0
Publicado el 14 Junio, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial

No nos entendemos… Ni tantito, así

Collage Maceo-Che-No a la Helms-Burton

Al parecer, por sus dichos y hechos, ni el actual mandatario estadounidense, ni su fauna acompañante mala consejera en política exterior, tienen la menor idea acerca de la historia de Cuba; tal vez tampoco sobre la de su país, y mucho menos de la universal.

Alguien debería enterarlos de que, por muchos crueles zarpazos que suelen dar los imperios en los estertores de su larga y lenta agonía, inexorablemente terminan por convertirse en otro mal recuerdo de la humanidad sufriente, capaz de soportarlos incluso durante mucho tiempo, hasta verlos caer, de un modo u otro.

También convendría recordarles que no obstante creerse invencible la poderosísima corona de la pérfida Albión, y ni por el mucho empeño que puso en evitarlo, pudo impedir que los independentistas de las Trece Colonias británicas en el Norte de América, fundaran una nación nueva y, pese a limitaciones y exclusiones graves, la convirtieran en la de ideas más libertarias y democráticas para su época.   

¿Y sería pedir demasiado, que la roñosa y belicista crápula fascistoide asesora, y el ignorante jefe del imperio, se enteraran de que en este archipiélago  caribeño, a fuer de patriotismo, talento y bravura, se hizo inmortal un Antonio Maceo Grajales, devenido Titán de Bronce, y que él junto a Martí y Fidel nos legaron la convicción irrenunciable de que la Patria de los cubanos dignos es un eterno Baraguá?

Que supieran cómo para siempre quedó inscrito en la conciencia y conducta de los Maceo redivivos en la sucesión de generaciones, la clara advertencia, y enseñanza, de que: quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha.

Precisamente a sangre, fuego, machete, e increíble entrega de sacrificio y heroísmo, logró sacudirse del yugo colonial español la Cuba mambisa; pero el naciente imperio vecino, que sin más derecho que la fuerza siempre ambicionó poseerla, y que nunca ha renunciado a ese propósito, frustró su bien ganada independencia y la sumió durante más de cinco décadas en la ominosa condición de neocolonia, incluidas sanguinarias y ladronas tiranías proimperiales.

De nuevo, tras asaltar cuarteles y desafiar al mar proa al amanecer de la Patria, mediante cruento batallar en montañas, llanos y ciudades, nuevos mambises de verde olivo, al mando martiano y maceísta de Fidel, junto a Raúl y Almeida, lograron entrar vencedores en el Santiago rebelde de Frank y Vilma. Cuba definitivamente libre e independiente se empeñó desde entonces en construir su bien ganado destino, justo, próspero, sustentable, genuinamente democrático, auténticamente socialista.

Por fortuna, en la nueva epopeya cubana creció con méritos propios la leyenda de un solidario joven médico argentino, nacido por azar, y no por única coincidencia, en el mismo día y mes que Maceo, un 14 de junio: Ernesto Guevara de la Serna, símbolo también de temeraria valentía, descollante inteligencia, intransigencia revolucionaria, antimperialismo consecuente, honestidad y lealtad a toda prueba, y profundo sentimiento internacionalista.

A esa feliz e inseparable incorporación del Che, a la causa cubana, y con ella a la de todos los oprimidos de América y el mundo, le dedicó el Poeta Nacional Nicolás Guillén un impecable soneto menos conocido que su Che Comandante, de la solemne despedida al Guerrillero Heroico: Como si San Martín la mano pura/ a Martí familiar tendido hubiera,/ como si el Plata vegetal viniera/ con el Cauto a juntar agua y ternura,/ así Guevara, el gaucho de voz dura,/ brindó a Fidel su sangre guerrillera…

Desde el primer día del triunfal enero de 1959, y aún antes como de sobra está probado, todas las administraciones de EE.UU., con más o menos acentuadas diferencias de matices en los métodos, pero con el mismo e invariable objetivo estratégico, han pretendido derrotar a la Revolución Cubana y retrotraer al país a su anterior incondicional dependencia y sumisión al imperio. Sin embargo, fue en 1996 cuando toda la ignominia del bloqueo criminal contra Cuba, quedó codificada y cínicamente plasmada en la Ley Helms-Burton, bien llamada de la esclavitud. Su plena vigencia, con la activación de los Títulos III y IV, junto a otras medidas anticubanas, son recientes disposiciones del presidente Trump, afanado como sus antecesores en rendirnos. Es que no nos conocen, ni saben que: Aquí no se rinde nadie.

Para el imperio y los zanjoneros, plattistas, cansados y arrepentidos que prestan oídos a sus engañifas, la única respuesta de todos los patriotas, dentro y fuera de Cuba, será como en Baraguá: No, no nos entendemos… Ni tantito, así.

 


Redacción Digital

 
Redacción Digital