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Publicado el 16 Noviembre, 2018 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

La Habana en tres vueltas a la ceiba (+ videos y fotos)

En su condición de anfitriona de la fiesta por los 499 años, pudiera parecer que La Habana se ha bañado en las aguas del Golfo, se ha peinado ante el espejo del sol y ha cosido sus vestidos con finas hebras de plata regaladas por la luna
La Habana en tres vueltas a la ceiba.

Darle tres vueltas a la ceiba y pedir un deseo, la medianoche del 16 de noviembre, se mantiene como una tradición muy vinculada a cada aniversario de la Villa de San Cristóbal de La Habana. (Foto: habanaradio.cu).

Por IRENE IZQUIERDO
Fotos: ANARAY LORENZO

Vuelve la tradición, como cada 15 de noviembre. Retorna, tocando a las puertas, las murallas, los adoquines… las viejas fachadas rejuvenecidas y a las rejas tejidas con hilos de hierro, como para atrapar el tiempo en cada punto. Esta vez viene con figura de jueves, que a la espera del viernes de aniversario, hace guiños al mar, al viento y a la alegría de la gente. La añeja costumbre invita a nativos y foráneos, porque a la ceiba fundacional -a la vera de El Templete-, llegan miles de personas, a pedir un deseo a los magos de los sueños y la prosperidad, mientras bordean tres veces el rugoso tronco.

En su condición de anfitriona de la fiesta por los 499 años, pudiera parecer que La Habana se ha bañado en las aguas del Golfo, se ha peinado ante el espejo del sol y ha cosido sus vestidos con finas hebras de plata regaladas por la luna. ¡Nada de eso! Un verdadero ejército, armado hasta los dientes de conocimientos, como herramientas habilitadas para la restauración y empeñadas en batir las arrugas y los achaques propios del paso de siglos, los daños de los depredadores y las lesiones causadas por las contingencias meteorológicas, trabaja para devolverle una maravillosa lozanía.

Paisajes como este han inspirado canciones, poemas y hasta declaraciones de amor.

¡Bella! -tal vez cansada debido a la lucha por mantenerse esbelta como ninguna otra de sus contemporáneas-, la Villa de San Cristóbal de La Habana celebra y promete alzar una copa gigante por su medio milenio, en 2019. Ahora concentra todas sus energías en la tradicional Ceremonia de la Ceiba.

PRIMERA VUELTA A LA CEIBA. Hecho fundacional, identidad, tradición

El Templete, un pequeño y solemne recinto, en el noreste de la Villa, se construyó justo donde se había plantado la primera ceiba; luego vendrían otras, pero a tres metros del sitio original, donde echó sus gruesas raíces la misma que dio sombra a la primera misa y al primer cabildo, en ceremonia fundacional. Lienzos de Juan Bautista Vermay, pintor francés que vivió en Cuba hasta los últimos días de su existir, dan en los frescos que visten el local una visión personalísima de lo ocurrido aquel domingo de 1519.

Una investigación realizada por un equipo de la revista BOHEMIA para la Sección EnCuba, que se publicó el 12 de octubre de 2015, dice: “Fundada al menos tres veces, entre 1514 y 1519, siempre en una ribera fluvial o marítima, los asentamientos temporales de la ciudad culminaron junto a un lugar geoestratégico: la bahía. Este espacio entonces llamado Puerto de Carenas, se vinculó a las nuevas rutas marítimas entre las tierras continentales y el Nuevo Mundo, y a la defensa de la villa.

“Al convertirse en 1553 en sede central del gobierno colonial, hasta entonces ubicada en Santiago de Cuba -agrega el estudio-, gana una posición sociopolítica privilegiada. Con el sistema de flotas su crecimiento se liga a una economía de servicios que afianza su poderío económico y cultural en el contexto nacional”.

Forma parte de la identidad el culto a las deidades.

