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Publicado el 16 Junio, 2019 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

PAPÁ, en el corazón anida la ternura

Los recién nacidos no tienen momento fijo para los catarritos, las alergias, los vómitos, los dolores de panza o las diarreas. Son pruebas por las que pasa la paternidad –igual que la maternidad-; muchos obtienen excelente evaluación; otros, en cambio, son presa de unos temores que jamás superan
PAPÁ, en el corazón anida la ternura.
Foto: 4.bp.blogspot.com

Por IRENE IZQUIERDO

Solo él sabe qué se experimenta al escuchar por vez primera el llanto del hijo. Es la culminación de la espera,  de la ansiedad que provoca saber a la esposa pasando por ese momento doloroso y sublime llamado alumbramiento.  No lo puede explicar, aunque el instante lo marca para siempre.

Hasta el más “duro” sucumbe ante los ojitos de mirada indefinida en un rostro que se mueve como tratando de ajustarse al impacto que le ha provocado salir desde el vientre materno.

Entonces,  toca tímidamente las manitos que se aferran al dedo protector. Y, en medio de una alegría ilimitada, comienza esa suerte de soliloquio paterno, que los presentes solo reafirman con la cabeza  o con una sonrisa en la que se aprecia: “loco de contento”.

Los recién nacidos no tienen momento fijo para los catarritos, las alergias, los vómitos,  los dolores de panza o las diarreas. Son pruebas por las que pasa la paternidad –igual que la maternidad-; muchos obtienen excelente evaluación; otros, en cambio, son presa de unos temores que jamás superan, y no por ello son menos papás. Sencillamente, ¡es tanto el amor…!

PAPÁ, en el corazón anida la ternura.
Foto: NEREYDA BLANCO BLANCO

Ya no habrá más noches de “dormir a pierna suelta”.  Sobrevendrá el
insomnio, porque el bebé ha confundido la noche con el día, o quiere
comer cuantas veces se le antoje y lo hace de la única manera que puede:
¡llorando!, en ocasiones, sin consuelo.

La nueva personita forma parte de la rutina, de la cotidianidad del hogar, y la vida se ha de reajustar, sobre todo  la de papi, quien siempre iba a jugar dominó, a tomarse unos tragos o a hablar con los amigos y vecinos, en el parque de la esquina. Pero ahora, sorteando la burla de esas personas, tiene otra  prioridad, la crianza.

Y el tiempo pasa…, salen los primeros dientes, llega los momentos de ir del círculo infantil, a la escuela, y para los adultos se incrementan las preocupaciones por su estabilidad docente, emocional y social. No faltan los consejos de ese patrón indispensable, que guía y orienta, pese a que no siempre se sigan al pie de la letra sus recomendaciones.

Aunque haya excepciones   – siempre las hay-, el padre es el brazo fuerte donde apoyarse en los momentos de flaqueza; es ante los ojos del hijo la persona que nunca se rinde; es el que saca fuerzas de lo más recóndito del alma… Es PAPÁ, el ser en cuyo corazón anida toda la ternura del mundo.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo