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Publicado el 1 Mayo, 2019 por Heriberto Rosabal en Nacionales
 
 

Muchas marchas, pocas palabras y una canción

Foto: Martha Vecino

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Por HERIBERTO ROSABAL

Puede que algún machete

se enrede en la maleza.

Puede que con tus brazos

haya que abrir la selva.

Pero a pesar de los pesares,

como sea,

Cuba va, Cuba va, Cuba va…

Siempre que hay marcha le viene a la mente esta canción. Recuerda al Grupo de Experimentación Sonora interpretándola: Silvio, Pablo, Sara, Noel… Cuba va… aa, Cuba va;. Cuba va… tararea, bajito, imaginando la música y las voces en su apoteosis.

¿Cuántas marchas con esta? ¡Uhhh! Sin sumar las concentraciones. La primera Marcha del Pueblo Combatiente, recuerda, la convocó Fidel en 1980, cuando lo de la Embajada de Perú. Después se hicieron tradición cada Primero de Mayo, en la Plaza y en Cuba entera. Y cuando la batalla por la liberación del niño Elián fueron unas cuantas en el Malecón, frente a la Oficina de Intereses yanqui, hoy embajada sin embajador, sin casi diplomáticos.

Una marcha en Cuba -se dice este cubano madrugador, bandera y cartel en mano rumbo a la avenida de Paseo- es una gran huelga, de todo el pueblo, en todo el país. No contra el gobierno, sino contra los que quieren aquí otro gobierno, tumbar a la Revolución y liquidar al socialismo. “Pero tendrían que tocarnos… algo más que música, para quitarnos esto. Y ni así”.

Foto: Anaray Lorenzo   (“Esto” en Cuba, por si alguien no entiende, es resumidamente todo dentro de la Revolución; es el país, en su materia y espíritu, o la patria, la nación, como también se dice, mezclado, además, con una alergia incurable a imposiciones, vengan de donde vengan, y de quien vengan.)

Con el sabor del café todavía en los labios sale este cubano no importa de qué nombre a la calle, a ver que van muchos igual que él en el mismo rumbo; a encontrarse en la multitud algún amigo que hace tiempo no ve; a compartir con la mujer o los hijos algún asunto familiar por el camino; a reír de las excentricidades de algunos; a ver quién va a hablar en la conmemoración y escuchar qué dirá; a levantar su bandera de nuevo frente a la tribuna junto a Martí.

La marcha no es rito. Es ir para mostrarse a favor de lo que queremos; a enseñar con la palabra, el gesto y los símbolos, del lado de qué y de quién estamos; a mostrar la fuerza, no solo del  número, sino de las ideas y del sentimiento compartidos.

Así diría con acierto otro, pero este compatriota vecino del barrio o compañero de trabajo, de pocas palabras y muchas marchas, de poco hablar y mucho hacer, no las peina mucho, ni se anda con vueltas: “Mira, compadre -le comenta a alguien a su lado bajo el mismo sol-, aquí lo que tenemos que hacer es halar parejo pa’ salir del bache de una vez por todas”.

Es de aquel cubano, aquel que va allí delante, de quien hablo, átomo del alma de este pueblo, su arma secreta. Véalo, el del cartel que dice “A la m… la Helms-Burton”. ¿No le parece una imagen de aquella canción: Cuba va…?


Heriberto Rosabal

 
Heriberto Rosabal