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Publicado el 19 Junio, 2018 por ACN en Nacionales
 
 

Puntualidad: una de las formas de respetar a los demás

Si la sociedad está llamada a combatir la indisciplina y respetar el horario laboral, para que este no sea una simple formalidad, puede decirse que los más urgidos de cumplirlo son los maestros, en primer lugar para sembrar el ejemplo en sus alumnos y en segunda instancia porque ellos son los primeros eslabones de una cadena para garantizar la puntualidad de numerosos trabajadores
Puntualidad: una de las formas de respetar a los demás.

Foto: aptitus.com

Por MAGALY ZAMORA

El reloj marca varios minutos pasadas las ocho de la mañana y ningún timbre, campana o silbato indica el comienzo del matutino en el seminternado escolar, en cambio un tropel de chiquillos, desde el preescolar hasta el sexto  grado se entretiene de diversas maneras en las áreas exteriores del plantel.

Un grupo corre tratando se seguir desde tierra el paso de un helicóptero, otros juegan a las cartas o adelantan la merienda, mientras los padres, de los más pequeños fundamentalmente, se impacientan y vuelven la mirada una y otra vez al reloj.

“Todos los días llego tarde a mi trabajo, dice una doctora, mamá de un rubito a quien no quiere dejar solo hasta que no abran el aula, en tanto un padre encarga el cuidado de su hija a otra persona, pues él ya está demasiado atrasado, según explica.

Lo peor de esta historia tomada de la realidad es que se repite con frecuencia, no sólo en este centro escolar, sino en muchos otros, lo que da riendas a una cadena de impuntualidades de los padres que desean partir tranquilos hacia sus respectivos centros laborales, a sabiendas de que la maestra está frente al aula.

La formación de los hombres y mujeres del mañana no pasa sólo por el aprendizaje de materias escolares como la lengua española o las matemáticas, sino también por la enseñanza de valores y la formación en principios que más tarde aplicarán en la vida diaria.

Si la sociedad está llamada a combatir la indisciplina y respetar el horario laboral, para que este no sea una simple formalidad, puede decirse que los más urgidos de cumplirlo son los maestros, en primer lugar para sembrar el ejemplo en sus alumnos y en segunda instancia porque ellos son los primeros eslabones de una cadena para garantizar la puntualidad de numerosos trabajadores.

Incumplir el horario dedicado al matutino y la ceremonia de izar la bandera y cantar el himno nacional es un acto censurable en cualquier centro escolar, porque retrasa la impartición de conocimientos en los estudiantes y desestimula el hábito de llegar temprano, pues no son pocos los que piensan que será en vano.

El viejo eslogan que repetía la televisión en mi niñez, “a la escuela hay que llegar puntual, desde el preescolar al sexto, siempre puntual” parece haberse olvidado por algunos educadores y también padres que permiten a sus hijos llegar fuera del horario establecido.

Quizás en ello se encierra la raíz de que muchos centros de trabajo se toman la libertad, cada vez con más frecuencia, de violar ante la vista del público el horario establecido para la apertura o cierre de instalaciones estatales.

Justificaciones que van desde la llave del centro que no aparece quien debía garantizarla, la guagua que no pasó a tiempo o el matutino demorado más allá de lo habitual, conspiran para que tanto centros que operan en moneda nacional como en divisas, demoren su apertura hasta media hora después de lo dispuesto.

Como si ello no fuera suficiente, la población tiene que asistir además a todo un ritual de apertura que incluye el conteo del efectivo en caja, la búsqueda de los espejuelos o el lapicero que quedó olvidado la jornada anterior, los saludos e intercambios de comentarios entre los trabajadores, sin que parezcan inmutarse por los clientes que esperan.

Habría que ver cuántos de esos centros contabilizan esas llegadas tardes a la hora de confeccionar las nóminas de pago y pensar cuantos millones de pesos pierde anualmente el Estado por  salarios indebidos al no tomar en cuenta la violación del horario laboral.

Sin embargo, hay que reconocer que existen ejemplos de buenas prácticas, como el de la laboratorista de un policlínico que comienza siempre mucho antes de lo que debiera para favorecer a niños, embarazadas y personas en general que acuden en ayunas para realizarse análisis.

O aquel profesor que está siempre antes de la hora indicada para dar la bienvenida a cada uno de sus alumnos, sembrando así en ellos el mejor de los ejemplos.

No media en estos casos ningún estímulo monetario o material, simplemente la conciencia de la importancia de su labor y la satisfacción por el cumplimiento del deber, a sabiendas de que la puntualidad es la mejor forma de comenzar un buen día. (ACN).


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