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Publicado el 28 Junio, 2018 por Leidys Hernández Lima en Nacionales
 
 

FRUTALES

Cultivar con “magia”

Como política, en el país se potencian las buenas prácticas agrícolas, lo que incluye rendimientos de mayor impacto económico y productos más saludables e inocuos
Cultivar con “magia”.

La finca San Juan El Brujo ostenta la Cuarta Corona, otorgada por la Agricultura Urbana y Suburbana, gracias a la variedad y a la producción de frutales que tiene en sus tierras.

Por LEIDYS HERNÁNDEZ LIMA

FOTOS: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

“Cada año se destinarán más recursos para la agricultura”, dijo en 2016 el entonces vicepresidente José Ramón Machado Ventura, al resumir en la provincia de Artemisa el VI Encuentro Nacional del Movimiento de Frutales, en el que participaron representantes de esa fuerza productiva de altos rendimientos, presidentes de cooperativas, productores, funcionarios y directivos.

Mucha importancia se le dio en la provincia de Artemisa a ese llamado del segundo secretario del Partido, pues hoy el territorio ostenta los mejores resultados del país en la producción de frutas. En el municipio cabecera hay tres unidades que sobresalen en tal sentido: las cooperativas de créditos y servicios (CSS) Sierra Maestra, Rigoberto Corcho y Antero Regalado, que han venido cumpliendo de forma sistemática sus planes a pesar de algunas carencias de recursos específicos para estos cultivos.

En la Antero Regalado, pionera en la producción de frutales, destaca la finca de referencia nacional San Juan El Brujo, hasta la cual fue el equipo de BOHEMIA para conocer de cerca los resultados por boca de Osmany Cordero Alonso, su presidente.

Desde el año 2000, Osmany comenzó a trabajar la tierra junto a su padre, pero no fue hasta 2005 que plantaron las primeras posturas de frutales. “Recuerdo aquellas matas de guayaba que sembramos. Unos meses después él falleció porque no soportó una operación del corazón. Desde ese momento me tuve que encargar de la finca”.

Hace tres años, por iniciativa del general de ejército Raúl Castro Ruz, y con la coordinación de la dirección nacional de la Agricultura Urbana y Suburbana, existe en cada provincia una finca con la extensión de 67 hectáreas (cinco caballerías), dedicada a la producción de frutales. La elegida en Artemisa fue precisamente la de San Juan El Brujo, donde cada pedazo de tierra está en función de producir.

“Tenemos un sistema de policultivo, que se traduce en varios sembrados a la vez en el mismo espacio –por ejemplo, café entre los aguacates- y de esa forma obtenemos más producción y se aprovecha mejor el suelo. Me dedico casi por completo a los frutales. Solo tenemos una pequeña porción de plátanos vianda, para explotar al máximo las bondades de la tierra, y contamos con 36 especies de frutas, entre las que predominan el aguacate, el mango y el mamey”, dice con orgullo el joven campesino.

Actualmente San Juan El Brujo ostenta la Cuarta Corona, reconocimiento otorgado por la Agricultura Urbana y Suburbana, por la variedad y la cantidad de frutas que produce anualmente.

Los punteros

Cultivar con “magia”.

En la finca de Osmany Cordero Alonso los trabajadores se sienten satisfechos con los resultados en las cosechas.

San Juan El Brujo es la bujía inspiradora de nuestro territorio, el punto de referencia para el aprendizaje”, asegura Pedro Felipe Castañeda, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), en el municipio de Artemisa.

“En nuestro territorio tenemos un total de 18 cooperativas: 14 CCS y cuatro cooperativas de producción agropecuaria (CPA). Hemos tratado de diversificar la producción de frutales, a tal punto que hoy todas, aunque sea en un nivel mínimo, producen frutas, pero sentimos especial orgullo por Osmany, nuestro principal exponente, con resultados muy positivos, pues de las tres mil 500 toneladas de producción anual en nuestro municipio, su finca cubre casi el 50 por ciento”, asegura Castañeda.

La comercialización se realiza de varias formas. Existe contratación directa con el turismo, al que se destina gran parte de la producción, y también se suministra a los mercados locales y a puntos de venta en la capital.

“En los últimos años ha existido regularidad en el pago y la recogida de los productos en el campo”, afirma el presidente municipal de la ANAP y aclara que en momentos puntuales, cuando se ha producido algún inconveniente, las partes firmantes del contrato han hallado soluciones y el conflicto no ha pasado a mayores.

Osmany corrobora la afirmación y asegura sentirse satisfecho con el sistema de contratación y con los precios de lo que comercializa. Anualmente ingresa casi dos millones de pesos por sus ventas, con gran representatividad en esos números de las mil 500 latas de café que exporta.

