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Publicado el 30 Julio, 2018 por Lilian Knight Álvarez en Nacionales
 
 

Un mundo a su tamaño

Un mundo a su tamaño.

Representación de la población entre 0 y 17 años respecto a la población general y por cientos de la distribución racial. (Fuente: DATOS DEL ATLAS).

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

Suerte de mapa, bosquejo, guía para la construcción de un mundo mejor, viene a ser este Atlas, cuyas páginas suscitan un sinnúmero de porqués en torno a las heterogeneidades sociodemográficas, en medio de las cuales se desenvuelven los más pequeños de casa.

“Y a pesar de que sus gráficos por sí solos no permitan establecer hipótesis conclusivas, la triangulación de sus mapas redirige y orienta las miradas hacia una investigación o acción focalizadas, basadas en las condicionantes en que se desenvuelven los niños”.

Así lo asegura la doctora Luisa Íñiguez Rojas, autora principal de este libro y coordinadora de la línea de investigación Territorio, Desarrollo Local y Medio Ambiente, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-Programa Cuba), de la Universidad de La Habana.

Íñiguez llevó este proyecto hasta su casa, su sala, su espacio, y luego de casi tres años de trabajo junto a Edgar Figueroa y Janet Rojas, devolvió un proyecto que destaca por integrar los resultados de la base de datos de población y viviendas del Censo de 2012, en torno a los habitantes de cero a 17 años de edad.

Para la representante de la Unicef, María Machicado, el Atlas ayudará a las organizaciones nacionales e internacionales en la toma de decisiones. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Al decir de María Machicado Terán, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Cuba, esta es la primera vez que se procesan gráfica y cartográficamente datos censales en el país, lo cual es un mérito y una novedad también a nivel regional, pues esta iniciativa cubana es paradigma en términos de disponibilidad de datos sobre niñez y adolescencia, ya que otros países lo han hecho desde indicadores generales, no hasta lo local.

Sin embargo, para María Julia Moreno Castañeda, oficial de monitoreo y evaluación de la oficina de la Unicef, el mayor valor de esta investigación es haber generado alianzas entre instituciones para la producción de conocimiento inédito. La Flacso, perteneciente a la Universidad de La Habana; el Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), y la de la Unicef en Cuba se imbricaron para, a partir de los datos censales, detectar los factores que pueden hacer vulnerables a los niños y adolescentes.

La estructura del Atlas, que fue cambiando sobre la marcha en aras de llevar mejor el mensaje, como asegura Íñiguez, finalmente consta de cuatro partes: la primera describe parámetros demográficos de los infantes; la segunda, la composición generacional de los hogares donde habitan niños y adolescentes; la tercera aborda los indicadores de empleo, escolaridad y estado civil de los padres y la última, las características de las viviendas donde existen niños.

En sentido general, investigadores y promotores de este libro coinciden en que es una visión territorial, hasta nivel de municipio, de factores que inciden en el bienestar de la niñez y en la realización de sus derechos y que, además, funciona como herramienta para el monitoreo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en 2015 por la Organización de Naciones Unidas.

Piezas de un rompecabezas

Representación de los jóvenes entre 15 y 17 años según sexo, lugar de residencia (urbano/rural) y ocupación. (Fuente: DATOS DEL ATLAS).

Los datos censales llevados a gráficos son valiosos, y válidos, en tanto los indicadores que miden no varían drásticamente en un período inferior a 10 años, puntualizó Luisa Íniguez, quien abogó por el uso de imágenes para hacer más comprensibles las similitudes y heterogeneidades de la población estudiada.

Tras un análisis y triangulación de gráficos del Atlas de la Infancia y la Adolescencia en Cuba, varios hechos llaman la atención:

Por ejemplo, el segmento poblacional comprendido entre cero y 17 años de edad representa el 21 por ciento de la población y muestra una tendencia decreciente como consecuencia de la disminución de las tasas de fecundidad en el país.

Tres cuartas partes de individuos de esta porción etaria viven en zonas urbanas, aunque debe prestarse particular atención al 5.5 por ciento residente en asentamientos dispersos, a fin de minimizar las dificultades de acceso a los servicios en estas áreas.

Otro hecho curioso que mostró el estudio es que, contrariamente a lo que pasa en el mundo, y en la población cubana en general, los niños y adolescentes varones superan a las niñas y a las adolescentes en una proporción de 106 a 100.

La proporción racial, con un comportamiento similar al de toda la población, presenta una mayoría blanca del 63 por ciento, seguida de los mestizos que rondan el 30 por ciento y los negros, con un siete por ciento. Esa dinámica responde a comportamientos históricos heredados desde la colonia.

La movilidad de niños y jóvenes es muy poca, casi todos son nativos de las áreas donde fueron censados; mientras, el índice de discapacidad es de 1.76 por cada 100 niños. Ambos indicadores son más altos en las zonas rurales y en los niños entre 12 y 17 años de edad.

