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Publicado el 7 Junio, 2018 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

TOLERANCIA CERO

Juntas, todas las manos

En su batalla contra las drogas, Cuba logra un equilibrio entre el enfrentamiento y la prevención gracias a la voluntad de diversos organismos y a la población
Juntas, todas las manos.

Foto: YASSET LLERENA.

Por IGOR GUILARTE FONG

Ni por aire ni por mar se permite el ingreso de estupefacientes en Cuba. Tampoco en tierra propia se consiente el cultivo o la circulación de cualquiera de esas sustancias. A partir de una voluntad estatal, apoyada por el pueblo, el país mantiene una política de combate frontal contra las drogas bajo el lema de Tolerancia Cero.

Como una cadena de varios eslabones puede definirse la estrategia de enfrentamiento, a la que tributan diferentes instituciones y órganos de control, así como organizaciones juveniles y de masas. La Aduana General de la República; las Tropas Guardafronteras del Ministerio del Interior (Minint); los ministerios de Justicia, de Educación y de Salud Pública; los CDR, la FMC y la UJC, desempeñan una labor de vanguardia en ese sentido.

Gracias a ese esfuerzo mancomunado, y aun cuando los modus operandi con el fin de burlar el control en las fronteras cubanas se han venido perfeccionando, el pasado 2017 fue incautado un volumen de drogas superior al intervenido en 2016.

Si bien el tráfico y el consumo no acusa una tendencia tan peligrosa como en otras naciones, la complejidad del escenario internacional y la ubicación geográfica en medio de los corredores del narcotráfico regional ponen a Cuba en el centro del riesgo y, por tanto, en estado de alerta.

Complejo escenario

El Informe Mundial 2017 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito apunta que las rutas del tráfico continúan variando y diversificándose a un “ritmo alarmante”. Agrega que alrededor del 97 por ciento del movimiento de alucinógenos en la región se realiza en lanchas rápidas, que navegan por itinerarios próximos a las aguas jurisdiccionales cubanas. Los traficantes emplean además buques de contenedores, embarcaciones semi-sumergibles, de pesca y aeronaves.

Por el incremento sostenido de la producción, el consumo y el tráfico de estupefacientes, el 2017 fue evaluado como un año adverso por el coronel Juan Carlos Poey, jefe de la Dirección Nacional Antidrogas (DNA) del Minint.

Durante una intervención en la Mesa Redonda televisiva, el oficial se refirió a las complejidades del enfrentamiento. Al respecto destacó las intenciones probadas de traficantes cubanos radicados en el exterior, de introducir drogas en el territorio nacional.

El jefe de la DNA también comentó el reto que significan las entradas de embarcaciones de recreo y cruceros, toda vez que acrecientan los riesgos. Frente a ello, las autoridades cubanas están aplicando las disposiciones y medidas de seguridad pertinentes.

Barrera de costa

Las Tropas Guardafronteras y los destacamentos Mirando al Mar, en estrecha colaboración durante décadas, han impedido que grandes cantidades de drogas ingresen a la sociedad. (Foto: YASSET LLERENA).

Por su ubicación geográfica en medio del llamado “corredor de la droga”, las trayectorias del viento y de las corrientes marinas, Cuba es propensa a los recalos de pacas derivadas del narcotráfico internacional por rutas cercanas, fundamentalmente desde el sur hacia el norte, con destino a los Estados Unidos, principal consumidor de narcóticos en el mundo.

Más de 4.8 toneladas de drogas fueron incautadas el año pasado en el país, como resultado del enfrentamiento. Y de estas, 4 597 kilogramos correspondieron a recalos. Fueron 251 hechos (243 de marihuana y 8 de cocaína) en los que se aseguró el bulto ante el riesgo potencial de caer en manos inescrupulosas.

La zona suroriental, sobre todo Granma y Guantánamo, fue la de mayor incidencia. También diversos puntos ubicados a lo largo de la franja sur del archipiélago, desde Pinar del Río hasta Camagüey, incluido el municipio especial de Isla de la Juventud, recibieron esos fardos. Asimismo, se reportaron avistamientos de más de 60 lanchas rápidas, sospechosas de estar relacionadas con el narcotráfico. Mantener a raya esas embarcaciones es otra misión de primer orden para los protectores de las fronteras marítimas.

