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Publicado el 26 Junio, 2018 por ACN en Nacionales
 
 

Todos a la mesa, ¿vive la tradición?

Con el paso del tiempo y la evolución de las sociedades, la comida familiar en cualesquiera de los horarios y espacios, se convirtió en tradición, en momento excelente de reunión para educar en los buenos modales, planificar y conversar sobre los problemas, actividades o metas de cada uno de los miembros del hogar
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Todos a la mesa, ¿vive la tradición?

No importa el día, no importa si el menú no es el más ostentoso, no importa la decoración exterior a ese pequeño espacio que es la mesa; lo significativo es ese acto que contribuye a la unidad familiar. (Foto: cubafamilia.blogspot.com).

Sentarse a comer todos juntos, para cualquier familia de estos tiempos es un propósito un poco difícil de materializar.

Los niños, adolescentes y jóvenes generalmente lo hacen frente al televisor, la computadora o los videojuegos, mientras los más adultos de casa, -inmersos en horarios laborales que a deshoras-, marcan el ritmo del núcleo familiar.

Y es que la tradición de comer en familia, congregarse en torno a los alimentos para compartirlos puede ser tan antigua como el surgimiento mismo de la humanidad, aunque fuera a partir del reinado de Isabel la Católica por allá por el siglo XVI que los hombres y las mujeres se sentaran a comer –oficialmente— a la misma mesa.

Con el paso del tiempo y la evolución de las sociedades, la comida familiar en cualesquiera de los horarios y espacios, se convirtió en tradición, en momento excelente de reunión para educar en los buenos modales, planificar y conversar sobre los problemas, actividades o metas de cada uno de los miembros del hogar.

Sin dudas resulta un buen escenario para unir, educar y departir, costumbre transmitida por generaciones de familias, conservadoras o no, porque era común ver a las abuelas alistar la mesa y convocar a los otros casi siempre con las frases “la comida está lista” o “la mesa está servida”.

Lo cierto es que el ritmo de vida actual ha llevado a que muchas familias pierdan esta rutina. En diversos países padres e hijos en ocasiones ni siquiera coinciden en los mismos horarios dentro de la casa a pesar de que la ciencia, la sicología y la sociología han estudiado en más de una ocasión los beneficios de mantener la tradición de comer en familia.

Cuba, aunque no se ubique dentro de los países más cosmopolitas del mundo, no está exenta a esta realidad, cada vez es más difícil que todos los miembros de la familia se reúnan para comer sin necesidad de que se celebre alguna fecha importante, muchos ni siquiera lo contemplan como una tradición familiar.

El matrimonio de tuneros de pura cepa de Odelsys Vázquez y Jorge Luis, cuenta que nunca en su hogar han tenido la costumbre de sentarse todos juntos, su hijo llega tarde del gimnasio, él prefiere comer en el cuarto viendo la televisión y ella come justo en el momento en que lo prefiera, ya sea en la sala o en la terraza sentada en una mecedora con el plato en la mano, lo cierto es que en la cotidianidad no es un hábito que practiquen como familia.

Los horarios de trabajo a veces tan irregulares, las estrategias de sentar a los pequeños frente a la televisión o la computadora para que se entretengan y se coman toda la comida, los adolescentes y jóvenes ocupados en su mundo de música, ejercicios, salidas con amigos, redes sociales, y otras muchas causas, hacen que un gran número de personas hoy en día no disfruten de una buena comida familiar.

Sin embargo en muchos hogares sigue siendo una práctica establecida, tal es el caso de la estudiante de medicina de Lianne Ponce de León, quien confiesa que en su casa no solo se reúnen a la hora de la comida, sino también para el desayuno y el almuerzo, aprovechando cualquier oportunidad para conversar las historias del día, hacer un chiste, comentar alguna anécdota, también por eso de hacerle caso a mamá y cumplir con las normas de que “en el cuarto no se come y frente al televisor no te hace digestión.”

No importa el día, no importa si el menú no es el más ostentoso, no importa la decoración exterior a ese pequeño espacio que es la mesa, lo importante es departir, aprovechar los momentos y sobreponerse a la rutina tormentosa de la modernidad, porque constituye deber humano evolucionar, adaptarse a los cambios y nuevos ritmos de la sociedad, sin perder aquello que une, educa y hace sentir vivo. (ACN).

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