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Publicado el 13 Febrero, 2019 por Giovanni Martinez en Nacionales
 
 

CARTEROS

¿Cómo sobrevivir a un tsunami de bits?

El casi exterminio de las cartas no condujo al de sus emisarios. Todavía existen los que sobre dos ruedas llevan a domicilio telegramas, giros y otra mensajería

 

En Cuba, de una plantilla aprobada de 2 755 carteros, laboran actualmente 2 567. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

 

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

El tío Matt el viajero, aquel carismático personaje de los Fraggle Rock que enviaba postales para relatar sus viajes en cada capítulo de la popular serie infantil de televisión, ahora apenas podría ilustrar sobre su paradero, sin una cuenta en Facebook o Instagram.

Algo parecido le ocurriría al cartero Fogón, el protagonista de la trilogía animada rusa Leche cortada, quien insistía en traer una información “para vuestro muchacho”, porque hoy, probablemente, sus noticias llegarían mucho más rápido por estas otras vías.

A los nacidos en la era analógica, las nuevas tecnologías les han invadido como virus, dejando en la distancia la huella de aquellos tiempos. ¿Allí han quedado también los carteros? ¿Cuánto han cambiado aquellos personajes de antaño con gorra, bolso y silbato?

Decirle a un joven de estos tiempos que redacte una carta es casi peor que entregarle una mandarria y pedirle que derribe un muro. Su reacción siempre será la misma. El instinto bit le llevará de inmediato al celular, desde el cual, con un movimiento acelerado de dos dedos, apachurrará toda la información en ceros y unos, y su mensaje de texto será historia al instante.

Mientras, los teléfonos fijos casi nunca se cortan, incluso sobreviven al peor de los climas, pero no tiran fotos, no se conectan a Internet, no se pueden llevar fuera de casa…

En singular contraste, una parte significativa de la cultura analógica ha despegado, como compensación ante el tsunami digital que nos revuelca. Es decir, hay una tendencia importante en el mundo a retomar lo antiguo. Los discos de vinil, por ejemplo, están nuevamente de moda en unos cuantos países y algunas prendas de vestir de otras épocas han vuelto a salir del closet.

En Cuba, los periódicos impresos siguen gozando de la preferencia de muchos y no hay duda de que los crucigramas de BOHEMIA son más familiares si tenemos la revista en las manos. Definitivamente, cuando leemos, no es lo mismo el olor del papel que la frialdad de un monitor de computadora o de teléfono celular.

¿Acaso el correo postal no merece también su espacio? En tiempos en que las cartas eran muy comunes también lo era la práctica, hoy casi perdida, del lengüetazo para pegar el sello. Sabía tan amargo que tal sacrificio solo valía la pena si le íbamos a escribir a alguien que realmente extrañábamos.

De los orígenes a hoy

José Manuel Valido Rodríguez: Correos de Cuba es la segunda institución de servicios públicos más antigua del país. (Foto: YASSET LLERENA ALFONSO)

La historia del correo postal en Cuba se remonta a los tiempos de la conquista y la colonización, en particular a la comunicación con España, la metrópoli, que comenzó a ser más regular a mediados del siglo XVIII, en correspondencia con el desarrollo de la economía insular y hasta donde lo permitían los limitados medios de transporte de entonces.

Su surgimiento oficial data de 1756, cuando fue creado por decreto real el Oficio de Correo Mayor, previa solicitud hecha al rey, desde el 19 de febrero de 1754, por el gobernador general de Cuba, Francisco Cagigal de la Vega.

Pero ha llovido bastante desde aquellos tiempos. El actual director de comunicación institucional de Correos de Cuba, José Manuel Valido Rodríguez, confirma que “se trata de la segunda institución de servicios públicos más antigua del país, después de los bomberos.

“Hoy tenemos una oficina central, que es un órgano de regulación y control. Las empresas son 20, distribuidas en todas las provincias y en el municipio especial de Isla de la Juventud, así como en la capital, donde radican tres debido a las complejidades demográficas y de otro tipo. Ahí se incluyen la Empresa de Aseguramiento General, encargada de garantizar todo el material de trabajo, desde los bolígrafos hasta el transporte; y la de Mensajería y Cambio Internacional, que es el enlace de Correos de Cuba con el mundo y se ocupa de la entrada y salida de envíos postales. A todas esas entidades se subordinan las oficinas de correo, sucursales, ventanillos, entre otras unidades.

“En nuestro país el correo es bien diferente. Generalmente, en otras latitudes se dedican solo a los servicios postales. Nosotros somos miembros de la Unión Postal Universal (UPU), organismo de Naciones Unidas que regula toda la actividad de este tipo en el mundo.

“También integramos otras instituciones regionales, pero lo más importante es que somos firmantes del Convenio Postal Internacional, en el cual los Estados se comprometen a garantizar a cada ciudadano el Servicio Postal Universal, que incluye desde una carta hasta un paquete de dos kilogramos, o el bulto postal (desde 2 hasta 10 kilogramos)”, acota Valido Rodríguez.

–¿Qué tiempo demora una carta en llegar desde el exterior a Cuba?

–Podrían pasar hasta dos meses para estar en manos del destinatario, porque a nuestro país llega en 72 horas, pero de ahí a que la persona la recibe puede transcurrir más tiempo porque los procesos operacionales son manuales, el transporte que tenemos no cubre las necesidades, y también por problemas subjetivos, de tipo organizativo, concretamente de registro y control.

“Puede que un envío que debió procesarse en siete días demore 15 pues, al ser manual el proceso, no existe total certeza de que la última carta o paquete que arribó sean los últimos en salir. Podrían ir primero y, como es lógico, se retrasarían los anteriores. Con una planta automatizada todo sería distinto”, afirma el director de comunicación institucional de Correos de Cuba.

–Si un cliente tiene una queja sobre el servicio de la empresa ¿a dónde o a quién debe dirigirse?

–Tenemos una página web, correos.cu, en la cual interactuamos con la población y aclaramos dudas, aunque los clientes, por lo general, se dirigen a la unidad donde ocurrió el problema y allí la dirección está en la obligación de atenderlo.

Fernando Amor Breña: Gracias a este empleo hago ejercicios físicos todos los días. (Foto: ISMAEL BATISTA RAMÍREZ)

¿Tiene cartas, cartero?

Adentrémonos entonces un poco más en contexto y miremos de cerca al último, pero no menos importante, eslabón de esta cadena: el cartero.

Fernando Amor Breña tiene 61 años de edad y es uno de los más de 500 distribuidores que recorren las calles de La Habana cada día, por un salario que fluctúa entre 600 y 700 cup al mes, en correspondencia con la forma de pago por rendimiento a la cual se acoge su empresa, Habana Centro.

Fernando ejerce el oficio desde 2007, cuando decidió trabajar cerca de su hogar, pues vive aproximadamente a 600 metros del correo, aunque afirma que “no todo es color de rosa”.

“Gracias a este empleo hago ejercicios físicos todos los días y me mantengo en forma, pues ya no soy tan joven. A veces hay que sacrificar dinero para ganar en salud”, dice.

–¿Qué cambios ha notado en estos 11 años de trabajo?

–Todo ha ido empeorando. Antes el periódico, que repartimos a los suscriptores, llegaba a las cuatro de la madrugada. Luego, un jefe en el poligráfico dijo que como el correo nuestro es el más cercano (Avenida Independencia y 19 de Mayo, Plaza de la Revolución), debíamos ser los últimos en recibir, para que los más lejanos se beneficiaran un poco.

“Eso tiene lógica, pero hoy, por ejemplo, son casi las 12 del día y ahora fue que llegó la prensa. A eso le sigue un proceso. Hay que desojarla, contarla, prepararla, hacer los rollos para lanzarlos a los balcones. Generalmente me paso una hora en el correo, para luego salir a caminar tres o cuatro horas más. Las máquinas del poligráfico se han deteriorado no sé cuántos años pueden tener. De las seis originales solo quedan dos, entonces todo el proceso se retrasa”, afirma, mientras dirige la mirada hacia sus tres jabas, rellenas hasta el tope, solo con periódicos.

–¿Y las cartas?

