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Publicado el 21 Septiembre, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Nacionales
 
 

TRÁMITES INDESEABLES: ¿Por qué nos complican tanto la vida?

Son muchas, y justas, las quejas y demandas de la ciudadanía ante trámites que se duplican, triplican, complican, y a veces casi se eternizan, fuera de toda lógica y pese a intentos de racionalización infructuosos

Laberinto burocrático/ caricatura MelaítoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

La función pública no acaba de ofrecer a los ciudadanos la atención debida para satisfacer muchas de sus necesidades. Se habla de lucha contra el burocratismo y se experimenta en la búsqueda de facilitación de los trámites, pero el papeleo, la diligencia innecesaria, el maltrato al recibir el servicio –“porque es un favor el que te hago”–, la insensibilidad, no solo irritan, exasperan, sino además amparan esas “soluciones” por “la izquierda”, a las que a menudo se ven abocados quienes tratan de resolver algún problema.

Hace unos días, en un local de despacho de las llamadas “balitas” de gas, un hombre mayor estaba bastante molesto porque venía de pasar buen rato en la oficina municipal, algo lejana de allí, a la que había ido a renovar su contrato para recibir aquel servicio. El documento tenía un error, debido al cual el empleado del despacho le dijo: “Lo siento, no puedo servirle así la balita porque me busco un problema. Tiene que volver mañana allá para que le habiliten bien el documento”.

Después de rezongar, el hombre exclamó que en Cuba lo habíamos resistido todo: el período especial, con los “alumbrones”, la falta de alimentos y los inventos para sobrevivir; el bloqueo… pero no hemos podido contra el papeleo. “Nos hemos acostumbrado –decía– a resolverlo todo con papeles para hacer modelos y documentos en cantidades industriales y habría que ver si la mayoría de los funcionarios los leen, o los engavetan. Si faltara papel, seguro colapsarían muchas instituciones”.

Pena, trámites y agobio

Caricatura hacer la vida un yogur/ lachispa del humor Otro caso: alguien conocido de este periodista sufrió recientemente el fallecimiento de un familiar cercano. Como es debido, fue a darle de baja en el Registro de Consumidores (Oficoda), donde se sorprendió por la cantidad de modelos y anotaciones que requiere ese proceso. Pero peor le resultaron los trámites con la chequera para transferirle la pensión a la viuda e iniciar los procedimientos para el cambio de propiedad de la vivienda.

Solo en gestiones de certificaciones se encontró que para obtener la de matrimonio del fallecido tenía que ir del municipio de San Miguel del Padrón, donde reside, al de Playa, mientras la de defunción tenía que buscarla en el Cerro y la de nacimiento en Diez de Octubre. Todo eso, en la época de la tecnología, la computación, las redes sociales; en servicios tan sensibles y recurridos como los de las oficinas del Registro Civil y las notarías, en los que cada vez más es un imperativo informatizar, para simplificar y agilizar trámites.

Puerta abierta… a la machacadera

En relación con la vivienda, solo referiré el caso de la “puerta infortunada”. Me explico. Un vecino quiso abrir una puerta a la calle en un recinto aledaño al garaje de su casa, cumpliendo lo legalmente dispuesto y desoyendo a quienes le decían “ábrela y que vengan y te pongan la multa, pero ya resolviste el problema”.Burocratitis

Así, en la dirección municipal correspondiente inició el trámite, para el que debía presentarse con el carné de identidad, la propiedad del inmueble, la solicitud por escrito de lo que quería hacer y los sellos del timbre, para el pago del impuesto.

Llegó a las siete y treinta de la mañana, porque le dijeron que el lugar abría a las ocho. Su primera sorpresa fue que daban 25 turnos y él era el 23, aunque no veía tantas personas allí. Luego se enteró de que hay coleros que llegan en la madrugada, separan una cantidad de turnos y los venden a otros ciudadanos necesitados.

Concluido el trámite, una funcionaria le comunicó gentilmente que en un plazo de hasta 15 días irían a la vivienda para corroborar la solicitud. La ingeniera que fue a los pocos días señaló que en el interior de la vivienda se habían hecho algunas remodelaciones, por lo cual habría que contratar los servicios del arquitecto de la comunidad para que hiciera el croquis de la puerta y el documento de las rehechuras, que permitiesen actualizar la propiedad. Precisó que en dos semanas se podía recoger la certificación técnica.

