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Publicado el 8 Agosto, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

De la Universidad a la realidad

Jóvenes trabajadores de la minería, Pinar del Río. Foto: Jorge Luis Sánchez Rivera.

(Foto: Jorge Luis Sánchez Rivera)

Aunque se ha avanzado en el acercamiento universidad-centros de trabajo, quedan asuntos que perfeccionar, como la correcta coordinación entre academia y empresa para el período de adiestramiento, adaptación y complementación de la formación de los egresados

La educación en Cuba no solo es un derecho básico universal, sino también un componente primordial en el desarrollo y crecimiento económico de un país con pocos recursos naturales. Por esta razón, la enseñanza, especialmente la superior, encuentra un lugar priorizado dentro de las políticas sociales.

La disposición de recursos humanos y materiales en las universidades, y el empeño de los jóvenes y la familia en general, han permitido que hoy se gradúen profesionales de las artes, las ciencias naturales, médicas, exactas, pedagógicas, sociales, económicas, humanísticas e ingenieriles…

Este curso suman 1 769 los egresados de la Universidad de La Habana; 1 475 de la casa de altos estudios de Oriente; 1 368 de la Marta Abreu, de Villa Clara; 317 de la Universidad de Ciencias Informáticas, entre otros importantes centros formativos, que contribuirán a seguir construyendo el futuro del país, y que se añaden a los casi millón y medio de profesionales –solo en la salud son cerca de 15 mil anuales– formados desde el triunfo de la Revolución hasta hoy en las 50 instituciones superiores y las 126 sedes universitarias municipales.

Cada centro laboral debe transformar su quehacer en aras de que el egresado universitario, ávido de transformar y desarrollar su entorno, pueda aplicar allí cada conocimiento y contribuir al desarrollo social, económico e investigativo del país con lo aprendido en sus años de estudio

Finalizar el camino iniciado el primer día de clases, que incluyó desvelos, estudio y sacrificio es para muchos momento de sosiego. Pero, en realidad, es entonces cuando comienza una nueva etapa que puede ser de fuertes contrastes al iniciar la vida profesional y la inserción en el mundo laboral.

¿Qué pasa si al llegar a la empresa u otro centro donde se le ubique no existe un plan de adiestramiento para ese joven universitario? ¿O si este, por limitaciones materiales u organizativas, no puede aplicar allí los conocimientos adquiridos?

Aunque se ha avanzado en el acercamiento universidad-centros de trabajo, quedan asuntos que perfeccionar, como la correcta coordinación entre academia y empresa para el período de adiestramiento, adaptación y complementación de la formación de los egresados, como reconoció José Ramón Saborido, ministro de Educación Superior, en entrevista concedida a BOHEMIA.

Cada centro laboral debe transformar su quehacer en aras de que el egresado universitario, ávido de transformar y desarrollar su entorno, pueda aplicar allí cada conocimiento y contribuir al desarrollo social, económico e investigativo del país con lo aprendido en sus años de estudio.

la universidad no debe ser una academia encerrada en los libros, los laboratorios o en sí misma

Por su parte, la universidad no debe ser una academia encerrada en los libros, los laboratorios o en sí misma, sino debe ajustar su contenido en función de la realidad, para dar respuesta a las demandas del desarrollo nacional y mantener una formación integral, humana, solidaria.

En momentos en que miles de jóvenes viven la alegría de obtener su título de graduados universitarios, vale enfatizar que, ellos, la nueva generación, tienen el desafío de acompañar los procesos de cambio y actualización del modelo económico y social cubano, y de mantener el compromiso con la esencia humanista y ética de la Revolución.

La Revolución confía en los jóvenes y necesita de ellos para que sean continuadores en la perfección de esta grandiosa obra que es nuestra sociedad de hoy y del futuro.

Miles de egresados se incorporarán a consultorios y centros hospitalarios para brindar atención de excelencia a pacientes en zonas de difícil acceso en Cuba u otros países del mundo; a los centros de investigación biotecnológica, donde se generan tratamientos para el cáncer o la diabetes u otras; a las escuelas, a los programas de informatización de la sociedad, a la prensa, a la producción petrolera o a cualquier otro sector de impacto en el desarrollo local o nacional.

Siguiendo el legado de Fidel, continuarán promoviendo los valores más genuinos del ser humano, consolidando el socialismo próspero y sostenible al que aspiramos, participando, debatiendo, opinando, entregando sus saberes y seguir aprendiendo.

Cuba es ahora más que nunca un desafío. La manera en que enfrentemos los próximos años y en la que cada uno aporte a la construcción social, definirán el éxito de los procesos de reforma que impulsa el país. La Revolución confía en los jóvenes y necesita de ellos para que sean continuadores en la perfección de esta grandiosa obra que es nuestra sociedad de hoy y del futuro.


Redacción Digital

 
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