Semejantes resultados no responden a un hecho casual, sino a la disciplina, la fortaleza ideológica, el compromiso y la preparación de los combatientes guardafronteras del Minint, y de los integrantes de los 308 destacamentos cederistas Mirando al Mar, que hoy funcionan en el país.

Esa fuerza conjunta, devenida auténtica barrera de costa, custodia sin descanso y en complejas circunstancias las decenas de kilómetros de litoral bajo su jurisdicción. Le impulsa la conciencia de evitar a “sangre y fuego” las graves consecuencias que podría acarrear, sobre todo para niños y jóvenes, si se filtraran esos alijos.

Ojos abiertos en aduanas

Es la vía aérea, después de la marítima, la más recurrida por los narcotraficantes para procurar el aterrizaje de sus mercancías mortales. El aeropuerto internacional José Martí, de La Habana, es sin duda alguna el de mayor tránsito de turistas a nivel nacional, y por tanto, donde se registran mayores infracciones de la seguridad nacional.

Pero en la Aduana de esa terminal aeroportuaria todo el personal conoce bien su responsabilidad. Allí, como en el resto de las unidades aduaneras, disponen de equipos de avanzada tecnología y los conocimientos indispensables para garantizar la efectividad de las pesquisas. A la par, se emplea la técnica canina y se mantiene la constante capacitación del personal, con el propósito de elevar su pericia en esta labor y contrarrestar los cada vez más ingeniosos métodos utilizados por los contrabandistas de la muerte.

En el aeropuerto capitalino se frustraron decenas de operaciones de narcotráfico internacional, y en consecuencia fueron detenidos más de 50 extranjeros. Además, hubo importantes incidencias en el Juan Gualberto Gómez, de Matanzas, y el Frank País, de Holguín.

Juntas, todas las manos.

La elevada preparación del personal y la calidad de la técnica han sido determinantes en los resultados positivos de las unidades aduaneras. (Foto: ISMAEL RAMÍREZ BATISTA).

El pasado año se registraron unos 94 hechos –la mayor cifra del último quinquenio– en los cuales fue detectada droga. “Si en 2016 se confiscaron 30.22 kilogramos de drogas, este recién finalizado 2017 la AGR aseguró más de 57 kilogramos”, reveló Camilo Barrios Abreu, director de enfrentamiento, durante una reunión con la prensa celebrada en la sede nacional de la institución. Los nuevos modos de operar, señaló el funcionario, intensifican las condiciones del enfrentamiento. En ello influye, por supuesto, el incremento significativo del número de operaciones aéreas y náuticas asociadas al turismo.

Entre los métodos empleados por los narcotraficantes para burlar el control aéreo se identificaron pasajeros que intentaron introducir la droga impregnada en hojas de papel, adherida al cuerpo, en alimentos, en compartimentos del equipaje, al interior de equipos electrodomésticos e ingerida, que sigue siendo la variante más recurrida.

Otra de las nuevas “complicaciones” se deriva de la tendencia contemporánea a la legalización de las drogas –sobre todo la marihuana– específicamente en 12 países, de los cuales siete son de nuestra área geográfica. Esto ha propiciado que algunos turistas traigan consigo pequeñas cantidades para su consumo personal. En esos casos se les ocupó la sustancia nociva, fueron advertidos de las regulaciones nacionales y multados.

Todo el peso de la ley

En comparación con otras naciones, en Cuba no existen la producción y el tráfico de drogas en términos elevados. No obstante, constituye una preocupación y una ocupación del Estado impedir que prolifere ese flagelo pernicioso para cualquier sociedad.

La estrategia criolla de lucha contra las drogas se complementa con la aplicación de las leyes relacionadas, incluyendo en primer término un Código Penal, que sanciona con severidad esas actividades ilícitas. En ello desempeñan un papel principal el Ministerio de Justicia, la Fiscalía General de la República y el Tribunal Supremo Popular (TSP).

Los delitos relacionados con las drogas tienen varios marcos sancionadores, según la peligrosidad social inherente. Aunque el consumo como tal no se castiga, pues se entiende al adicto como una persona enferma, si alguien es hallado con droga se considera tenencia y eso sí constituye una contravención, por tanto, pasa a ser sancionable. Como se ha señalado en varias oportunidades, la ley siempre caerá con todo su peso sobre los que pongan en riesgo la salud y la tranquilidad del pueblo.

