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Publicado el 12 Febrero, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL: Solidaridad en La Habana, lo más grande

 

El tornado, la FCOM y un rayito de esperanza.

Hermoso gesto del cual pueden dar testimonio muchos damnificados.

Una rápida respuesta, disciplina y organización, pero sobre todo mucha solidaridad, han sido los elementos distintivos de las jornadas posteriores al poderoso tornado que dejó un surco de destrucción en varios municipios de la capital cubana, el domingo 27 de enero.

Según datos generales –más allá de los reportes gráficos y televisivos que ilustran la magnitud de la devastación–, el fatídico evento meteorológico dejó, según las cifras hasta el cierre de esta edición, seis fallecidos y cerca de doscientos lesionados; instalaciones de salud afectadas; viviendas derrumbadas; cientos de miles de habitantes sin servicio de electricidad; y serias afectaciones en el de telefonía fija; entre otros importantes daños a la infraestructura socio-económica.

Los cubanos todos, y los habaneros en particular, quedaron consternados con tal desastre. Pero en Cuba, el pueblo nunca está solo y nadie queda desamparado ante circunstancias extremas.

Así se evidenció en medio de la tragedia, con los auxilios que se prestaron entre los propios afectados; y desde las primeras horas que sucedieron al paso del tornado, cuando las principales autoridades del país y de la provincia, encabezadas por Miguel Díaz-Canel, presidente de los consejos de Estado y de Ministros, recorrieron áreas de los municipios más afectados: Guanabacoa, Regla, Diez de Octubre y San Miguel del Padrón; no solo para dar aliento a las personas damnificadas, sino para trazar la estrategia de recuperación inmediata.

Muy elocuente resulta el caso del hospital ginecostétrico de Diez de Octubre –popularmente conocido como Hijas de Galicia– donde aún atónitos por los estragos y la confusión de esa noche inolvidable, el personal de salud tuvo una actuación responsable y solidaria que garantizó preservar la vida de bebés, madres, embarazadas y familiares acompañantes.

“La Habana se convertirá en un hervidero humano para enfrentar la recuperación en todos los frentes”, aseguraba poco después del terrible impacto Díaz-Canel, y enfatizaba que la capital se recuperará con el esfuerzo colectivo. Sus palabras fueron respaldadas por una inmensa y mancomunada campaña de recuperación, impulsada por diversas instituciones estatales con la colaboración protagónica de la ciudadanía.

Con la presteza y el carácter que exige la situación, otros habaneros y compatriotas, en general, se sensibilizaron y acudieron espontáneamente a ofrecer su ayuda a aquellos que lo perdieron todo. Nutridas y conmovedoras son las expresiones de adhesión, voluntad y compromiso que se han dado entre los propios cubanos a raíz de la tragedia.

Trabajadores estatales, cuentapropistas, artistas, deportistas; miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Minint; jóvenes; hombres y mujeres; dirigentes nacionales y de base, cubanos todos, se han calzado las botas para responder a la franca movilización, en la medida de sus responsabilidades y posibilidades. Unos han aportado agua, alimentos y recursos de primera necesidad; otros han llevado su arte y sus canciones para animar los corazones heridos, otros han donado ropas y utensilios del hogar; o simplemente han ofrecido sus manos para recoger escombros, botar basura, levantar paredes, e incluso dar un abrazo a aquellos que sufren la desventura y desolación.

Con la misma intención de apoyar a sus hermanos capitalinos llegaron decenas de brigadas de Pinar del Río, Mayabeque, Artemisa, Matanzas, Ciego de Ávila, Cienfuegos y Villa Clara, que restablecieron en tiempo récord los sistemas eléctricos y de telecomunicaciones. También la población damnificada agradece la proeza de constructores, estudiantes universitarios, fuerzas del Minint y las FAR que han hecho de esos barrios asolados su campamento.

Aun cuando duela inmensamente la desgracia, reconforta ver que en el peor momento aflore lo mejor del ser humano: la sensibilidad y la solidaridad. Sin duda, dos de los valores fundamentales inculcados por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en tantos años de Revolución y en ejemplares servicios a otros pueblos del mundo urgidos de ayuda.

Esto ratifica el postulado de que en el sistema socialista cubano la unidad y la solidaridad son parte intrínseca de nuestro pueblo.

Cuba, fogueada en retos y adversidades, ha vuelto a empinarse, y bajo la guía del Partido y el Gobierno desarrolla un plan de acción acorde con esta etapa intensiva. Unidos todos por la misma causa, conforman la tropa que tomó las calles a lo largo y ancho de la ruta trazada por el tornado, a fin de sobreponerse a los graves daños, lo antes posible; y para reconstruir, de cara a sus 500 años, una Habana más bella, y cubana.


Redacción Digital

 
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