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Publicado el 27 Mayo, 2019 por Giovanni Martinez en Nacionales
 
 

EDUCACIÓN ESPECIAL

Sin grises en el cielo, no nace arcoíris

En Pinar del Río, el proyecto sociocultural Con amor y esperanza es mucho más que un espacio para ocupar el tiempo libre

La familia juega un papel fundamental.

Por GIOVANNI MARTÍNEZ

Fotos: ANARAY LORENZO COLLAZO

Basta con asomarnos a la calle Virtudes, esquina a Palma, en la ciudad de Pinar del Río, para respirar amor, ese sentimiento que solo sobrevive unido a la esperanza, para que luego ambos se coloreen en una armonía sin límites.

Tal es el argumento de la casa taller Grabadown, donde radica un proyecto que lleva por nombre precisamente Con amor y esperanza, una idea noble, necesaria y transformadora, pues se enfoca en el trabajo con personas que padecen síndrome de Down, trastorno genético causado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (o una parte de este), en vez de los dos habituales, por lo cual se denomina también trisomía del par 21.

Este síndrome se caracteriza, entre otras cosas, por una apariencia física típica, discapacidad intelectual y retraso en el desarrollo. Sin embargo, en Virtudes número 138, el plan es llevarle la contraria.

Jesús Carrete Rodríguez creó el proyecto en 2002, hace 17 años, cuando solo pensaba ocupar el tiempo libre de estos muchachos.

Fundado en 2002 –con la ayuda de las direcciones municipales de Cultura, Educación y Salud Pública, así como del gobierno y el Partido en la provincia– el proyecto es un espacio de creación y crecimiento espiritual para esos individuos. Allí, además de crear, de hacer arte, se les inculcan y fortalecen valores como patriotismo, colectivismo y solidaridad, por ejemplo, bajo una atmósfera un tanto especial, donde socializar es lo primero.

Su fundador y coordinador, el pintor y grabador Jesús Carrete Rodríguez, quien ha dedicado esfuerzos a este plan, junto con especialistas y familiares de los beneficiarios, narró a BOHEMIA que un día perdió, momentáneamente en la calle, a su hija Lianna Carrete Hernández, la cual padece ese trastorno genético. Tras regresar algunos metros en el camino y encontrarla, decidió llevar adelante esta idea, hace ya 17 años.

“Al inicio nadie creyó en el proyecto. Me decían que estaba loco. En 2002 iniciamos con un grupo de solo siete muchachos. Empezamos a enseñarles arte, en primera instancia Colagrafía (técnica experimental de grabado que consiste en elaborar una matriz a partir de pegar sobre un soporte elementos que puedan ser entintados y estampados).

“A ellos les resultó muy estimulante y poco después decidieron empezar a pintar y dibujar sobre ese molde, lo cual nos bastó para seguir adelante, y aunque al inicio solo habíamos pensado en ocuparles el tiempo libre, ya en seis meses habíamos realizado nuestra primera exposición colectiva, lo cual avivó aún más el interés de todos por seguir adelante.

Sin grises en el cielo, no nace arco iris.

Javier Gil, de 29 años, domina en su totalidad la técnica de la Colagrafía.

“Por aquellos días tuvimos también la suerte de que aparecieran personas y organizaciones interesadas en respaldarnos. La primera, Caritas Suiza, que durante ocho años nos financió con materiales, merienda y transporte”, dice Carrete Rodríguez.

¿Cuál es la mejor manera para enseñar, trasmitir conocimientos a estos jóvenes con dificultades para el aprendizaje?

–Tenemos que estudiar mucho, sobre todo los que no somos psicólogos, pues necesitamos encontrar métodos y estímulos efectivos. Si dibujan una rayita en un papel en blanco, felicitarlos, para que al día siguiente agreguen algo más, siempre en pos del crecimiento. Algunos padres estaban confundidos al inicio, pero ya han aprendido a tener paciencia, a entender que luego del primer trazo siempre viene un segundo, y poco a poco se llega a un dibujo.

“Por ejemplo, al principio dibujar una figura humana era complejo para ellos, pero hoy profundizan hasta en los detalles (orejas, dientes, cabellos, ojos)”, afirma el creador del proyecto.

¿Dónde han presentado las exposiciones?

–Además de Pinar del Río, hemos expuesto en México, Estados Unidos y Alemania. Tuvimos la dicha también de mostrar nuestro trabajo en tres ocasiones en el museo de Bellas Artes de La Habana.

