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Publicado el 8 Abril, 2019 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

Tras el tornado

Respuestas que no vinieron solas

La garantía y la prontitud en la producción y la entrega a los damnificados de los materiales de construcción, sumados a la agilidad en la elaboración de proyectos arquitectónicos y a la solidaridad: claves de la recuperación
No faltaron brazos ni los materiales de construcción para ayudar a los damnificados, como se aprecia en esta imagen tomada en el rastro de Guanabacoa, repetida en tantos otros de la ciudad.

No faltaron brazos ni los materiales de construcción para ayudar a los damnificados, como se aprecia en esta imagen tomada en el rastro de Guanabacoa, repetida en tantos otros de la ciudad.

Por LISET GARCÍA

Fotos: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA

Tardará mucho La Habana en olvidar el tornado que la asoló sin piedad el pasado 27 de enero. Pero tampoco la memoria colectiva dejará de lado lo que ha hecho y hace el país para levantar otra vez lo que la furia del viento desapareció. Las escenas del ir y venir de los camiones se hizo habitual en aquellos primeros días, y tras la avalancha de los que cargaron escombros, desechos de árboles y todo lo que voló, llegaron las caravanas con los materiales de la construcción, que poco a poco han contribuido a que la ciudad se levante.

La estrategia se dibujó a pocas horas del paso del fenómeno atmosférico, y día a día la cuidó el Consejo de Ministros, encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel, y las autoridades de la provincia. Una de las decisiones más importantes fue priorizar la producción de insumos de todo tipo y destinarla a resarcir los cuantiosos daños provocados en viviendas de los cuatro municipios afectados.

Cómo se organizó esa rápida respuesta para que la recuperación diera frutos en tiempo récord, será tema de otros reportajes. Lo cierto es que a poco más de dos meses se habla de viviendas reconstruidas y de suficientes materiales a pie de obra.

Y aunque en el mundo los medios hegemónicos poco o nada han reconocido de la eficiencia gubernamental cubana ante el tornado, también silencian el olvido que continúa sufriendo la vecina isla puertorriqueña, donde todavía hay familias sin electricidad, luego de casi un año y medio del azote del huracán María. Más de un habanero ahora beneficiado hace esa comparación sabiendo además que la solidaridad recibida tampoco ha tenido límites ni es fácil hallarle paralelos.

Materiales a pie de obra

Iris Benítez Fuego, directora comercial de la empresa Hormigón y Terrazo, ha aprendido mucho de arena, bloques, losas de piso…, sin olvidar sus tiempos como jurista.

Iris Benítez Fuego, directora comercial de la empresa Hormigón y Terrazo, ha aprendido mucho de arena, bloques, losas de piso…, sin olvidar sus tiempos como jurista.

Wilman Doejo Quiñones está haciendo ya el cerramento para ponerle techo a su casa. Está ansioso por terminar al menos una parte de ella, derribada casi completamente por el tornado. Su esposa y los dos hijos quisieran mudarse pronto, y lo harán mucho antes de lo que pensaron aquella noche cuando se quedaron con el cielo sobre sus cabezas. A estos vecinos del barrio Jesús del Monte no les faltó la esperanza porque las autoridades, incluso el propio presidente Díaz-Canel, en sus visitas al lugar, les aseguraron que todo se haría y quedaría mejor que antes.

Por eso él no ha dejado de trabajar cada día desde antes del amanecer hasta la puesta del sol. Se ha graduado de albañil, profesión bien alejada de la suya, que es el buceo. Tuvo que nadar duro entre arena, cemento y bloques, pero lo agradece porque quiere dejar atrás el recuerdo de lo que fue su vetusta casita de madera derribada.

Con parecida confianza mira Osmany Peña Mayán las nuevas paredes levantadas en lo que fue la vivienda suya y de su esposa, Yamila Núñez Pagés. Con sus propias manos, bloque a bloque, en menos de dos meses consiguió lo que les parecía imposible a ambos la noche en que solo atinaron a darse un abrazo, el único consuelo posible al ver su hogar convertido en escombros.

Partiendo de cero, Osmany Peña y su esposa, ya tienen su casa casi levantada en menos de dos meses, gracias a la garantía y la prontitud en el suministro de los materiales.

Partiendo de cero, Osmany Peña y su esposa, ya tienen su casa casi levantada en menos de dos meses, gracias a la garantía y la prontitud en el suministro de los materiales.

Pero para que ellos y muchos otros hagan realidad el sueño de reconstruir sus casas, otros trabajadores garantizan, también a fuerza de voluntad y ajetreo, los materiales de construcción necesarios. En cualquier esquina de los barrios afectados, las hileras de bloques, las lomas de arena y de cemento acompañan a quienes no han dejado de mover sus brazos.

Asimismo, tampoco se ha detenido la producción de esos insumos, en horarios extendidos, en fábricas de la capital cubana. Una de ellas es la empresa de Hormigón y Terrazo (Horter), a la cual se subordinan ocho unidades empresariales de base (UEB). Su producto líder es el bloque, pero en sus planes también está producir baldosas, mosaicos, viguetas, bovedillas, cemento de cola, entre otros artículos, cuyo destino es la vivienda, el turismo no solo de La Habana, y obras industriales y sociales importantes.

