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Publicado el 28 Diciembre, 2018 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial: la batalla por la economía, tarea principal

Batalla económica ZDE Mariel

(Foto: cubadebate)

En los últimos días de diciembre de 1958 las fuerzas rebeldes bajo el mando de Fidel se aprestaban a librar la batalla decisiva en Santiago de Cuba.  Pese a las ladinas maniobras alentadas por el Gobierno de Estados Unidos para impedir o mediatizar el triunfo revolucionario, el incontenible impulso insurreccional y la firme respuesta popular en todo el país permitieron que esta vez sí pudieran entrar los mambises en el Santiago heroico de Mariana, los Maceo y Frank.

La celebración de este aniversario 60 del enero victorioso expresa aún mayor reafirmación patriótica insertada en los 150 años de batallar por la libertad y la justicia, desde el inicio de nuestra única Revolución, encabezada por Céspedes, continuada por Martí, y que Fidel condujo al triunfo definitivo.

Con admirables transformaciones sociales, ejemplo inspirador para los pueblos que luchan por su emancipación de la injusticia, la obra revolucionaria construida en estas seis décadas, aun con las imperfecciones de toda creación humana, es nuestra principal fortaleza para seguir avanzando.

La nueva etapa está bien delineada en la conceptualización de nuestro modelo económico y social, y las bases del plan para alcanzarlo, con sustento jurídico actualizado y fortalecido en el texto constitucional que definitivamente aprobaremos en el referendo que se convocará para culminar este ejercicio de verdadera democracia participativa.

En el actual contexto de los retos internos y los acrecentados desafíos por el recrudecido empeño enemigo de estrechar el cerco de asfixia a los movimientos revolucionarios y en particular al paradigma emancipador cubano, nuestro presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel ha ratificado que la tarea principal de la Revolución continúa siendo hoy la batalla económica.

También ha reiterado la vigencia de los conceptos planteados por Raúl, en el sentido de que no podemos gastar más de lo que seamos capaces de ingresar al presupuesto de la nación, ni asumir compromisos que no sea posible honrar en tiempo.

Para lograrlo estamos convocados a ser más exigentes en cuanto viabilice perfeccionar la planificación, reforzar en todos los niveles las estructuras encargadas de los asuntos económicos y conformar equipos de trabajo eficaces, que estudien alternativas y propongan soluciones realizables. Hay que aprovechar más y mejor el talento de los académicos e investigadores, de los más experimentados en materia económica y en su materialización concreta, además de valorar con rigor y agilidad sus propuestas para llevarlas a la práctica.

Otra prioridad reiterada es potenciar con resultados eficientes el papel fundamental de la empresa estatal, concentrada en los ejes axiales de nuestra economía, y su relación armoniosa con el creciente sector no estatal, como necesario y útil complemento, en un saneado ambiente de legalidad.

Durante el año que concluye la economía estuvo determinada por una muy tensa situación financiera, en la que influyeron incumplimientos y afectaciones por eventos meteorológicos. En ese contexto, resalta el adverso contexto internacional, marcado por el recrudecimiento del bloqueo, que es parte del retroceso en las relaciones de Estados Unidos con Cuba. Sin embargo, pese a tal tirantez y acrecentada complejidad, la economía cubana no decreció y se lograron significativos aumentos en sectores y servicios como las comunicaciones, incluida la telefonía móvil y el acceso a internet, entre otros.

Para 2019, cuando debemos dar continuidad a asuntos cruciales como la política monetaria, cambiaria y salarial, entre otros, se ha conformado un plan considerado realista y cumplible, que deberá garantizar desarrollo y crecimiento, al potenciar una mejor utilización de reservas internas, y respaldar programas priorizados, servicios básicos a la población y abastecimiento de los principales productos. Un frente decisivo seguirá siendo el proceso inversionista.

Se trata, en fin, de que con la motivación y puesta en tensión del inmenso potencial revolucionario, creativo y combativo de nuestro pueblo, asestemos golpes contundentes a la ilegalidad, la indisciplina, la apatía, la corrupción y otras tendencias negativas.

La convocatoria a nuestro pueblo es a seguir creciendo: en unidad, fortaleza y convicción, abrazados a la idea de que siempre por complejas que han sido las circunstancias, sí se pudo, se puede y se podrá, hasta que logremos coronar la victoria definitiva en la batalla por la economía.


Redacción Digital

 
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