¿Qué significa Con amor y esperanza para el resto de la familia de estos muchachos?

Lianna y Laura, ambas de 28 años, inspiradas color en mano.

–Es como convertir la tristeza en felicidad. Cuando llega un niño aquí generalmente los padres no se imaginan lo que puede hacer. Pero al descubrirlo se les salen las lágrimas, pues aunque sea en primera instancia una cosita simple, siempre es algo que no hacían antes en sus casas. A mí también los ojos se me han humedecido unas cuantas veces, porque me sorprenden, y eso que llevo tiempo con ellos.

“En este lugar siempre hay sonrisas en las caras de los muchachos, algo que no les ocurría antes a la mayoría. Es decir, que el arte ha sido el medio de conducción para crear felicidad total en ellos”, dice satisfecho Jesús.

¿Cómo es la relación con la comunidad?

–Hacemos diversos talleres, a los que invitamos a todos los niños del barrio, a los universitarios y a la comunidad en general. Esa es una forma de evaluar a los participantes en el proyecto, que suelen ser muy cumplidores, pues hacen el estudio independiente y lo traen en la mano como si fuera el pase de entrada. Incluso, algunos lo van enseñando por la calle durante el trayecto hacia el taller. Sin duda se sienten motivados, señala el entrevistado.

La máster en Psicología y Pedagogía, Coralina Hernández Crespo, esposa de Jesús y madre de Lianna, es vicecoordinadora y también fundadora de Con amor y esperanza. “El beneficio de estos jóvenes era incalculable para nosotros cuando empezamos el proyecto. Actualmente tenemos a 25 integrantes con un promedio de edad de 31,3 años, aunque los hay de menos.

“Contamos con cuatro profesionales de grabado, uno de danza, otro de teatro y dos de música, además de una psicóloga y una defectóloga. Para más entretenimiento sumamos también taichí, culinaria y modelaje.

“El objetivo primordial que nos planteamos fue elevar la calidad de vida de estos muchachos. El arte es simplemente un pretexto para que puedan integrarse a la sociedad, pero de una forma creativa”, afirma Coralina Hernández.

¿Qué significa para usted como madre y trabajadora?

Sin grises en el cielo, no nace arco iris.

Coralina Hernández Crespo considera que “el arte es simplemente un pretexto para que puedan integrarse a la sociedad”.

–Es un espacio al cual nunca podré renunciar como madre. Aquí mi hija ha ganado en autoconfianza, autoestima, pero sobre todo ha aprendido a relacionarse con las personas. En este sitio es incluso más feliz que en la casa.

“Es cierto que las limitaciones biológicas existen, pero cuando se les propician estas condiciones, esas limitantes van pasando a un segundo plano. Resulta interesante también ver cómo crecemos los padres, sobre todo desde el punto de vista espiritual. No transcurre una jornada sin que nuestros hijos nos sorprendan y alegren”.

¿Existen otros proyectos como este en Cuba?

–Hay talleres que trabajan con personas con este síndrome genético en todo el país, pero solo enseñan un arte o una manualidad. La diferencia de Con amor y esperanza es que trabajamos muchas vertientes y además las imbricamos entre sí. Por ejemplo, aquí no se da un taller de pintura que no tenga nada que ver con danza, o con música; siempre vinculamos todo. Nosotros hemos ido creciendo en correspondencia con las posibilidades y el interés de los propios muchachos.

“Otra fortaleza es que preparamos a los instructores de arte con deseos de trabajar con personas que tienen estas características, y los reunimos con psicoterapeutas de Salud Pública que tuvieran inclinación por las artes, para obtener como resultado un binomio que, al sumarle un licenciado en Educación Especial, nos dio esa visión de conjunto tan necesaria en este caso, entre terapeutas y artistas”, afirma Coralina Hernández.

Lo cierto es que Con amor y esperanza no es solo un nombre artístico, es la prueba de que los límites en la vida los definimos nosotros mismos. Será tal vez que para sacar lo mejor que cada persona lleva dentro, necesitamos exponernos a situaciones difíciles. Como mismo contrasta un arcoíris bajo el gris nublado del cielo, las artes en Grabadown han cubierto de colores aquello que un día fue solo grisura.


Giovanni Martinez

 
Giovanni Martinez