Como reconoce la representante de la Unicef, una de las principales conquistas de Cuba, que también refleja el Atlas, son los niveles de escolaridad de los más jóvenes. Sin embargo, las proporciones de quienes se encuentra entre los 15 y los 17 años de edad y se dedican a quehaceres del hogar (5.73 por ciento) o no estudian ni ayudan en casa (15.82 por ciento) lanzan un alerta. En el caso de las adolescentes rurales en esas edades, dedicadas exclusivamente a tareas de la casa, superan el 25 por ciento.

Hogares: más que mamá, papá y nené

Representación de los hogares con niños y adolescentes, respecto al total, y convivencia con otros niños y sus padres. (Fuente: DATOS DEL ATLAS).

En cuanto a la convivencia en los hogares de todo el país, los datos del Censo que grafica el Atlas muestran que solo en el 42 por ciento había niños y adolescentes (uno solo generalmente, y el 49 por ciento convive con sus dos padres). Y, aunque al dialogar con las mujeres se halló que el ideal reproductivo eran dos hijos, la mayoría no había logrado concretarlo por razones económicas, de superación o de vivienda.

Como confirman otros estudios demográficos, en Cuba predominan las familias bi y tri-generacionales, pero a la vez aumentan los hogares monoparentales, integrados fundamentalmente por madres solteras, lo cual requeriría de una revisión de las políticas públicas que apoyen a estas mamás.

El estado civil predominante de los padres es la unión consensual, motivada por la pérdida de la tradición matrimonial y el auge de las relaciones informales. El nivel escolar mayoritario de quienes así conviven es el medio superior y generalmente trabajan, aunque un 43 por ciento de las madres se dedica a quehaceres del hogar.

Por último, en una caracterización elemental de las viviendas donde existen niños y adolescentes, el Atlas representó una mayoría de casas fabricadas de bloques y/o hormigón, con techo de placa o losa en las áreas urbanas y planchas de fibrocemento o cinc en las zonas rurales.

En la cocina, la energía eléctrica es la más empleada, seguida del gas (predominante en La Habana) y la leña y el carbón (preponderante en más de la mitad de los municipios orientales).

El abasto de agua en el país es mediante tuberías, excepto en un 17 por ciento de territorios donde predomina el suministro mediante pozos; un tres por ciento, donde la fuente son los ríos y manantiales, y un 15 por ciento donde se acarrea o se abastece por pipas, mayoritariamente en Granma, Las Tunas y Camagüey.

Solo el dos por ciento de las viviendas en Cuba no reciben electricidad de la Unión Eléctrica. De estas, la mitad se alumbra con keroseno y un 12 por ciento con fuentes renovables de energía.

El Atlas: la ruta hacia la riqueza verdadera

Un mundo a su tamaño.

Las ilustraciones del libro estuvieron a cargo del joven pintor Niels Reyes, quien aportó más de 20 piezas gratis. (Foto: TOMADA DEL ATLAS).

Como mapa del tesoro, el Atlas va dando pistas en lo que hay que trabajar, analizar, socializar. “Es a partir de la integración de sus indicadores que empieza a dar resultados, que aporta nuevos datos, en torno a la vida de los niños y adolescentes en los diferentes territorios”, explicó la doctora Íñiguez.

Con esta herramienta, las autoridades podrán valorar y comparar a corto, medio o largo plazo, el impacto de estrategias como los Lineamientos de la Política Económica y Social, y de políticas concretas como la expansión del trabajo por cuenta propia, sobre el nivel de ocupación de los padres; o saber cómo influye el programa de cambio de matriz energética en el acceso a la energía eléctrica en los municipios rurales intrincados.

Además, el Atlas puede ser referencia permanente en la formulación de estrategias que acompañen la actualización del modelo económico cubano.

“Otras funciones del Atlas son visibilizar las desigualdades –que no necesariamente son negativas, si se trabaja en función de garantizar prioridades– y apoyar el desarrollo local, teniendo en cuenta que ahora, cada Consejo de la Administración Municipal (CAM), sabrá en qué posición se ubica su territorio en cada indicador, y a partir de esos datos podrá encaminar acciones”, añadió la investigadora.

Por su parte, María Machicado agregó que la Unicef, junto al resto de las organizaciones de Naciones Unidas establecidas en Cuba, pronto renovará el marco de cooperación, que incluye la planificación de las inversiones y convenios de colaboración. Con el Atlas estos proyectos se podrán focalizar en las áreas que requieran más atención y en los lugares donde tengan mayor impacto en la vida de los niños.

Como parte de la divulgación del trabajo se han enviado copias del Atlas a todas las universidades, las oficinas municipales de la ONEI y los CAM.

Iniciativas como esta muestran el compromiso de las instituciones científicas y organismos internacionales de seguir aportando al país para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible; de contribuir a disminuir las brechas y desigualdades de acceso, mostrar a la familia cubana en su heterogeneidad, adaptar las políticas nacionales a la localidad y ubicar a los niños y jóvenes en el centro de un proceso del cual son principales beneficiarios y protagonistas.


Lilian Knight Álvarez

 
Lilian Knight Álvarez