La Habana fue para España también un trampolín de expediciones de conquista, entre ellas la dirigida hacia la Florida por Hernando de Soto, en aquel momento gobernador de la Isla, quien a la partida deja en el cargo a su esposa Isabel de Bobadilla, con la promesa de un regreso que nunca se concreta, motivo de inspiración de la vigilante Giraldilla, poético símbolo de la ciudad.

Poseedora del más impresionante sistema de fortalezas coloniales, que incluye tanto la más vieja como la más grande -el Castillo de la Real Fuerza, y la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, respectivamente- construidas por europeos en América, la condición de urbe fortificada está irremediablemente ligada a su identidad. Representativos íconos devinieron el cañonazo con que se marcaba la apertura y el cierre de la vida de intramuros y la imponente construcción del Morro, siempre presente en postales y guías de turismo.

Y La Habana creció, escribiendo cotidianamente su historia, afianzando cubanía, multiplicándose para el día a día y para el futuro. Avanzó, deshojando meses, años, siglos…, a través de los cuales tomó forma una ecléctica capital, en la que florecieron amores, espiritualidades y, sobre todo, identidad.

Mezcla de muchas culturas es el cubano: de sus pobladores originarios, porque cuando los españoles llegaron, ellos vivían aquí, con sus culturas, tradiciones y formas de hacer; de los españoles, dueños de los destinos de esta Isla caribeña por más de cuatro siglos; de los negros africanos que vinieron como mano de obra impuesta a los campos de caña, centrales azucareros y a  otras labores fuertes –y a fusionar la sangre y los genes inoculados en amores furtivos o forzados, para dar paso a los mulatos, que tan bien nos identifican hasta nuestros días-; de los asiáticos, en especial chinos y japoneses, quienes desde la lejana Asia soñaban con tesoros, cuyas arcas jamás se les abrieron.

Y es precisamente un símbolo del crecimiento de esas tradiciones darle las vueltas a la ceiba. En una sociedad amante de la religión, venerar al santo patrono es muy importante, en este caso San Cristóbal –el 25 de julio-, nombre de la Villa. En su edición del 21 de noviembre de 2016, la revista OPUS HABANA precisa:

“[…] Sobre la petición de iniciar tal festividad ese día del santoral, hay constancia en varias actas capitulares correspondientes a 1625, así como sobre la creación de una hermandad con tal propósito en 1631, la cual se encargaría de organizar la procesión con la figura del santo en andas y demás requisitos que se sumaban al oficio de misa en la Parroquial Mayor. Asimismo, esos documentos consignan que hacia la tercera década del siglo XVIII esa celebración se había pasado para el 16 de noviembre, y así quedó registrada por José Martín Félix de Arrate en el índice de festividades anuales que aparece en su Llave del Nuevo Mundo”.1

Quedó la tradición, hasta hoy. De muchos lugares de la Isla y de diversos países llegan, la víspera del aniversario de la Villa de San Cristóbal de La Habana; alrededor del Iroko o árbol sagrado –según la religión africana– andan; lo hacen en contra de las manecillas del reloj, hombres, mujeres y niños. Caminan despacio, concentrados en el deseo que precisan ver hecho realidad, mientras otros toman como una diversión convertir a la ceiba en su confidente.

A los que vienen por vez primera les resulta muy curioso ver cómo, al depositar unas monedas en el tronco del mudo y enhiesto árbol, cada persona siente que ha sellado un pacto con lo posible. Hecho histórico, religioso y poético, la concurrida ceremonia tiene su impronta en los valores patrimoniales de esa parte de la capital cubana, que ostenta la condición de Patrimonio de la Humanidad desde 1982.

SEGUNDA VUELTA A LA CEIBA. La Habana no es solo el Centro Histórico

Muchas familias contribuyen, desde el embellecimiento de sus viviendas, al cuidado y conservación.

¿Cómo hablar de La Habana, no solo de su centro, sino también de la periferia, sin que el corazón lata más aceleradamente debido a la emoción? ¿Cómo no sentir que es tuya, mía… de todos, pese a que en ella reconocemos todos los días lo mucho que se debe trabajar  aún para mejorarla? Con virtudes y defectos ahí  está, zalamera, alegre, presta a ganar la simpatía de quienes la visitan, siempre que lo hagan con amor.