Horter cuenta con unos 700 trabajadores y es una de las 42 que pertenecen al Grupo Empresarial de la Industria de Materiales Geicon, del Ministerio de la Construcción.

De las ideas y de la mano de Fidel

Simón Sanz Matos llegó al contingente Juan R. Milián en 1986 recién salido del Servicio Militar, y como tra-bajador de la brigada de recepción ha sido reconocido varias veces como vanguardia nacional.

Simón Sanz Matos llegó al contingente Juan R. Milián en 1986 recién salido del Servicio Militar, y como tra-bajador de la brigada de recepción ha sido reconocido varias veces como vanguardia nacional.

Simón Sanz Matos llegó al contingente Juan R. Milián –una de las UEB de Horter– cuando todavía no era lo que es hoy. Cuenta que el Comandante en Jefe Fidel, cuando se propuso revitalizar las microbrigadas e impulsar en la capital el programa de la vivienda y de obras sociales, “vino varias veces a nuestra fábrica, ubicada en San Miguel del Padrón. Como en otras muchas tareas que hizo avanzar, se dedicaba a fondo hasta que lo lograba. Aquel proyecto requería asegurar que se produjeran materiales para la construcción.

“Recuerdo, como si fuera ahora, el primer día que nos visitó. Traía muchas ideas en su cabeza, y nos pidió que fuéramos ejemplo de trabajo para que pudiéramos convertirnos en contingente industrial. Eso somos desde 1989, cuando él personalmente lo inauguró. Primero fuimos precontingente porque había una fase de experimentación de las potencialidades productivas. Todo salió como él lo había soñado”.

Las producciones de la Juan R. Milián se reconocen por su calidad mantenida desde entonces. Es el único contingente de su tipo en el país, y cuenta con moderna tecnología. En cualquier patio de las tiendas de comercio o rastro, como popularmente se les conoce, se sabe cuáles son “nuestros bloques”, dice con un inocultable orgullo Iris Benítez Fuego, directora comercial de Horter.

Es graduada de Derecho. Durante casi 10 años fue asesora jurídica de esa empresa, experiencia que le ha permitido dedicarse a esa otra función. Por ello le resulta fácil hablar de bloques, baldosas, mosaicos…, y de sus planes de producción. Resalta especialmente lo realizado en función de favorecer a los damnificados del tornado y lo del programa por el aniversario 500 de La Habana. Habla rápido y también mueve sus manos con agilidad. Le han dicho que parece un relámpago. Quién sabe si el fuego que le viene del apellido heredado de su tronco materno le regala esa energía a su temperamento.

En estos meses, tras el desastre que sufrió la ciudad, su labor se hizo más intensa aún. Hasta donde tantas viviendas quedaron destruidas, Iris fue una y otra vez, velando detalle a detalle para que no faltaran los materiales necesarios. La empresa no solo asumió la tarea de aumentar las producciones, en especial de bloques, sino, al igual que otras, la de llevarlos hasta las casas destruidas. Y como se decidió que cuadros de dirección estuvieran a pie de obra en los rastros para controlar la entrega de los materiales, evitar desvíos y otras irregularidades, Iris estuvo todos los días detrás y delante de los camiones encargados de la distribución.

En la Milián, Wilfredo Rodríguez pasa el día en una nave que él llama el hueco, entre motores, plantas de soldar y piezas que esperan su turno para ser reparadas. A más de una se les ven las tripas, él las mira con cariño, quizás pensando en las soluciones que debe inventar. Hace cerca de 30 años trabaja ahí como pailero de mantenimiento y reparaciones. Junto a un soldador se ocupa también de los desperfectos de las plantas que producen los bloques.

Narra que hace poco trabajaba en un motor, cuya correa estaba defectuosa. “Sustituirla cuesta como mil euros. Se me ocurrió virarla al revés y ponerle dos motores pequeños. Funcionó. Y resulta que nos dieron mención en el Fórum de Ciencia y Técnica de la ANIR”. Mientras contaba su experiencia de tantos años, se oyó la voz de alguien desde el exterior de la nave: “Son unos locos, y si el fabricante se entera lo patenta”.

A lo lejos se siente el ruido de las fabricadoras de bloques. Es como un trapiche de central azucarero. Por un lado entran los componentes, y por otro salen las piezas, mediante un sistema automatizado que guían y regulan desde una cabina de control y también in situ junto a las máquinas. Explica Iris que la secuencia prosigue con “el envío de los bloques a la zona de secado, y luego al patio, donde deben permanecer siete días, tiempo en que reciben el listo para la comercialización, tras un chequeo de su calidad”.

En la industria de bloques, por un lado entran los componentes, y por otro salen las piezas en sus mol-des, mediante un sistema automatizado que regulan desde una cabina de control.

En la industria de bloques, por un lado entran los componentes, y por otro salen las piezas en sus mol-des, mediante un sistema automatizado que regulan desde una cabina de control.

