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Publicado el 28 Mayo, 2018 por ACN en Nacionales
 
 

¡Traigan menudo, no tengo cambio!

Actitudes afines hacen que el irrespeto prolifere en mercados agropecuarios, placitas, tiendas de la red minorista, mercados Ideal y en cuantos sitios podamos imaginar, pues el fenómeno ha venido a adueñarse de nuestra cotidianidad
¡Traigan menudo, no tengo cambio!

Este servicio será óptimo cuando los clientes se marchen con su mercancía y… el vuelto, si les corresponde. (Foto: granma.cu).

Por EVELYN CORBILLÓN DÍAZ

En días en que la protección al consumidor ha salido de los famosos libros de quejas y sugerencias y se ha “colado” nuevamente en las agendas mediáticas, a partir de la aprobación de la Resolución 54/ 2018 del Ministerio del Comercio Interior, recurro a la historia de Sandra.

Su anécdota, de hace solo unos días, pudiera ser la de cualquier pinareño, o cubano, que tras adquirir un producto, reclama uno de sus más vitales derechos.

Luego de comprar sus cuotas de pollo y huevos en una carnicería de la urbe vueltabajera, el dependiente no contaba con el cambio requerido.

“Te debo los 40 centavos que me faltan”, fue la sentencia de aquel expendedor, que pasó sin sobresaltos para muchos, ante la costumbre de respuestas similares si de productos en moneda nacional se trata.

¿Qué son 40 centavos?, se autocuestionó Sandra, y se marchó con sus alimentos, quizás en el caso del pollo sin la ración que le correspondía, pero desconoce de balanzas.

Sandra sabe que en materia de derechos del consumidor, recibir el cambio completo es una de sus potestades; mas, dejó pasar el incidente por considerarlo irrelevante.

Un rato más tarde, en el mercado agropecuario, recibió una respuesta similar, esta vez, cuando debían devolverle 10 centavos después de la obtención de ajo.

“Hablamos de 50 centavos en una tarde, cifra que aparentemente es insignificante, pero se trata de mi dinero y merece respeto; porque si esa cantidad me falta en cualquier compra, no adquiero el producto que necesito”, interpeló a este medio.

O el ejemplo de Maritza, una señora que tuvo que dirigirse a un punto de venta en moneda libremente convertible lejano a su hogar, simplemente porque en el quiosco cercano era un requisito esperar a la tarde para poder comprar con un billete de 50 CUC, por la ausencia de cambio en la mañana.

Ambas pinareñas, con el ajetreo de sus rutinas, decidieron voltear la página y callar frente a esas situaciones, y se sumaron a la larga lista de quienes optan por permanecer inmóviles y permisivos, si a violaciones nos referimos.

Actitudes afines hacen que el irrespeto prolifere en mercados agropecuarios, placitas, tiendas de la red minorista, mercados Ideal y en cuantos sitios podamos imaginar, pues el fenómeno ha venido a adueñarse de nuestra cotidianidad.

La exigencia del cambio constituye una arista que pudiera considerarse muy noble en materia de derechos de los consumidores; sin embargo, como derecho al fin, merece reclamación.

No es cuestión de catarsis colectiva ante la mínima señal de quebrantamiento de los derechos, pero su desconocimiento conspira contra el entorno de armonía que debe primar entre expendedores y consumidores, una cadena que- como reza un popular refrán-, se rompe por el lado más débil.

La protección de los intereses económicos del consumidor se sitúa entre las prioridades de las nuevas medidas para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interno, publicadas recientemente en la Gaceta Oficial de la República de Cuba.

Por la voluntad de todos, pasa la solución a irregularidades y maltratos de que somos testigos como clientes, los cuales no cesarán por obra de magia ni el esfuerzo del Estado cubano, sino por la conciencia y la cultura del buen servir, asignaturas aún pendientes. (ACN).


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