Y no es fábula lo del café en las llanuras, pues en San Juan El Brujo, entre las cuatro mil 500 matas de aguacate se cultiva el café Robusta, que hace honor a su nombre, pues cada año su producción allí aumenta y convierte a esa finca en uno de las principales exportadores del país.

“Cuando sembré café en el campo de aguacates fue sin muchas pretensiones, porque no existía un mecanismo para venderlo después, pero hace tres años firmamos un contrato con la empresa Costa Azul, de San Cristóbal, aquí en Artemisa, que nos garantiza el destino de nuestra producción”, aclara el mayor cafetalero del occidente.

Los resultados favorables en la finca de Osmany se deben al trabajo continuo de más de 20 campesinos que cada día laboran utilizando novedosas técnicas de cultivo y los recursos necesarios para obtener en las plantaciones la mayor cantidad y calidad de cada fruta. La diversidad de variedades de cada especie les asegura la presencia durante todo el año, por ejemplo, de aguacate, uno de los frutos preferidos de los cubanos.

Bases para resultados satisfactorios

Cultivar con “magia”

En la finca de Osmany Cordero Alonso los trabajadores se sienten satisfechos con los resultados en las cosechas.

“La empresa Gelma, comercializadora de insumos y servicios técnicos especializados en el sector agrícola, es la suministradora para estas producciones, pero la demanda a veces supera sus posibilidades. Cuando no hemos tenido todo el fertilizante necesario, por ejemplo, hemos encontrado alternativas locales como los biofertilizantes”, puntualiza Osmany, quien tiene un área para la lombricultura en la que garantiza el humus de lombriz (abono) indispensable para algunas plantas que necesitan cuidado extremo.

La piña, reina de las frutas, no tiene presencia en esa finca, pues el suelo es ácido, con un pH más alto que el requerido para su cultivo. Sin embargo, sí es posible sembrar cítricos, hoy casi desaparecidos, como el limón, las naranjas agria y cajel, la mandarina y la lima o bergamota. Por eso Osmany incursiona en la siembra de limón y ya más de 2 000 matas echan raíces en su tierra.

Los cultivos de San Juan El Brujo agradecen su sistema de riego y drenaje, facilitado especialmente por la topografía del terreno y por la ocurrencia del padre de Osmany al instalar un tipo de riego por aniego en el cual el agua corre sola por pendientes con tuberías soterradas, por lo que no se precisa de goteo.

“En Artemisa hemos seguido las instrucciones de las instancias superiores de la Agricultura al pie de la letra. Por eso no solo nos empeñamos en producir más frutas, sino también en lograr, aunque sea en menor escala, aquellas menos vistas hoy como el anón, la chirimoya, la guanábana, el zapote, la cereza, el níspero y la ciruela”, enfatiza el presidente de la ANAP y agrega que poseen viveros especializados, y tecnificados, con posturas para garantizar el ciclo de cosecha de cada cooperativa.

Pensando en el futuro

Cultivar con “magia”.

Luis Enrique Pérez Valdés, funcionario de la ANAP provincial en Artemisa, confía en la producción de esta finca para el abastecimiento a las minindustrias.

Según Luis Enrique Pérez Valdés, funcionario de la ANAP provincial, en Artemisa se trabaja en la creación de una minindustria a propuesta del Ministerio de la Agricultura, y se prevé que sea la cooperativa Antero Regalado la encargada de garantizarle el abastecimiento.

“A partir del crecimiento productivo que ha tenido la provincia se han buscado alternativas y bien podría ser la minindustria la solución, tanto para productores como para consumidores, pues garantizaría mayor aprovechamiento de las frutas”, manifestó Luis Pérez Valdés.

En el mes de mayo, Osmany visitó la provincia de Ciego de Ávila para compartir experiencias en la producción de frutales, en la cual esa provincia central también tiene buenos resultados. A partir de lo visto allí, en la fábrica de conservas de Ceballos, es un anhelo, no solo de Osmany, sino de los productores artemiseños, implementar el abastecimiento de una gran empresa a partir de las minindustrias instaladas en cooperativas.

Aunque existen CCS como las de Artemisa, con resultados reconocidos a nivel nacional, aún es un reto en el país satisfacer la demanda de frutas, tanto para el consumo nacional como para la exportación. A fin de garantizar el abastecimiento de estos alimentos, es necesario disponer de los recursos materiales y financieros indispensables; además, se precisa fortalecer los vínculos entre los centros de investigación y los fruticultores que laboran la tierra.


Leidys Hernández Lima

 
Leidys Hernández Lima