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Publicado el 9 Julio, 2018 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

JOSÉ FERNANDO MARTIRENA

Con una mochila llena de sueños

La perseverancia distingue a este investigador en su cruzada por la producción local de materiales de construcción
Con una mochila llena de sueños.

José Fernando Martirena Hernández considera que las universidades pueden tributar mucho más al desarrollo del país. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por DELIA REYES GARCÍA

Aunque posee méritos académicos suficientes para un currículo de excelencia, José Fernando Martirena Hernández todavía no se cree que impartirá una conferencia magistral en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Ha participado antes en otras ediciones de la Conferencia Científico-Técnica, paralela a la Feria Internacional de la Construcción (Fecons), pero nunca le habían invitado a exponer. “Es un honor; estoy muy agradecido”, dice el director del Centro de Investigación y Desarrollo de Estructuras y Materiales (Cidem), profesor titular de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, doctor en Ciencias Técnicas desde 1988 y doctor en Ciencias en 2004.

A su juicio, los resultados más importantes de este evento muchas veces ocurren tras bambalinas, pues “fuera de la sala donde se presentan los trabajos científicos se buscan conexiones y alianzas. Por ejemplo, acabo de conversar en el almuerzo con el director de Desarrollo Tecnológico de la OSDE de Materiales de Construcción, sobre un programa al que podemos vincularnos a mediano plazo y de utilidad para el país.

“Esto, sin menospreciar el caudal de informaciones que brindan las conferencias científicas, de mucha actualidad en materia constructiva sobre lo que sucede en el mundo y en nuestro propio patio”.

En el evento el profesor expuso acerca del cemento, material muy importante para las inversiones y del cual señala que seguramente aumentará la demanda en Cuba, en la medida en que haya mayor crecimiento como resultado de los cambios que van dándose en el modelo económico y social. “Y tenemos que estar preparados”, dice, “porque de lo contrario terminaremos importándolo”.

–La fabricación actual de cemento no satisface la demanda.

–La producción de 2017 estuvo por debajo de la demanda en un 50 por ciento. Eso tiene causas objetivas, como falta de piezas de repuesto y de financiamiento; el bloqueo de Estados Unidos. Pero también hay aspectos subjetivos que pueden superarse.

“Se necesita vincular las universidades a la industria, pues son muy dinámicas e innovadoras, y capaces de alertar, avizorar”.

–Mucho se ha insistido en ese papel de las universidades. ¿Cómo hacen en la de Las Villas?

–Nuestra universidad es una de las más polifacéticas de Cuba. Contamos con una variedad de carreras y profesionales de diversos campos, lo que nos facilita abordar un problema tan complejo como el de la vivienda. Llevamos muchos años trabajando en enfoques y tecnologías para ayudar a resolver esa situación.

El programa de producción local de materiales se estimula en muchos territorios. (Foto: YASSET LLERENA).

“El modelo de producción local de materiales, que comenzamos a trabajar en 1995, ya forma parte de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, y se implementa a nivel nacional con éxito.

“Fuimos pioneros de ese programa. Comenzamos a trabajar con ayuda del Gobierno de Suiza, que por 20 años ha mantenido su colaboración, y con fondos de nuestro Gobierno. Entre 2000 y 2009 logramos producciones locales, primero en Villa Clara y luego en 24 municipios más, sobre todo después de huracanes que azotaron a la Isla por entonces.

“Cuando un evento climatológico de esos sucede, la población queda desesperada y hay que buscar soluciones rápidas, porque importar materiales demora. Recuerdo al huracán Michel, que destruyó más de 300 casas en el municipio villaclareño de Quemado de Güines, que contaba con 6 000. En aquellos momentos el plan estatal de construcción allí era de solo cuatro viviendas anuales y logramos montar una industria local que en dos años produjo los materiales para recuperar todas las afectadas.

“Después de los huracanes Gustav e Ike, ya había un modelo; más de 200 talleres pequeños en 53 municipios. Hoy es un programa nacional, rectorado por el Ministerio de la Construcción (Micons), y vende anualmente unos 400 millones de pesos en establecimientos de comercio interior.

“Este año estamos preparando la documentación de ese programa para presentarlo en opción a premio de innovación tecnológica, porque es un resultado científico, de solución de un problema concreto y complejo. Como investigadores crecimos en la filosofía de descentralizar y llevar las tecnologías a una escala humana que permita desarrollar productos localmente, con bajo consumo de materiales y energía, e impacto positivo en el medioambiente. Por eso les llamamos ecomateriales.

Con los llamados ecomateriales es posible también recuperar las casas arrasadas por huracanes. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA).

“Entre otras ventajas, el programa contribuye a frenar la emigración hacia las grandes ciudades, porque es fuente de empleo. Las máquinas que funcionan en los talleres fueron desarrolladas por nosotros e incorporamos, para fabricarlas, a la industria siderúrgica en Holguín y Villa Clara. Este es un programa de mucho éxito que hemos llevado a muchos países de América Latina, África y Asia”.

–Sin embargo, hay lugares en el país donde no se le presta la debida atención, aunque el fondo habitacional esté deteriorado.

–Eso depende de que el Consejo de la Administración vea en el programa una solución, lo apoye y estimule. Pero en algunos lugares no sucede así.

“Ahora mismo estamos con los economistas tratando de conceptualizar este modelo que tiene aspectos muy interesantes, uno de estos la entrega de subsidios para emprender acciones constructivas por esfuerzo propio, que se nutre también de las ventas de materiales de producción local. Mientras más se haga, más crecen los ingresos para otorgar esta ayuda a las personas que la necesiten. Es un mecanismo muy novedoso en el país y exige visión de futuro”.

–La población se pregunta por qué esos materiales de producción local tienen precios similares a los de la industria.

–Esas son violaciones que ocurren en los puntos de venta del Mincin. Los materiales que se producen localmente tienen un gravamen completamente diferente a los de la industria. Existe un marco legal que permite hacer una ficha de costo diferenciada para estos productos.

“Por ejemplo, un bloque producido localmente cuesta entre dos y 2.50 pesos, mientras el costo del industrial oscila entre cinco y siete pesos. Pero muchas veces en esos puntos se venden al mismo precio ilegalmente”.

– ¿Existen otras novedades en el programa?

Con una mochila llena de sueños.

El déficit habitacional en Cuba supera el millón de viviendas, según autoridades del Micons. (Foto: MARTHA VECINO ULLOA).

–Sí, estamos abriendo nuevos caminos en la gestión de los recursos municipales, cómo administrarlos, y para establecer las prioridades del desarrollo endógeno. Tenemos 10 municipios modelo en las provincias centrales: Villa Clara, Sancti Spíritus y Cienfuegos. Además, nos estamos extendiendo hacia algunas localidades de Guantánamo y Santiago de Cuba, también afectadas por huracanes.

– ¿Se siente satisfecho con lo logrado hasta el momento?

–Realmente no puedo estar más satisfecho. Hay científicos que están una vida entera y no logran implementar su trabajo. Nosotros, en solo 20 años, lo hemos hecho, con el apoyo internacional y de nuestro gobierno. Es lógico que siempre aparezcan manchas, pero cuando se mira el impacto global, no hay comparación. Unas 30 000 familias reciben subsidios que son sostenibles, sobre la base de un respaldo productivo. Eso es una realidad. Otras miles han logrado tener una vivienda decorosa.

“Nosotros hemos aportado un granito de arena. Formamos un equipo grande, con más de medio centenar de investigadores, abogados, sociólogos, economistas, ingenieros, y lo que logramos es un éxito tremendo”.

Epílogo

Al terminar la sesión vespertina del primer día de conferencia, mochila al hombro, Martirena salió hacia Villa Clara. Le hubiera gustado estar hasta el final, pero no fue posible. Para el científico e innovador villaclareño no apareció hospedaje en la capital. Mas, esas pequeñeces no le desaniman. Sus neuronas están concentradas en aportar más, en multiplicar las soluciones.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia