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Publicado el 29 Octubre, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial: ellos estarán en nosotros siempre

 

Con humildad, pero con el corazón desbordado de orgullo, los cubanos dignos estamos revisitando la gesta fundacional de nuestro siglo y medio de honroso batallar por la libertad y la justicia. Dan pena los incapaces de compartir esa gloria, como permanente levadura de vergüenza y conducta ética para todos los tiempos.

Sí, porque no se trata solo de reverenciar la historia de un pueblo heroico y rendir homenaje a sus protagonistas, sino de ahondar en la comprensión de lo que hemos sido, somos y seremos como nación fraguada –por imperativo de poderosas fuerzas externas– a un costo de inmensos sacrificios.

Este aniversario 150 del inicio de nuestra Revolución, encabezada por Céspedes y continuada por Martí, la misma que Fidel con los nuevos mambises condujo al triunfo definitivo –que cumplirá seis décadas en el amanecer del próximo enero–, sin duda alguna cala profundo en las conciencias cubanas, en ese renuevo perenne e inmortal con el que Che y Fidel identificaron en Camilo a nuestro pueblo

Las visiones, convicciones y actitudes nos enseñaron a asumir el deber con la patria y los principios más justos contando con nuestras propias fuerzas, y a sobreponernos ante las más duras adversidades con fe inquebrantable en la victoria. También las miserias que corroen y restan impulso ante los grandes desafíos, convidan a conocernos mejor en virtudes y defectos.

Este aniversario 150 del inicio de nuestra Revolución, encabezada por Céspedes y continuada por Martí, la misma que Fidel con los nuevos mambises condujo al triunfo definitivo –que cumplirá seis décadas en el amanecer del próximo enero–, sin duda alguna cala profundo en las conciencias cubanas, en ese renuevo perenne e inmortal con el que Che y Fidel identificaron en Camilo a nuestro pueblo.

No le faltaron al eterno Comandante en Jefe las palabras luminosas en el primer centenario del 68, para mostrarnos a un Padre de la Patria que no lo fue solo por el gesto de anteponerla a la vida de uno de sus hijos, sino por desencadenar al hermano negro y mestizo para que pudiese acceder como igual a la condición de ciudadano y pelear voluntariamente a su lado por el mismo ideal libertario y justiciero. Como lo acaba de subrayar en la misma Demajagua Miguel Díaz-Canel Bemúdez, nuestro presidente, y principio esencial que Raúl ha reafirmado de unidad nacional inclusiva y contraria a cualquier forma de discriminación.

El temple de Céspedes y el virtuosismo de Agramonte, sembrados por el Apóstol y cultivados por su mejor discípulo en el sentimiento nacional cubano, hacen que no solo sean paradigmas, sino compañeros.

Porque a la hora de la guerra necesaria, Martí y Gómez escribieron en Montecristi que se continuaba la misma revolución iniciada en Yara. Y porque Fidel nos enseñó que en Cuba ha habido una sola Revolución, la que comenzó Céspedes y que nosotros llevamos hacia adelante victoriosamente; como también que nosotros entonces seríamos como ellos, y ellos hoy serían como nosotros.

Igualmente, indeleble impronta en la conciencia nacional deja la intransigencia revolucionaria de Maceo ante la claudicación zanjonera, para inspirar que Cuba sea siempre un eterno Baraguá.

¿Y quién de buena fe pudiera negar que desde esas fecundas raíces, a su vez sustentadas en las que antes expresaron la resistencia precursora, los primeros brotes del sentimiento y pensamiento cubanos, y la aurora de una cultura nacional original y auténtica, fructificaran los valores más definitorios de esta cubanía que hoy nos enorgullece?

Inscriptos sus nombres, o la certeza de su inmolación anónima, en el panteón sagrado de nuestros héroes y mártires ellos y ellas nos acompañan. Los de las tres guerras por la independencia de España. Los que no se resignaron al dominio imperial y continuaron batallando en la república neocolonial. Los de la Generación del Centenario, el Moncada y el Granma, los levantamientos de Santiago y Cienfuegos, las sierras, llanos y clandestinidad urbana… Los de la Alfabetización, Girón y lucha contra bandidos… Los de las misiones internacionalistas contra poderes coloniales e imperiales y sus secuelas de miserias y enfermedades… Los que en silencio tienen que entregarlo todo… Los que enaltecen a Cuba desde la ciencia, la cultura, el deporte… Los que no cejan en el empeño también heroico por forjar una tradición de trabajo cotidiano productivo y eficiente, a pesar del criminal bloqueo; porque prevalezca la virtud, la honradez, la decencia…

Los que aman, unen y construyen –frente a los que odian, dividen y destruyen–, no serán nunca pasado, sino compañeros perpetuos del presente y el futuro, de siempre.


Redacción Digital

 
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