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Publicado el 4 Febrero, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. Para asegurar presente y futuro

Jóvenes cubanso, presente y futuro/ Radio habana Cuba

Jóvenes cubanso, presente y futuro/ Radio habana Cuba

Diversas manifestaciones de indisciplina continúan empañando la sociedad cubana de manera cotidiana. Lamentablemente, no son exclusivas de un contexto específico, ni de sectores ciudadanos carentes de valores o enajenados de las normas esenciales de la conducta moral. El dilema va mucho más allá.

Quizás lo más inquietante sea que, casi sin percibirlo, estemos adaptándonos a convivir con las peores expresiones individuales y los malos ejemplos de comportamiento cívico, que se reproducen a diario sin que reciban el adecuado rechazo.

Los (malos) ejemplos están a la vista de todos: ruidos de diversa índole que perturban el entorno, riñas y alteraciones del orden, actos de exhibicionismo impúdico, vandalismo contra la propiedad social, infracciones del tránsito, consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, violaciones de la higiene comunal y conductas de mendicidad.

Igualmente, menoscaban el derecho ajeno y las relaciones de convivencia armoniosa otros males como el irrespeto al prójimo, el maltrato al consumidor sobre todo en unidades estatales, las violaciones en precios de pasajes o de alimentos, los procedimientos burocráticos, los hechos de corrupción y el robo, entre otros.

A pesar de las recurrentes críticas en los medios de comunicación y de disposiciones legales emitidas con el objetivo de erradicarlas, las indisciplinas sociales parecen crecer como un demonio mitológico de mil cabezas.

Eso da la idea de que falta mucho por hacer todavía, entre todos, porque el problema no se limita al incumplimiento de las normas de sanidad, a actitudes intolerables en espacios públicos o al maltrato de la propiedad colectiva.

Asimismo  contribuimos con el desorden social cuando nos “colamos” para comprar primero, conseguimos algo por “la izquierda”, transitamos por el medio de la calle, o simplemente cuando somos testigos de comportamientos inadecuados y miramos para otro lado.

 

Las indisciplinas gana “confianza” y terreno ante la falta de sensibilidad, exigencia y control. Pero ello no es responsabilidad solo de las autoridades competentes para cumplir su cometido de conservar el orden, e impedir que esas prácticas dañinas –que navegan entre lo subjetivo y lo objetivo– proliferen en nuestra sociedad.

En ese sentido, todos estamos llamados a tener más conciencia de que sin disciplina no se conquista ningún éxito en la vida. De una adecuada conducta colectiva depende, en buena medida, construir la sociedad que anhelamos, basada en principios humanos éticos, solidarios, y con mejores niveles de prosperidad espiritual y cultural, además de bienestar material.

 

Ante el peligro que ese flagelo representa, el presidente de los consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel, en la pasada sesión ordinaria de la Asamblea Nacional exhortó a los cubanos a trabajar con estricto apego a la legalidad y a combatir las indisciplinas sociales.

También el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, el general de ejército Raúl Castro Ruz, ha hecho reiterados y pertinentes llamados a enfrentar con fuerza y sin tregua los malos hábitos que dañan la conducta en la comunidad y en los propios hogares, así como a eliminar los errores presentes en diversas esferas.

La ciudadanía, unida, puede contribuir a condenar el menoscabo de los buenos valores; la escuela posee entre sus competencias la de fortalecer la instrucción y la ética individual; el seno familiar tiene la responsabilidad de fomentar patrones de fraternidad y respeto en sus hijos; a las organizaciones de masas atañe afianzar su papel avizor en comunidades, centros de trabajo y estudio; mientras a las autoridades policiales y jurídicas corresponde enfrentar de manera inmediata y contundente a los transgresores de lo legislado.

La impunidad nunca podrá ser opción dentro de un proceso revolucionario como el nuestro, erigido con el sacrificio de millones de cubanos. Se trata de una batalla que debe encauzarse con energía, con mayor percepción de riesgo, sentido de pertenencia y acciones concretas. Por más difícil que resulte este combate, no queda más opción que vencerlo, pues en juego está una sociedad forjada con todos y para el bien de todos.

Redacción Digital

 
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