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Publicado el 2 Noviembre, 2018 por ACN en Nacionales
 
 

ENSEÑANZA ESPECIAL

Pequeños con cualidades extraordinarias

Una de las instituciones escolares que en Cuba atienden a niños con necesidades educativas especiales, ya sean de tipo intelectual o sensorial, es la Fructuoso Rodríguez, de Santa Clara, donde les abren las puertas a las oportunidades
Pequeños con cualidades extraordinarias.

La profe Maricel Carpio aprendió el lenguaje de señas para enseñar a niños sordos.

Por MAIRYN ARTEAGA DÍAZ

Fotos: ARELYS MARÍA ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ

Especial de la ACN para BOHEMIA

Este septiembre Milena Martínez comenzó a estudiar la licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, ubicada en su ciudad natal, Santa Clara.  Pero si bien en Cuba alcanzar ese logro es una oportunidad real entre quienes transitan por todos los niveles previos de enseñanza, para una muchacha ciega como ella el sueño de convertirse en profesional ha requerido una cuota de sacrificio superior.

Sus primeros estudios fueron en la escuela Fructuoso Rodríguez, que atiende a escolares con necesidades educativas de tipo sensorial. También de ese centro egresó alguna vez Leslie Hernández, quien ahora cursa el tercer año de técnico de nivel medio en estomatología y es casi un milagro de la medicina cubana: una niña sordo-ciega que construyó su presente como quiso y una de las pocas que en el país llevan implantes cocleares en los dos oídos.

Hoy, la maestra de primer grado de Milena, educadora de Leslie en alguna ocasión, da clases a un grupo de quinto en el mismo inmueble, integrado por seis infantes sordos profundos.

Pequeños con cualidades extraordinarias.

La escuela Fructuoso Rodríguez constituye centro de recursos y apoyos para otras instituciones de la enseñanza especial e incluso alguna de la regular.

Maricel Carpio ha tenido en sus manos la instrucción de muchos de estos niños especiales en sí, proceso en el que prefiere las aulas mixtas, donde se mezclen las peculiaridades de cada uno en una muestra de inclusión. Así ha trabajado por años y se mantiene abierta a cualquier infante que precise incorporarse a su clase.

La maestra constituye, junto a los demás instructores, la principal fortaleza de la institución: un claustro que se dedica y entiende las necesidades de los infantes y a ellos se consagra con una vocación que raya en lo filial.

La Fructuoso Rodríguez es una edificación enorme, prisión que se reconvirtiera en escuela luego de 1959 y que forma parte, además, de la ruta de la Batalla de Santa Clara, por haber sido uno de los sitios implicados en aquellos hechos de diciembre de 1958.   Ahora, trastocadas sus funciones y aspecto, alberga la esperanza de padres y quimeras de niños. Y no hay mayor satisfacción que cuando se cumplen algunas de estas.

Una escuela, una casa

Son 107 los escolares que este curso componen la matrícula del centro, 42 extrávicos y ambliopes, 10 con baja visión, 17 sordos e hipoacúsicos y 38 que presentan algún trastorno de la comunicación; entre estos últimos predominan el retraso oral y las dislalias simples y complejas, aunque hay dos niños rinolálicos (disminución de la resonancia vocal) y un tartamudo, pero, esos padecimientos son los menos frecuentes.

En la cifra total se incluyen los nombres de los pequeños que aquí aprenden y se educan. Es esta la escuela de Sheila, Cristian, Salma y Diana, parte del grupo de quinto que guía la profe Maricel.

Pequeños con cualidades extraordinarias.

Mediante señas, dice Salma que le gustan las Matemáticas, el Español y la Historia de Cuba.

Cuando uno entra a esa aula lo recibe una expresión corporal eufórica y las sonrisas y gestos llenan los espacios de un sitio donde el silencio se ha hecho dueño y señor.

Cristian, por ejemplo, que es jimagua y su hermano aprende en un espacio aledaño, dice que estudia mucho porque quiere llegar hasta el 12 grado, quizás un poco más allá y las manos le dibujan las palabras desbordadas de entusiasmo y buenos deseos.

Salma, con ojos cerúleos, traviesos, y de temperamento recio, asegura que este curso ha hecho un compromiso para portarse bien y que le gusta aprender las Matemáticas, el Español y la Historia de Cuba.

Los pequeños asisten a la institución desde prescolar y hacen el primero en dos años. Ahora Sheila, ya en quinto, expresa que allí se siente muy bien. Este curso le han explicado las características de las materias que le van a impartir y solo le han pedido que estudie mucho.

La profe Maricel se vuelve maga a los ojos de sus alumnos y se comunica con ellos como si no existieran las barreras. Dice que ha aprendido el lenguaje de señas con y para niños como ellos, que tienen que ir para la secundaria tan preparados como cualquier alumno oyente. Y en un instante sirve de intérprete entre los alumnos y el equipo periodístico.

Los niños son lo maravilloso

Pequeños con cualidades extraordinarias.

Carla Lucía tiene asegurada la lupa que le permite leer.

La Fructuoso… es también la escuela de Carla Lucía, estudiante de cuarto grado, quien carga el peso de una fuerte necesidad visual que la obliga a verlo todo a través de cristales muy gruesos como para aumentarle al mundo su tamaño un montón de veces más. El centro le brinda la lupa adaptada especialmente para ella y cuando egrese de aquí se la llevará consigo, cual especie de lazarillo que aparta las sombras de su camino.

También este es el plantel de Ale, con parálisis cerebral que le afecta sus funciones motoras y de lenguaje. Él oye a la perfección y tiene una inteligencia prodigiosa; y por eso ordena casi a la profe que baje la voz cuando sobrepasa los niveles que a él le gustan.

En el aula de Ale, su mamá sigue de cerca el proceso de aprendizaje. No es que permanezca allí siempre, pero esta vez se le encuentra atenta a la rutina de la que su hijo constituye protagonista. Dice que a él le agrada mucho su escuela y participar de todo como un niño cualquiera, incluso irse a la casa, en el reparto José Martí, en el recorrido que facilita la institución.

En la Fructuoso Rodríguez, la mamá de Ale también aprendió el lenguaje de señas y de ese modo puede comunicarse con su pequeño.

Y es este el centro escolar de algunos alumnos que aun cuando terminan la enseñanza primaria siguen allí porque, además de las necesidades sensoriales, presentan otras de tipo intelectual. Como el hermano jimagua de Cristian, por ejemplo.

Tradición, educación, apoyo

Esperanza Cartas, jefa de ciclo enfocada en los infantes con trastornos de la comunicación y sordos e hipoacúsicos, explica que este se califica como centro de recursos y apoyo de la educación especial y por eso brinda atención no solo a los niños matriculados en él sino a aquellos que, en otras sedes, incluso de la enseñanza regular, presentan las mismas necesidades.

Pequeños con cualidades extraordinarias.

En esta escuela se prepara a los niños para su inserción en la sociedad.

La decisión de traer a los pequeños a instituciones de este tipo corresponde únicamente a los padres.

La Fructuoso Rodríguez –continúa– tiene la característica de ser una institución interna, por el hecho de acoger a alumnos residentes en otros municipios: en estos momentos de Ranchuelo, Santo Domingo, Sagua la Grande y Encrucijada, los que tienen garantizadas condiciones educativas y de vida durante toda su estancia en la escuela. Así también los de Santa Clara, que son trasladados diariamente hasta sus casas en transporte seguro.

En la residencia para los internos los pequeños reciben atención pedagógica durante la tarde y la noche. En ese lugar los acompañan auxiliares, la enfermera, el personal de servicio encargado de velar por su seguridad, en una extensión de sus hogares que cambian de escenario de lunes a viernes.

A la entidad la distingue, igualmente, la peculiaridad de ser una institución de tránsito: una vez vencido el cuarto grado, a los educandos que se les considere listos se reincorporarán en escuelas regulares, según su lugar de residencia.

Por eso, cuenta Esperanza, desde que entran aquí son vinculados a las actividades comunitarias, preparación previa que reciben para su inserción en la sociedad, un camino que se abona al instante mismo en que se diagnostica una u otra necesidad.

En el caso de los que presenten la dualidad de necesidades sensoriales y cognitivas, después de los 13 años y mediante trabajo conjunto escuela-familia, se les enseña un oficio para su futuro desempeño social.

Para Esperanza este es uno de los procesos muy importantes a los que se vincula la instalación y en el que la familia tiene la función primordial; desde ese núcleo se tantean las inclinaciones laborales de los adolescentes, se les gestiona un puesto para aprender un oficio y la escuela monitorea, sigue de cerca, colabora…

A sus estudiantes se les facilita, de igual modo, los implementos que les son imprescindibles para su aprendizaje, y no solo los habituales libros, libretas, cuadernos y lápices, sino los que van acorde con cada una de sus necesidades específicas: la oclusión para los niños que a determinada hora precisan cubrir uno de sus ojos; la lupa como la de Carla Lucía, o las hojas de braille y la máquina de escribir que antes de comenzar este curso recogió Milena para su entrada a la Universidad.

Pequeños con cualidades extraordinarias.

Niños débiles visuales como Angelito, también tienen su sitio en la escuela.

A través del centro los alumnos que pasan a otras escuelas de la enseñanza regular reciben directamente atención y seguimiento: instructoras de lenguaje de señas sirven de intérpretes en las nuevas aulas y enseñan a los profesores, se educa a los demás estudiantes en la aceptación de esas diferencias que convierten en especiales a quienes las llevan.

Por eso la trayectoria de un egresado de la Fructuoso… no es ajena a ningún integrante del claustro, por eso continúan como la familia a la que se regresa una vez y otra, y por eso saben que este septiembre, por ejemplo, Leslie Hernández comenzó el tercer año de técnico de nivel medio en estomatología.

Cualquiera que entrase a esa escuela no puede salir de allí de la misma manera, no si tiene un ápice de humanidad, no si sabe apreciar la grandeza que se alberga en estos, ahora niños, mañana jóvenes y adultos, que siempre serán parte de la Fructuoso Rodríguez, parte de esta sociedad y de este país que se llama Cuba. (ACN).


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