–Casi desaparecidas. Ahora hay otras posibilidades, existen los correos electrónicos, los celulares… Casi siempre son las personas mayores las que usan estos servicios antiguos. Todavía hay quienes envían telegramas para felicitar a alguien por el cumpleaños, y también están los casos de las instituciones, las citas para Vivienda, los avisos de paquetes o giros, ese tipo de documentos; pero cada día son menos.

–¿Se enfrenta a muchas dificultades durante el recorrido?

–Muchísimas. Los edificios cerrados son lo primero. Los buzones están en pésimas condiciones. Las personas prefieren gastarse el dinero en arreglar una puerta o una ventana, incluso, compran una reja con mucho dinero, pero nunca invierten en un buzón.

“Luego, los clientes te exigen un buen servicio. Lo pagaron, entonces no quieren que les deje tirada la prensa, o las facturas, en el piso. Esto es un problema, fundamentalmente si llueve, porque los papeles no se pueden mojar. Hay edificios que están abiertos abajo, pero cuando subes te encuentras cada piso cerrado, es muy complejo”, afirma Fernando.

En estos tiempos, meramente digitales, muchos pueden subvalorar a los carteros. En cambio, el suyo es un oficio que requiere mucha seriedad y ética, pues estos caminantes son responsables de trasladar, además de la prensa cada día, cartas y documentos de carácter personal, u oficial, como las cuentas de Etecsa, de la Unión Eléctrica y de la ONAT, entre otros. Por ello, el proceso de captación y preparación de estos trabajadores es bien minucioso.

Mabel León Martínez: El relieve y la densidad poblacional del área, además del peso que humanamente pueden soportar, definen el recorrido de cada cartero. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

 

Según Mabel León Martínez, directora de Capital Humano de Correos de Cuba, “las plazas para cartero salen por convocatoria. La escolaridad que se exige es noveno grado, pero la investigación a cada aspirante es bien profunda. Tiene que cumplir con las reglas de seguridad y salud, y recibe una capacitación antes de empezar a laborar a prueba durante seis meses. Ahí se le sigue instruyendo, pues en la práctica es donde más se aprende. Cada año se destina un presupuesto de 30 cuc a cada uno, para garantizarles un módulo completo de ropa y calzado”.

–¿Cómo se delimita el área de recorrido para cada cartero?

–Lo que la define no son los kilómetros cuadrados, sino el relieve y la densidad poblacional de cada área, además del peso que humanamente pueden soportar, que por norma son 11 kilogramos. No es lo mismo moverse en una zona rural, intrincada y montañosa, que en un municipio de una ciudad capital. Todos los carteros del país tienen bicicletas asignadas, sin embargo, en algunas zonas resulta más cómodo el traslado a pie.

–¿Todas las plazas están cubiertas?

–No, tenemos un déficit de 188 carteros nacionalmente. Las provincias más complicadas son La Habana, Mayabeque, Pinar del Río y Camagüey. Ante esta situación, los trabajadores de las zonas colindantes con las que no tenemos cubiertas son quienes asumen el servicio.

“Por ejemplo, la capital está dividida en las empresas Oeste, Centro y Este, y de una plantilla de 623 entre las tres, solo tenemos cubiertas 563 plazas. En Pinar del Río faltan 24 carteros; en Mayabeque 19 y en Camagüey 18. Sin embargo, en otras provincias como Las Tunas, Guantánamo, y en el municipio especial de Isla de la Juventud, todas las plazas están cubiertas”, afirma la directora de Capital Humano.

Aunque las nuevas tecnologías nos conducen cada día más por sus cómodos senderos futuristas, parte de la historia de las comunicaciones estará siempre ligada a estos caminantes, quienes, como dijera el catalán Joan Manuel Serrat, al menos aquí, entre nosotros, siguen haciendo “camino al andar”. Y parece seguirán, al menos por ¿cuánto tiempo?

El Ministerio de Comunicaciones de la República de Cuba, por medio de su Administración Postal, circuló en 1997 una serie de sellos con tema común, dedicada a los carteros.

 

 

 

El tío Matt el viajero. (imborrable.com)

 


Giovanni Martinez

 
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