En otra UEB, la Rogelio Paredes, ubicada en Guanabacoa, se elaboran mosaicos para pisos, pasos de escaleras, rodapiés  y otros surtidos. En el proceso, casi artesanal, labora un grupo de operarios, muchos de ellos jóvenes. Sus producciones se dirigen fundamentalmente a los rastros, para las personas subsidiadas y otras que quieran comprarlos. Se espera que haya un pico productivo cuando los damnificados requieran de estos elementos, rebasado el momento de levantar paredes y techos.

En la fábrica de Guanabacoa un grupo de operarios, muchos de ellos jóvenes, elaboran mosaicos para pi-sos, pasos de escaleras, rodapiés y otros surtidos, en un proceso artesanal.

En la fábrica de Guanabacoa un grupo de operarios, muchos de ellos jóvenes, elaboran mosaicos para pi-sos, pasos de escaleras, rodapiés y otros surtidos, en un proceso artesanal.

Allí abundan los rostros femeninos. Olga Lidia Rodríguez es la directora desde hace varios años. Sabe bien cómo lidiar con el trabajo y la familia al mismo tiempo. Licenciada en Geografía, aporta sus conocimientos a la conducción de los procesos, junto a su equipo integrado por varias mujeres. Entre ellas, la jefa del taller, Yusnely Peña Morera, avezada en materiales de construcción y en la elaboración de losas de piso. Los obreros la respetan y admiran, porque al trabajo siempre lo mira de frente y dice al pan, pan.

El ingeniero Raimundo Iriarte chequea cómo está el surtido de los materiales, tarea que sumó a su labor diaria como cuadro de Geicon.

El ingeniero Raimundo Iriarte chequea cómo está el surtido de los materiales, tarea que sumó a su labor diaria como cuadro de Geicon.

Trabajar bajo presión

Rostros femeninos también abundan en la empresa Diseño Ciudad Habana (DCH), donde María Lissette Polo Vilató encabeza la Dirección de Atención a los Municipios. Cuenta que el tornado les dio tareas adicionales a varios de sus equipos de trabajo, los cuales se responsabilizaron con hacer los planos arquitectónicos de los locales que están siendo adaptados como viviendas, y de algunas ciudadelas arrasadas. En tiempo récord realizaron las evaluaciones de los lugares seleccionados y los cálculos para los proyectos.

El equipo del grupo de diseño de Centro Habana está integrado mayoritariamente por mujeres.

El equipo del grupo de diseño de Centro Habana está integrado mayoritariamente por mujeres.

“Hay que hacer magia en muchos de esos sitios”, dice María Lissette. Pero “la sensibilidad que tras el desastre se despertó hacia las personas que lo sufrieron fue tanta que no nos cuesta hacer que aflore lo extraordinario. Brota sin mucho esfuerzo”.

Juan Francisco González Rodríguez, jefe del Grupo de Diseño Centro Habana, perteneciente a la DCH, compara su labor con la de un hospital, donde hay médicos generales, especialistas y enfermeros. Todos son útiles y necesarios. Unos evalúan a pie de obra y esbozan las necesidades, otros hacen el plano arquitectónico civil, y los demás especialistas le incorporan las redes hidráulicas, sanitarias, eléctricas…

“Por eso aquí trabajan arquitectos, ingenieros y técnicos. Con motivo del tornado hemos laborado como en una sala de urgencias, porque nuestro quehacer antecede a las construcciones. Todo lo que se ha levantado desde cero debe regirse por los planos que hemos hecho, a partir de la opinión especializada de los equipos de trabajo”.

Ileana Seco Ramos es la proyectista general del módulo de apartamentos para damnificados, que diseñaron en la antigua fábrica de cocinas Estrella Roja, ubicada en el barrio de la Víbora. Lo que han hecho, el equipo lo vio como “una forma de ayudar a esas personas que tanto han sufrido”, opina. “No es primera vez que debemos trabajar bajo presión. Ya estamos acostumbrados. Y hasta nos hemos llevado a la casa los planos para terminarlos en tiempo”.

Ileana Seco Ramos, proyectista general de los aparta-mentos que se levantarán en la fábrica Estrella Roja, muestra lo logrado en pocos días, trabajando inten-samente, bajo presión.

Ileana Seco Ramos, proyectista general de los aparta-mentos que se levantarán en la fábrica Estrella Roja, muestra lo logrado en pocos días, trabajando inten-samente, bajo presión.

Rita Chong y otras arquitectas, ingenieros y técnicas coadyuvaron a tener listos los proyectos de 55 de los 61 apartamentos que se construirán en esa fábrica. “Es una proeza haber hecho en cuatro días lo que normalmente tomaría 20 días o un mes, dependiendo de las soluciones”, apunta Rita.

La arquitecta Ileana Seco explica que si hubieran tenido más tiempo, probablemente el resultado sería mejor, pero el colectivo trabajó con rapidez, pensando mucho y bien. No faltaron el entusiasmo ni la motivación para dar el extra.

Su respuesta no se hizo esperar, como tampoco la de quienes aportaron los materiales, desde la extracción de áridos en las canteras, hasta los que más allá de sus jornadas de trabajo se dedicaron a producirlos. La solidaridad fue el punto de mira.

 


Liset García Rodríguez

 
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