Para muchos, La Habana es el juego constante de luces y sombras, donde el tiempo se confunde y uno no sabe nunca la forma de eso que te atrapa; la autenticidad de sus espacios; y el misterio que envuelve hasta su constitución, forman parte del eterno hechizo de esta urbe.

“El anterior historiador de la ciudad, Emilio Roig destaca el hecho de que durante casi toda la época colonial, la historia de Cuba es la de La Habana. Relata cómo el libertador Simón Bolívar al referirse a la posible independencia de la Mayor de las Antillas, habla únicamente de la liberación de La Habana. Mientras a los ingleses solo les bastó la toma de esta ciudad para considerarse los nuevos colonos de la isla”.(2)

La Habana atesora numerosas singularidades, desde lo cultural hasta lo económico. Por sus calles transitó el primer automóvil de Cuba, en diciembre de 1898.  Muchos años antes, en 1819, su puerto recibió al primer barco de vapor que conocieran los puertos latinoamericanos. El cinematógrafo llegó a la Isla, a dos puertas del habanero teatro Tacón, solo dos años más tarde de la primera exhibición hecha en París por los hermanos Lumière. También fue la ciudad donde el italiano Antonio Meucci dio origen al teléfono.

“Al triunfo de la Revolución se intentó equilibrar el desbalance producido por siglos entre la capital y el resto de las localidades, lo cual supuso una disminución del ritmo de desarrollo, pero no por ello pierde el sentido de lo real maravilloso que tanto le identifica”.

Los restauradores poseen un elevado nivel de especialización.

Valga un paréntesis para comentar que La Habana es la más pequeña de todas las provincias del país y representa solo el 0,6 por ciento del territorio nacional.  Se ubica al Noroeste de la Isla mayor del Archipiélago. Tiene una extensión territorial de 728,26 kilómetros cuadrados.

El Censo de Población y Vivienda de 2012 registró a 2 millones 105 mil 291 habitantes; pero según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, en su Anuario de 2016, había 2 millones 123 mil 595. La densidad poblacional asciende a unos 2 mil 918 habitantes por kilómetro cuadrado.

Además de La Habana Vieja,  tiene otros 14 municipios: Playa, Plaza –asiento de la mayor parte de los Organismos de la Administración Central del Estado-, Centro Habana, La Habana del Este, Guanabacoa, San Miguel, Diez de Octubre, Cerro, Marianao, La Lisa, Boyeros, Arroyo y Cotorro. En ellos están representadas todas las actividades económicas, con predominio de sectores como: Industria, Turismo, Comercio, Ciencias, Transporte, Administración y Servicios.

La capital está llena de historias y espacios  que conservan la imagen o el nombre de medio siglo atrás, al menos en la memoria de quienes la habitan. Porque si de algo se ha formado la identidad habanera, es de las particulares apropiaciones que, sin constituir un todo uniforme, se hacen presentes en cada palabra, línea o nota que tantos le han dedicado.

Y es precisamente uno de sus mayores pilares, el carácter único de la experiencia que brinda, el valor de  costumbres hechas tradición. Sentarse en el malecón es un ritual para los moradores de la ciudad. El mar visto como santuario; un lugar donde se lloran y confiesan amores y pecados, renueva la esperanza y da espacio al  perdón y el olvido.

La más alegre, pintoresca y encantadora de las ciudades, como expresara Alejandro de Humboldt, se define necesariamente en la transculturación que marca tanto sus dinámicas sociales, como su arquitectura y urbanismo. El sociólogo Carlos García Pleyán encuentra en este punto uno de sus atractivos a través de los siglos, una ciudad “arquitectónicamente ecléctica, humanamente múltiple, universal”. Posiblemente es este uno de los aportes más concretos a la identidad nacional que, independientemente de sus particulares signos, se ha formado con la razón y la fe de diversas culturas.