Allí fumé

Caricatura: Allí fumé/ LacosteLlegado el momento, el ciudadano fue adonde había iniciado los trámites, hizo la larga cola y cuando le llegó el turno, una amable y sonriente empleada le dijo que se había equivocado, porque esa certificación técnica debía buscarla en la Dirección de Planificación Física, distante de allí varias cuadras. Raudo y veloz fue hasta esa dirección e hizo otra cola, para obtener, al fin, su documento.

Teniendo en cuenta que era viernes, algo tarde, dejó para otro día el trámite en las oficinas del arquitecto de la comunidad, ubicadas en otra dirección del municipio. Como le habían dicho, llevó la propiedad del inmueble y el documento técnico de Planificación Física. La arquitecta que le atendió le explicó que el tramité era complejo y podía demorar varias semanas, debido a la carga de trabajo que tenían, que lo llamaría, lo cual hizo 20 días después.

Cuando la especialista concluyó sus mediciones del local donde se abriría la puerta, necesarias para la solicitud de la licencia constructiva, y de anotar las remodelaciones de la vivienda, para incluirlas en el documento de actualización de la propiedad, se percató de que la casa tenía un terreno aledaño que constituía otra propiedad y les dijo a los domiciliados que debían ir de inmediato al Registro de la Propiedad a inscribirlo, pues a fines de mes culminaba el plazo para ello. El croquis y los otros documentos los tendría listos en el plazo de 20 a 30 días, informó.

El vecino fue a las 48 horas a las oficinas del Registro de la Propiedad (una cuarta dirección en el municipio) y después de algunos percances le extendieron el nuevo documento que debía llevar a trámites de la Vivienda, para que fueran a medir los linderos correspondientes.

PCaricatura peloteo/ José Luisara no complicarse la vida decidió esperar los documentos de la arquitecta y realizar las tres gestiones de una vez, cosa que hizo un mes después con la consiguiente cola en Vivienda, papeleo, sellos del timbre impuesto y la espera de la visita para medir los linderos del terreno. Tras esa gestión, esperó otras tres semanas más para acudir a Planificación Física, en el municipio, donde le entregaron todos los documentos y autorizaciones.

Después de narrarme toda esta odisea, la pregunta lógica del vecino fue la siguiente: ¿si se decidió unificar todas esas instituciones, por qué no sucede que uno llegue allí, haga su solicitud, le abran un expediente, realicen todas las gestiones y luego le cobren el servicio?

Igual valdría hacer con los trámites de los trabajadores por cuenta propia, sometidos a más de una cola para una misma gestión, papeleos, y dale para aquí y para allá, entre las direcciones de Trabajo y la ONAT.

La tecnología pudiera simplificar. No pocas personas aducen que la pirámide está invertida, porque seguramente en las instancias superiores la informática está posesionada, pero no en estos lugares donde tienen que lidiar directamente con las solicitudes de los ciudadanos.

La taza del martirio

Caricatura La cola/ José LuisEl colmo del papeleo fue esto otro que le sucedió a un colega. Él y su esposa se la pasaron ahorrando para hacer una reparación capital en el baño de su casa. Compraron primero una caja de azulejos y luego la taza y el lavamanos, del mismo color que aquellos. El día que el albañil montó la taza se percataron de que esta llegó de China con un defecto de fábrica casi imposible de detectar: la parte interior de la sifa del mueble sanitario de cerámica no se cocinó debidamente y, por consiguiente, no tenía la “ollita” que retiene agua e impide el retorno de los gases de la red de albañales”. De ahí que resulta una especie de excusado moderno del que emanaba el mal olor de la fosa.

Mi colega tomó fotos de la instalación de la taza, buscó el comprobante de compra e hizo una carta de reclamación, explicando todos los detalles. La llevó a la tienda donde la adquirió, en divisas,  y una responsable le dijo que todo debía ir a una comisión en una dirección superior para que decidieran. Pasados treinta días sin recibir notificación, volvió a la tienda, donde se disculparon y le dijeron que no se impacientara (el mal olor del baño tenía locos a todos en su casa) porque eran varios casos de reclamación y, además, un grupo de expertos tenía que ir a verificar in situ los hechos.

Después de muchos avatares y molestias, y de la visita del mencionado grupo, al día 51 lo llamaron para que decidiera si aceptaba la devolución del dinero o compraba otra taza, cosa que decidió hacer allí mismo, ya que había en venta, del mismo modelo y color. Pero… le dijeron que en esos dos meses había subido de precio y debía pagar la diferencia.

Parece jarana, pero son hechos reales que dañan la credibilidad de los esfuerzos del Gobierno y demás instituciones del país por solucionar los problemas de nuestra vida cotidiana. Esfuerzos que no siempre encuentran respuesta consecuente de muchas administraciones, insensibles a los reclamos de la población.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina