0
Publicado el 3 Diciembre, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial. Lección de dignidad

El 3 de diciembre se celebra el Día de la Medicina Latinoamericana en reconocimiento a Carlos J. Finlay, ilustre médico cubano nacido en esa fecha en 1833.(Foto: La polilla cubana)

(Foto: La polilla cubana)

Evocar la figura y el legado del doctor Carlos Juan Finlay Barrés significa reverenciar al científico que descubrió el vector biológico transmisor de la fiebre amarilla, al fundador de la organización de la salud pública cubana, y al hombre sencillo, honrado, que mantuvo siempre una postura ética.

Inspirados en el ejemplo de este médico excepcional, cada 3 de diciembre los profesionales de la salud en Cuba, y los de nuestra región, celebran el Día de la Medicina Latinoamericana, instituido en honor a él, nacido en igual fecha de 1833, en Puerto Príncipe, hoy Camagüey.

Inspirados en el ejemplo de este médico excepcional, cada 3 de diciembre los profesionales de la salud en Cuba, y los de nuestra región, celebran el Día de la Medicina Latinoamericana

En 2018, cuando se cumplen 185 años del natalicio de Finlay, son muchas las motivaciones para evocarlo. La impronta de quien es considerado la figura máxima de la investigación científica en nuestro país marcó a generaciones de médicos cubanos de su época, a otras que vinieron después y a las que tras el triunfo de 1959 protagonizaron la revolución ocurrida en el campo de la salud pública.

La obra creada por el sabio en beneficio de la humanidad lo convierte en paradigma para los miles de profesionales que han contribuido durante más de cinco décadas a mejorar no solo los índices de salud de la población cubana, sino los de los países donde han brindado y brindan su ayuda solidaria.

Incontables y hermosos testimonios atesora la cooperación médica cubana desde la primera brigada que viajó a Argelia, en 1963, para atender a la población de ese país. Entre las páginas más recientes de esta historia se halla la escrita en Brasil por los cerca de 20 000 colaboradores que han participado desde 2013 en el Programa Más Médicos, iniciativa de la expresidenta Dilma Rousseff.

Se les pudo ver, fundamentalmente, en regiones distantes de los grandes centros urbanos –como los 34 distritos especiales indígenas, sobre todo en la Amazonía–, a las que no iban los médicos locales, incluso, en municipios donde nunca antes hubo atención de salud. Los cubanos se ganaron la admiración de autoridades brasileñas y sobre todo del pueblo, por la profesionalidad, la sensibilidad humana y el cariño con que asistieron a los más vulnerables.

Entre las páginas más recientes de esta historia se halla la escrita en Brasil por los cerca de 20 000 colaboradores que han participado desde 2013 en el Programa Más Médicos, iniciativa de la expresidenta Dilma Rousseff.

Sin embargo, de espaldas a las necesidades más perentorias de esos millones de brasileños, el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, profirió contra los médicos cubanos en ese país una sarta de amenazas y ofensas, a la vez que habló de modificar los términos y condiciones del Programa Más Médicos, con total irrespeto a la Organización Panamericana de la Salud y a lo convenido por esta con Cuba.

Ante tales hechos, el Ministerio de Salud Pública de la Isla decidió no continuar participando en dicho programa, “una decisión dolorosa, pero necesaria”, expresó el ministro cubano del ramo, José Ángel Portal Miranda, en entrevista concedida a Cubadebate. Tras 55 años de colaboración, durante los cuales se han cumplido 600 000 misiones internacionalistas en 164 países, es la primera vez que se presenta una situación como esta, dijo, y agregó que para Cuba la atención de salud siempre ha sido un asunto de máxima prioridad, más allá de cualquier consideración de índole política.

Baste recordar que, en 2005, cuando el huracán Katrina azotó el sur de los Estados Unidos, nuestro país ofreció una fuerza médica para socorrer a los damnificados. Sin embargo, el Gobierno estadounidense nunca respondió a este ofrecimiento, ni siquiera mencionó a Cuba entre las naciones que mostraron su solidaridad ante el desastre.

La dignidad que hace grande a este pequeño país está tan enraizada en sus hijos, como las palmas en la tierra que los cobija.

Con aquellos más de 1 000 brigadistas dispuestos a socorrer al pueblo estadounidense, y otros que se sumaron, nació el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias Henry Reeve, fundado por Fidel el 19 de septiembre de 2005. Algunos de sus integrantes libraron una épica batalla contra el ébola en África a riesgo de sus propias vidas –incluso uno se contagió–, y un número muy superior ha estado entre los primeros en tender su mano a los damnificados por terremotos o catástrofes de otro tipo ocurridos en diversos países.

Quienes así actúan son médicos enteros. Poner en duda la preparación de los galenos de la Isla, su lealtad, y el prestigio de la escuela cubana de Medicina –en la que se han formado de manera gratuita 35 613 profesionales de 138 naciones– es inaceptable. La dignidad que hace grande a este pequeño país está tan enraizada en sus hijos, como las palmas en la tierra que los cobija.


Redacción Digital

 
Redacción Digital