¡Traigan menudo, no tengo cambio!
Actitudes afines hacen que el irrespeto prolifere en mercados agropecuarios, placitas, tiendas de la red minorista, mercados Ideal y en cuantos sitios podamos imaginar, pues el fenómeno ha venido a adueñarse de nuestra cotidianidad
Este servicio será óptimo cuando los clientes se marchen con su mercancía y… el vuelto, si les corresponde. (Foto: granma.cu).
Por EVELYN CORBILLÓN DÍAZ
En días en que la protección al consumidor ha salido de los famosos libros de quejas y sugerencias y se ha “colado” nuevamente en las agendas mediáticas, a partir de la aprobación de la Resolución 54/ 2018 del Ministerio del Comercio Interior, recurro a la historia de Sandra.
Su anécdota, de hace solo unos días, pudiera ser la de cualquier pinareño, o cubano, que tras adquirir un producto, reclama uno de sus más vitales derechos.
Luego de comprar sus cuotas de pollo y huevos en una carnicería de la urbe vueltabajera, el dependiente no contaba con el cambio requerido.
“Te debo los 40 centavos que me faltan”, fue la sentencia de aquel expendedor, que pasó sin sobresaltos para muchos, ante la costumbre de respuestas similares si de productos en moneda nacional se trata.
¿Qué son 40 centavos?, se autocuestionó Sandra, y se marchó con sus alimentos, quizás en el caso del pollo sin la ración que le correspondía, pero desconoce de balanzas.
Sandra sabe que en materia de derechos del consumidor, recibir el cambio completo es una de sus potestades; mas, dejó pasar el incidente por considerarlo irrelevante.
Un rato más tarde, en el mercado agropecuario, recibió una respuesta similar, esta vez, cuando debían devolverle 10 centavos después de la obtención de ajo.
“Hablamos de 50 centavos en una tarde, cifra que aparentemente es insignificante, pero se trata de mi dinero y merece respeto; porque si esa cantidad me falta en cualquier compra, no adquiero el producto que necesito”, interpeló a este medio.
O el ejemplo de Maritza, una señora que tuvo que dirigirse a un punto de venta en moneda libremente convertible lejano a su hogar, simplemente porque en el quiosco cercano era un requisito esperar a la tarde para poder comprar con un billete de 50 CUC, por la ausencia de cambio en la mañana.
Ambas pinareñas, con el ajetreo de sus rutinas, decidieron voltear la página y callar frente a esas situaciones, y se sumaron a la larga lista de quienes optan por permanecer inmóviles y permisivos, si a violaciones nos referimos.
Actitudes afines hacen que el irrespeto prolifere en mercados agropecuarios, placitas, tiendas de la red minorista, mercados Ideal y en cuantos sitios podamos imaginar, pues el fenómeno ha venido a adueñarse de nuestra cotidianidad.
La exigencia del cambio constituye una arista que pudiera considerarse muy noble en materia de derechos de los consumidores; sin embargo, como derecho al fin, merece reclamación.
No es cuestión de catarsis colectiva ante la mínima señal de quebrantamiento de los derechos, pero su desconocimiento conspira contra el entorno de armonía que debe primar entre expendedores y consumidores, una cadena que- como reza un popular refrán-, se rompe por el lado más débil.
La protección de los intereses económicos del consumidor se sitúa entre las prioridades de las nuevas medidas para la organización y ejecución de la protección al consumidor en el sistema de comercio interno, publicadas recientemente en la Gaceta Oficial de la República de Cuba.
Por la voluntad de todos, pasa la solución a irregularidades y maltratos de que somos testigos como clientes, los cuales no cesarán por obra de magia ni el esfuerzo del Estado cubano, sino por la conciencia y la cultura del buen servir, asignaturas aún pendientes. (ACN).








Esto dela falta de menudo o cambio se ha vuelto viral en las diferentes instituciones a las que uno se dirige a adquirir productos, lo mismo en moneda nacional que en CUC. Lo lo mas triste es el trato y la forma que se recibe por las personas que brindan el servicio como parte de su trabajo y al parecer les cuesta mucho. Hace unos dias fui a una tienda en divisa ubicada en Infanta que se llama Maisí, habia diversidad de chancletas y me puse a buscar las que pudieran servirme, embarazada y sin ayuda del compañero que despachaba lo que me resultó demorón y trabajoso y aún así tube que aguantarme que el compa;ero me dijera que no le regara más las chancletas cuando en realidad las tomaba y las ponía de vuelta donde estaban. Entonces me pregunté ?el objetivo es vender o tener la tienda como si fuera un museo? Días mas tarde una compañera fue y le sucedió lo mismo en este departamento con esta misma persona.
Pienso que personas como estas no están aptas para tratar con el público prestando estos servicios, pero nada pasa y continúan ahi.
Soy una pinareña a la que le ha sucedido lo mismo que a muchas personas como se cuenta en el artículo, podría narrar muchas anécdotas sobre todo en los mercados Ideales y recuerdo que un hermano mío me contó que todos los días cuando iba a la Panadería a comprar el pan normado le dejaban de dar el vuelto y un día decidió esperarlo, precisamente cuando solo debían darle como vuelto un medio, dice que el dependiente al ver que llevaba un rato allí habiendo comprado ya su pan le preguntó qué esperaba y él le respondió que esperaba el vuelto, a lo que el dependiente le dijo que solo era un medio que si él se iba a morir por eso. Mi hermano ya molesto le respondió que no se iba a morir que era cierto que era un medio pero era de él y por tanto tenía que darle el vuelto, que no era la primera vez, como tampoco era el primero al que le faltaban el respeto por tanto era su derecho reclamar aunque fuera un centavo, en fin que hubo una fea discusión y mi hermano quedó mal parado frente a los ojos del Dependiente de la Panadería y de otras personas que lo tildaron de tacaño. Así estamos, acostumbrados a que nos maltraten y nos irrespeten.
Es verdad en todos los lugares pasa lo mismo, por ejemplo en el trabajo de mi hijo si no vas con el dinero exacto para pagar el almuerzo se quedan siempre con el vuelto, el cual no es de 10 o 20 centavos, casi siempre es de 80 centavos, por lo cual mi hijo a optado por ir al banco a cambiar los pesos por pesetas y medios y así pagar su almuerzo exacto, porque siempre esconden el menudo y la verdad que donde él trabaja es una fábrica que hay más de 500 trabajadores, usted multiplique 80 centavos por 500 personas y verás cuánto se lleva de propina todos los días, a lo mejor la persona que cobra el almuerzo tilda de tacaños a todos los que le pagan exacto que son muy pocos, pero no importa, ese dinero es ganado con el esfuerzo propio y todos tenemois derecho de reclamar lo que es nuestro.