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Publicado el 11 Mayo, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial

Gracias, Marianas

Collage con Mariana Grajales, bandera y mujeres cubanas de hoy

Los cubanos tenemos sobrados motivos para vivir orgullosos de nuestras madres amorosas y heroicas de todos los tiempos, desde que en épica pelea se forjó la nación, hasta el presente, y sin duda también en el futuro, porque Marianas habrá siempre.

Para todas ellas, con emoción de hijos comprometidos a seguirse empinando, el beso y la flor. ¡Gracias, Marianas! 

Esa honrosa estirpe materna la hizo notar Fidel, cuando el 23 de agosto de 1960 recordaba “[…] la historia nos hablaba de grandes mujeres en nuestras luchas por la independencia, y una de ellas las simboliza a todas: Mariana Grajales, aquella que le dijo al hijo más pequeño: ‘¡Empínate, para que vayas a luchar también por tu patria!’”.

Aquella, de los Maceo, que asumimos hoy como la Madre de todos los cubanos, había hecho preguntarse a nuestro Martí: “¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?”

La respuesta pudiéramos encontrarla en el calado de su ejemplo de madre extraordinaria en la conciencia nacional, al punto de haberse multiplicado en la continuidad de generaciones con numerosos nombres gloriosos, como los que también mencionara Fidel en la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas, junto a Vilma, su eterna presidenta y ejemplar Mariana.

“[…] Madre también heroica —aunque todas las madres son heroicas, porque nadie ha sufrido en Cuba como han sufrido las madres—, madre heroica es la madre de nuestro inolvidable Frank País, que perdió dos hijos en la contienda […]; o como la señora madre de los Ameijeiras que perdió tres hijos; o como aquella campesina del Oro de Guisa, a la que los esbirros de Sosa Blanco le asesinaron siete hijos y el esposo.  Madres heroicas han sido todas las madres que vieron caer a sus hijos asesinados o combatiendo, y madres también dignas de consideración y de respeto, aquellas que vieron a sus hijos arrastrados al crimen por la tiranía infame, porque también han tenido que sufrir las consecuencias del pasado odioso”.

Claro que la pesadilla de ese horrible pasado jamás podrá volver a hundir en sufrimientos y enlutar a las madres cubanas. Sin embargo, el imperio y sus servidores se empeñan en imponérsela de nuevo. Quieren robarles su felicidad y sus sueños, los frutos de grandes esfuerzos, y hasta sus viviendas, sus lugares de trabajo, su seguridad y la de sus hijos, su dignidad. Para eso escalan la subversión, la guerra económica, el bloqueo llevado al extremo demencial de la Ley Helms Burton, las hostilidades y amenazas que no descartan opción alguna.

Mas, si alguna hazaña de ellas debiera destacarse con superior admiración y agradecimiento, es la de haber llevado sobre sus hombros el mayor peso de las dificultades y sacrificios en los años más duros del período especial, con increíble estoicismo, inventiva, e infinito amor.

Pero contra las persistentes y siempre malvadas pretensiones imperiales, ellas han peleado como leonas. Desde la familia y su protagonismo en la primera línea de la resistencia, se han enfrentado a todas las agresiones y adversidades, han fortalecido la unidad, dando aliento y elevando la moral de su pueblo, en la construcción y defensa de la patria socialista. Han demostrado que sí se pudo, sí se puede y sí se podrá.

En las milicias, las fuerzas armadas, la seguridad, el orden interior; en la obra educacional, cultural, científica, deportiva; el sistema y programas de salud; en las batallas por la economía, la diplomacia revolucionaria, las nuevas tecnologías, el perfeccionamiento de la institucionalización y democracia socialista; en las organizaciones políticas y de masas y las principales funciones decisorias hasta los más altos niveles…, la participación femenina es cada vez mayor. En todo acto de creación, rectificación y reafirmación revolucionaria está la impronta de las Marianas.

Mas, si alguna hazaña de ellas debiera destacarse con superior admiración y agradecimiento, es la de haber llevado sobre sus hombros el mayor peso de las dificultades y sacrificios en los años más duros del período especial, con increíble estoicismo, inventiva, e infinito amor.

Tampoco sin su comprensión, apoyo incondicional y presencia compartida hubiese sido posible la gesta internacionalista que nos enorgullece, y que hoy sigue creciendo en escenarios heroicos como el de la inquebrantable solidaridad con el hermano pueblo bolivariano y chavista.

Para ellas fue, es y será el homenaje de la poesía: Madre, los que no estemos para cantarte esta canción,/ madre, recuerda que fue por tu amor./ Madre, en tu día/ -Madre Patria y Madre Revolución-,/ Madre, en tu día/ tus muchachos barren minas de Haiphong.   

Para todas ellas, con emoción de hijos comprometidos a seguirse empinando, el beso y la flor. ¡Gracias, Marianas! 


Redacción Digital

 
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