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Publicado el 22 Abril, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. Abril de combates y victorias

 

Abril, semillero de hechos históricos imprescindibles para los cubanos, tiene el don de estampar su sello inequívoco. De entre sus momentos cumbres emerge el día 11 de 1895, cuando cerca de las 10 y 30 de la noche, José Martí, el Delegado del Partido Revolucionario Cubano, desembarcó por Playita de Cajobabo, sitio ubicado en la costa sur de la provincia de Guantánamo, junto al mayor general Máximo Gómez y otros patriotas, para incorporarse a la guerra iniciada el 24 de febrero.

De esa jornada azarosa, que demuestra el valor con que preservaron sus convicciones, el Héroe Nacional de Cuba escribió en su Diario de Campaña: “11. —bote. Salimos a las 11. Pasamos rozando a Maisí, y vemos la farola. Yo en el puente. A las 7½, oscuridad. Movimiento a bordo. Capitán conmovido. Bajan el bote. Llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubasco. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema seguido. Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólvers. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras, La Playita, (al pié de Cajobabo.) Me quedo en el bote el último vaciándolo. Salto. Dicha grande. Viramos el bote, y el garrafón de agua. Bebemos Málaga. Arriba por piedras, espinas y cenegal. Oímos ruido, y preparamos, cerca de una talanquera. Ladeando un sitio, llegamos a una casa. Dormimos cerca, por el suelo”.

llegó Fidel a rendirles tributo al Apóstol de la independencia de Cuba y a los expedicionarios que le acompañaron a salvar la Revolución, cien años atrás

Ese mismo día, pero de 1995, a la misma hora y al mismo lugar, llegó Fidel a rendirles tributo al Apóstol de la independencia de Cuba y a los expedicionarios que le acompañaron a salvar la Revolución, cien años atrás. En aquel paraje sagrado, hoy Monumento Nacional, de frente al mar, el hombre que dio continuidad al sueño insurrecto de ver a Cuba libre, sostuvo y ondeó la enseña nacional, como si la recibiera de manos mambisas, y en silencio trasmitió su mensaje: lo había hecho realidad.

Por esa libertad, el líder cubano y su pueblo libraron juntos muchas batallas, como aquella de otro abril, el de 1961, hace ahora 57 años. Era día 15 cuando los aeropuertos de La Habana y Santiago de Cuba fueron bombardeados por aviones que, obedeciendo a una farsa burda, llevaban insignias cubanas y eran tripulados por mercenarios procedentes de Centroamérica. En el entierro de las víctimas de los ataques, el Comandante en Jefe dejó claro que esta Revolución era socialista.

Duelen los más de 150 combatientes que murieron y cada civil asesinado por la aviación invasora, pero, al decir del poeta, Su sangre numerosa no se derramó en vano

Dos días después, se produjo la invasión por Playa Girón a cargo de tropas armadas, entrenadas, transportadas y dirigidas por los Estados Unidos, con el fin de propiciar una intervención militar en Cuba. El pueblo, integrado en el ejército y las milicias, se movilizó con Fidel al frente para desafiar al enemigo. Tras duras batallas, el día 19 los mercenarios fueron derrotados. Duelen los más de 150 combatientes que murieron y cada civil asesinado por la aviación invasora, pero, al decir del poeta, Su sangre numerosa no se derramó en vano. Así, la pequeña Isla del Caribe asestó la primera derrota al imperialismo en América Latina.

El episodio forma parte de la interminable lista de agresiones que, desde el triunfo de 1959, promueve el gobierno estadounidense. Varios estudiosos de este suceso consideran que la clave de la defensa interna de Cuba durante la invasión de bahía de Cochinos se sustentó en la acertada dirección de la jefatura de la Revolución, la preparación del pueblo para el combate y la solidaridad internacional.

“Les guste o no, estamos en frente de ustedes, con nuestra Revolución…”. “¡A la Isla se le respeta! ¡Con Cuba no se metan!”

Hoy, también esos pilares nos sostienen. La muestra más cercana recién se vivió en la VIII Cumbre de las Américas y sus foros paralelos realizados en Lima, Perú, y donde los representantes de la Isla defendieron la dignidad nacional y el derecho a continuar decidiendo nuestros destinos, sin injerencia alguna. Sus voces son motivo de orgullo, sobre todo la viril respuesta del canciller Bruno Rodríguez Parrilla frente a las mentiras del representante estadounidense –que reproducimos en esta edición-, y días antes, las del embajador cubano Juan Antonio Fernández, quien en el Foro de la Sociedad Civil denunció el circo de payasadas que allí tenía lugar, y fustigó a la OEA por la falta de transparencia en la organización, lo cual ya había advertido en el Diálogo Hemisférico del 21 de marzo, durante el proceso preparatorio de la cita.

En sus palabras estuvo la Cuba que no acepta la presencia de mercenarios. “La sociedad civil cubana es la que está ahí, nuestras glorias deportivas, científicos, jóvenes, hombres y mujeres de pueblo, las iglesias y la espiritualidad cubana, los que enfrentan el bloqueo”, dijo el embajador. Y ante la intervención del representante de los Estados Unidos, el cual apoyó abiertamente a sus servidores, sentenció: “Les guste o no, estamos en frente de ustedes, con nuestra Revolución…”. “¡A la Isla se le respeta! ¡Con Cuba no se metan!”


Redacción Digital

 
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