizaron moscas de la fruta como organismo modelo y aislaron un gen que controla el ritmo biológico en función de los ciclos de 24 horas de noche y día. Mostraron que este gen codifica una proteína la cual se acumula en la célula durante la noche, y se degrada durante el día. Después identificaron componentes proteínicos adicionales de esa maquinaria, y fueron capaces de reconocer el mecanismo que gobierna dentro de la célula.

Ahora la comunidad científica sabe que esas estructuras moleculares que regulan el día surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron a lo largo de su evolución. Existen tanto en formas de vida de una sola célula como en organismos multicelulares, tales hongos, plantas, animales y seres humanos.

La ciencia ha constatado la importancia de este mecanismo en la salud humana. Si el ritmo que llevan las personas no sigue el patrón requerido, como ocurre en quienes invierten sus horarios de trabajo y descanso, puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades; hay que cuidar el sueño para tener una función cerebral normal.

Protejamos nuestro reloj interno, para que sincronice exactamente con las vueltas de 24 horas que da el planeta.

 

 Origen del cambio de hora

La idea surge en 1784, según consta en la Enciclopedia Libre Wikipedia, cuando Benjamín Franklin –entonces embajador de los Estados Unidos en Francia– envió una carta al diario Le Journal de París en la que proponía las siguientes medidas: imponer un gravamen a las personas cuyas contraventanas impidiesen la entrada de luz a sus habitaciones, racionar la venta de velas, y despertar a los ciudadanos al amanecer con campanadas y disparos de cañones, para que todo el mundo se levantase a la misma hora. Pero no fue tomado en serio.

 

 

Pioneros del tic-tac humano

En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d’Ortous de Mairan observó las mimosas, plantas cuyas hojas se abren durante el día hacia la luz del Sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.

En 1971, Seymour Benzer y su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, Estados Unidos, dieron un salto trascendental en la investigación. Usaron moscas del vinagre e indujeron mutaciones en su descendencia con sustancias químicas. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas: en unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas esas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen.

 


Bárbara Avendaño

 
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