Sobre dicho punto el historiador de la ciudad, Eusebio Leal, expresa: “Lo interesante de La Habana es que por su estilo, su urbanismo, por haberse encontrado en el centro de ese lago americano mediterráneo, recibió influencias múltiples, en tiempos diversos y eso la convierte en una ciudad muy atractiva. Aun decadente, aun golpeada por circunstancias diversas, La Habana sigue sorprendiendo”. (3)

A partir del siglo XIX la urbe es referencia cultural en Latinoamérica, y  para el historiador Antonio Álvarez Pitaluga, en ello contribuyó el poderío económico de la gran burguesía esclavista occidental que legitima su desarrollo económico mediante la cultura. De tal forma que grandes compañías de teatro, ballet y ópera del momento hacen escala aquí. “No venir a la Habana era un pecado económico pero también un pecado cultural”.(4)

Museo de la Ciudad, recinto lleno de historia.

En consecuencia, la ciudad ha sido escenario tanto de una  vida de teatros y salas de conciertos, como de bailes populares, boleros y feeling. Hoy acoge a numerosos eventos, entre ellos el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, la Feria Internacional de Artesanía y la Bienal de Artes Plásticas, junto al ímpetu de artistas de todas las manifestaciones. Mientras, a pequeños pasos, renace la ciudad de medianoche con emprendedores que en bares y cafés intentan no perder ese aire, lúdico, bohemio, diverso.

Sin embargo -añade el estudio de referencia-, su imagen urbana sufre cotidianamente con hábitos ajenos a ella. Si bien los paseos en coches tirados por caballos y las sábanas blancas colgando de los balcones, son pintorescos íconos de su identidad, difícilmente le favorezcan la crianza de pollos, cerdos y ovino-caprinos, o la actitud de quienes la convierten en un gigante basurero y la contaminan con música estridente.

En 2016  esta capital fue seleccionada entre las siete Ciudades Maravilla del Mundo. En palabras del presidente de la fundación organizadora de esta iniciativa, Bernard Weber, las escogidas entre más de  mil 200 candidatos de 220 países diferentes, “representan la diversidad global de la sociedad urbana”. Criterios también válidos a la hora de este análisis son la hospitalidad y la alegría del habanero, como todos los cubanos.

En armonía con lo anterior, hay lunares que marcan y empañan el encanto de toda La Habana hacia los cuatro puntos cardinales. Es factible referirse a las indisciplinas sociales, que atentan contra la belleza del patrimonio, y abarcan desde no cuidar los medios del transporte urbano, hasta los bancos de un parque, donde hasta los mismos depredadores precisan sentarse a descansar en algún momento. O la negligente actitud de los obreros de Servicios Comunales, quienes al recolectar la basura, deterioran las aceras, sin que a los culpables se les sancione por ello de la manera que corresponde.

En este sentido, urge la adopción de las medidas pertinentes por parte de las autoridades a quienes corresponde, para frenar definitivamente un deterioro que lacera al patrimonio.

Entre los programas priorizados por las autoridades gubernamentales aparece el impulso a la solución de los problemas habitacionales.

Respecto a los añejos inmuebles, las acciones de mantenimiento, restauración y conservación realizadas en las últimas décadas han permitido la resurrección de algunas de sus zonas. Sin embargo, hay aún mucho por hacer, no solo para no perder esos sentidos distintivos, y enfrentar los problemas de toda índole,  que después de casi cinco siglos muestra, sino para prepararnos, como recuerda Leal, para La Habana que vendrá.

TERCERA VUELTA A LA CEIBA. No quedar de brazos cruzados.

Recuerdo haber escuchado decir a mi abuelo -un negro robusto al que desde mi inocencia infantil veía como un sabio- que La Habana guiaba sus pasos entre una  riqueza histórica y arquitectónica que parecían no tener pasado, por duraderas, y el presente en el que muchas personas  tratan de garantizar, sorteando las limitaciones económicas, viviendas, agua, comunicaciones, transporte, higiene adecuada y otros servicios básicos que mejoren la calidad de vida de su creciente población. Tarea ardua para sus autoridades y pobladores, si se toma en cuenta que, pese al avance en edificaciones de gran valor social y económico perviven inmuebles y redes con muchos años de deterioro acumulado.