Juntas, todas las manos.

Diferentes variantes de enmascaramiento empleadas por el narcotráfico internacional para introducir drogas al país. (Foto: CORTESÍA DE LA AGR).

La posesión de cocaína se condena con privación de libertad de uno a tres años, y de seis meses a dos años si se trata de marihuana. Mientras, el tráfico se sanciona de cuatro a diez años si es en pequeña escala, y de tres a 20 años si son cantidades grandes. Mucho más grave y por consiguiente más severamente sancionado es el tráfico internacional, por el que pueden imponerse de 15 a 30 años.

“Los tribunales cubanos aplicaron sanciones severas a los implicados en los delitos más dañinos a la sociedad y aplicaron la política de prevención en el ejercicio de la justicia”, aseguró Rubén Remigio Ferro, presidente del TSP, al intervenir en el décimo período ordinario de sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

En esa línea, a lo interno del país continuaron las acciones preventivas contra el uso indebido de fármacos con efectos similares a drogas, que quienes los consumen suelen combinar con alcohol, y la neutralización de cultivos de marihuana en zonas intrincadas, que arrojó el hallazgo de más de 62 000 plantas y 92 000 semillas. Los casos vinculados a esos delitos fueron identificados, juzgados, sancionados y decomisados los bienes adquiridos.

El valor de la articulación

A escala mundial son los jóvenes las principales víctimas de las drogas. De ahí que crear una cultura de rechazo en los adolescentes y jóvenes hacia el consumo de estas figure como objetivo primordial en el trabajo de la UJC para el presente año.

Aunque el acceso y consumo de estupefacientes no son problemas distintivos de nuestra juventud “se están dando casos de adolescentes y jóvenes consumidores de sustancias ilícitas. Es nuestra misión enfrentarlos, por ser las nuevas generaciones las más vulnerables a este flagelo”, expresó Susely Morfa González, primera secretaria de la UJC, durante el VI Pleno del Comité Nacional de la organización.

De igual forma, el sistema nacional de salud, desde 2013, desarrolla estrategias dirigidas específicamente a la población infanto-juvenil, a fin de incentivar la percepción de riesgo e instruir acerca de las terribles secuelas de las adicciones.

Dicha proyección se basa en que los primeros encuentros con el consumo se están produciendo entre los 14 y los 16 años de edad, debido a factores múltiples como la curiosidad propia de esas tempranas edades, la disfunción familiar, la presión del grupo y la ignorancia de los daños que estas sustancias pueden provocar.

Es el Ministerio de Salud Pública, con su programa de prevención, el organismo encargado de diagnosticar a personas con factores de riesgo asociados al consumo de drogas, y de recibir en sus centros especializados de tratamiento y rehabilitación a aquellos individuos con dependencia adictiva, mediante la atención ambulatoria o el ingreso. Además, facilita sistemas de orientación como la Línea Confidencial Antidrogas, a través del número telefónico 103.

Por su parte, el Ministerio de Educación promueve en todos los niveles de enseñanza un enfoque preventivo y una cultura de rechazo, enfatizando que bajo ningún concepto las drogas representan una opción para los jóvenes. El cumplimiento de su Programa Educativo orientado a maestros, familiares y estudiantes sobre la prevención del consumo de drogas, es de estricto cumplimiento en todos los centros educacionales.

Juntas, todas las manos.

Comparación del enfrentamiento al narcotráfico por vía aérea en el último lustro. (Foto: Cortesía de la AGR)

Más allá de la voluntad estatal corresponde a la familia desempeñar un papel esencial. Las drogas son lo que nadie desea para sus hijos. Por eso es necesario estar atentos a sus pasos, con quién andan, qué lugares frecuentan y, sobre todo, saber percibir los síntomas delatores del consumo de drogas, para actuar de manera oportuna.

Si la droga es un problema multifactorial, entonces se requiere de todas las manos, en estrecha articulación, para hacerle frente. Se trata de un combate cuya victoria depende de la participación integrada y coherente de todas las organizaciones y de la sociedad. Esa unidad, que ha sido básica en la historia de la Revolución, se mantendrá también como pilar de la política de tolerancia cero que el país eleva ante las amenazas y tendencias del narcotráfico.

Ver también: La Aduana a la par de los tiempos


Igor Guilarte Fong

 
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