Pero por esa Habana que pretende eternizar y enriquecer su belleza con la suma de infinitas manos –propias y de otros lares, que se suman en gesto solidario–, trabajan las autoridades locales y estatales, desde la década de los años 80 del siglo XX. Los resultados, aun cuando se palpan en la parte más vieja de la ciudad, todavía no son los esperados.

Y como La Habana toda tiene el derecho de mostrar sus riquezas materiales y espirituales a la Humanidad,  desde hace poco más de un año se han materializado diversas obras de gran impacto social, que han solucionado parte de los problemas acumulados a causa de las carencias financieras y materiales, y de un inadecuado programa de rehabilitación en las comunidades y barrios capitalinos.

Regularmente, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, analiza junto con autoridades de los Organismo de la Administración Central del Estado y de La Habana, el cumplimiento del Programa por los 500 años de la fundación de la Villa. Foto: Estudios Revolución

Son apenas los primeros resultados palpables, tangibles, del programa del Grupo Gubernamental de Apoyo a provincia, rediseñado ahora para conmemorar el aniversario 500 de la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana, y de esta forma impulsar un plan dirigido fundamentalmente al desarrollo económico y social de la urbe, además de fortalecer la identidad, el conocimiento de su historia y el amor de los habitantes por esta inmensa obra.

En la segunda decena julio del actual año el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz- Canel Bermúdez, dirigió una reunión en la que se valoró integralmente todo cuánto se realiza para mejorar el estado de la vivienda, la labor contras las indisciplinas sociales, la creación artística y la programación cultural; el cumplimiento del programa del transporte urbano y los servicios de salud en el sistema de atención primaria; es decir en los Consultorios del Médico y la Enfermera de la Familia.

“Particularmente acerca del programa de la vivienda -publicó Granma en su edición digital el día 20 del propio mes-, Mercedes López Acea, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido, valoró que no solo retrasos de suministros inciden en el incumplimiento del plan, también subsisten múltiples problemas organizativos y ello impide avanzar con mayor celeridad en un tema tan importante para la población y el país”.

Es un tema sensible, pues durante muchos años, más del 50 por ciento del fondo habitacional ha estado en el rango de regular y mal, por lo que es uno de los principales problemas que aquejan a la población. Y, aun cuando no satisface la demanda, desde 2012 se han entregado más de 10 apartamentos, en cumplimiento de un programa encaminado a solucionar paulatinamente este serio problema.

¿Quiénes son los beneficiarios? Los núcleos familiares que por espacio de 20 años o más, han vivido en comunidades colectivas (albergues), o habitado en edificaciones de la llamada “estática milagrosa” –estado constructivo crítico-, en peligro de derrumbe.

Un minucioso trabajo de conservación, desde edificaciones, hasta puertas y dinteles se realiza en La Habana Vieja y otras zonas de la provincia.

Este empeño no se detiene: actualmente entidades constructoras de la provincia llevan a cabo un plan de inversiones con el apoyo de las empresas con posibilidades levantar casas, a través de un programa que tendrá su principal sostén en la producción local de materiales de la construcción.

En opinión de las autoridades políticas y administrativas de la provincia, en los 15 municipios se está haciendo una revolución. Los reporteros han podido constatar que en todos trabajan fuerte, porque La Habana no se puede seguir viendo como el gran municipio, pues cada uno de esos tiene sus particularidades y su historia.

Luis Antonio Torres Iríbar opina que “tenemos una Habana bella que no es citadina, a la que debemos reconocer también; levantarla y divulgar el gran esfuerzo que se está haciendo en cada rinconcito para reanimar su entorno”.

Otros asuntos que ocupan para acicalar a La Habana son, al decir de Reynaldo García Zapata, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular: “la importación de piezas para la reparación de ascensores y carros colectores de basura; la reposición y mantenimiento de equipos en parques infantiles; la instalación de luminarias LED en parques de la ciudad; y la incorporación de camiones con moderna tecnología para la reparación de los viales”.

Para limpiar cotidianamente a La Habana se necesitan alrededor de 12 000 contenedores, de los cuales unos 7 000 son de producción nacional y el resto está en proceso de importación, lo cual aliviará el sensible tema. Son datos que ilustran claramente la magnitud del trabajo y las inversiones necesarias para revertir el estado actual de la higiene, deteriorada en gran medida por la carencia de recursos y la indisciplina social.

Junto con el empeño de la administración por disponer de los equipos necesarios para garantizar la higiene de la ciudad, es preciso erradicar las indisciplinas sociales para evitar la suciedad.

Una ciudad limpia, con edificaciones coquetas, con parques donde se pueda sentar a descansar cualquier caminante, o los niños tengan la posibilidad de jugar lejos del peligro, contribuirá siempre al bienestar de sus habitantes. Un entorno agradable devendrá motivo para estar contentos, algo muy peculiar en los cubanos, quienes se distinguen por reír hasta en los momentos más duros.

Corresponde a cada habanero no abandonar jamás la senda de la alegría; ese estado anímico que lo distingue al cubano en el orbe. Como expresara Eusebio Leal más de una vez, cada habitante de esta Ciudad Maravilla “tiene la altísima responsabilidad de salvar –aun en tiempos perentorios y difíciles– el legado contenido en una de las ciudades más bellas del mundo: la capital épica de la Revolución Cubana, tenazmente defendida en días heroicos, cuna de maestros, de artistas, de intelectuales y de esa miríada de trabajadores que día a día, desde la periferia hasta el corazón, viven en ella y quiéranlo o no, para ella”.

El plan de obras 500

El Capitolio de La Habana es una de las obras que recibirá un notable impulso en su restauración, como parte del programa Obras 500.

Vincula la reconstrucción de edificios emblemáticos:

  • El Capitolio
  • La Terminal de Ferrocarriles
  • El Edificio de la Aduana en la Avenida del Puerto
  • Las instalaciones de antiguos círculos sociales, en el noroeste de la provincia
  • La heladería Coppelia.
  • Los parques de diversiones Lenin e Isla del Coco
  • Los teatros Amadeo Roldán y América
  • Mercados principales
  • Heladerías
  • Tiendas
  • Centros comerciales

Mejoran con este programa los sectores alimentario, la gastronomía y el comercio, el turismo, la salud, la educación, cultura, deporte y recreación, transporte, viales, así como la ampliación de los espacios verdes de la ciudad, con especial prioridad para el esparcimiento sano de niños, adolescentes, jóvenes y personas de la tercera edad.(5).

El doctor Eusebio Leal Spengler, director de la Oficina del Historiador de La Habana, ha sido el capitán de la nave de la restauración, que ha navegado durante muchos años por la capital cubana

ALGUNAS DE LAS PRINCIPALES INSTALACIONES TURÍSTICAS, HISTÓRICAS Y CULTURALES DE LA HABANA VIEJA

La Habana en tres vueltas a la ceiba.

Infografía: REDACCIÓN DIGITAL

La Habana es abierta y cautelosa, atractiva y polémica; alegre como su gente, ardiente y diversa como el Havana Club… y tan enigmática que nadie se atreve a definirla. Varios cubanos –habaneros o no- prefirieron declarar, a su modo, por qué les gusta La Habana, y en cuáles  aspectos debe mejorar. ¡Vean!

 

 

  

   DE LA HABANA, CAPITAL DE TODOS LOS CUBANOS, ALGUNAS PINCELADAS GRÁFICAS

Fuentes:

1-http://www.opushabana.cu/index.php/articulos/5016-vueltas-a-la-ceiba-pasado-y-futuro-de-una-tradicion

2-Revista BOHEMIA, Sección EnCuba, 12 de octubre de 2015

3-Idem.

4-Idem

5-www.bohemia.cu/nacionales/2018/10/la-habana-protagonista-en-fihav-2018/


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo