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Publicado el 20 Julio, 2019 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

TRANSPORTE

A todo tren

Cuba avanza en la recuperación y modernización del sector ferroviario, entendido como una de las vías que conducen al desarrollo socioeconómico del país

Por IGOR GUILARTE FONG

(Foto: IGOR GUILARTE FONG)
(Foto: IGOR GUILARTE FONG)

Viajar en tren ha sido históricamente –lo sigue siendo– un estilo de vida, una moda; como de moda está hoy la tendencia hípster, basada en combinar lo retro con lo nuevo, en redimir lo antiguo y bohemio. Y el tren es algo antiguo y bohemio; no esos trenes-balas, de tecnología atrevidísima y velocidades supersónicas que parecen aviones volando bajito, sino el tren, tren. Ese convoy que es tirado por una tradicional locomotora de fauces cuadriformes, penachos de hollín y sirena ronca, cuyos recorridos suelen ser largos y fatigosos como si fuera un elefante de hierro; pero que recíprocamente posibilitan al viajero un intercambio más físico con los accidentes geográficos y la naturaleza profunda.

Lo mismo que esos muchachones de ajuares vintage y looks retro, el sistema ferroviario cubano se ha enchapado con una imagen renovada. Convencido de que, en esta Isla larga y estrecha, la explotación del ferrocarril pudiera dejar mejores dividendos si se ajustan los cabos sueltos, las autoridades del Ministerio del Transporte (Mitrans) y del Gobierno han apostado por un plan de inversiones a fin de recuperar e impulsar el ramo, caído en desgracia por los vaivenes económicos y el impacto del bloqueo.

Antes de su breve parada en la estación de Camagüey, el tren atravesó campos y ciudades como una estrella fugaz iluminando la madrugada. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)
Antes de su breve parada en la estación de Camagüey, el tren atravesó campos y ciudades como una estrella fugaz iluminando la madrugada. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Todo este programa –insertado en las perspectivas nacionales de desarrollo socioeconómico rumbo al 2030– da vía libre a un proceso enfocado en rescatar la calidad del servicio, ofrecer mayor confort y acortar la duración de los viajes, así como restablecer rutas anteriormente canceladas. Asimismo, contempla la recepción de piezas de repuesto, el equipamiento especializado para las reparaciones y la asistencia técnica, la actualización del sistema de comunicaciones, la remodelación de estaciones y talleres, y la rehabilitación de la vasta red de líneas.

Como coronación de ese ambicioso esquema ministerial, una noticia muy esperada por millones de cubanos se hizo realidad en este verano. Con el viaje inaugural La Habana-Santiago de Cuba, de ida y vuelta, se inició el servicio de transportación ferroviaria con los 80 coches adquiridos recientemente. BOHEMIA no quiso perderse el suceso y se subió a esa aventura sobre rieles.

De ida y vuelta

Aquel domingo 19 de noviembre del lejano 1837 fue un día lluvioso. Aun así, a las ocho de la mañana muchos habaneros curiosos salieron con sus paraguas para no perderse al “buey de hierro que arrastraba varias carretas a la vez”. Los setenta pasajeros que acapararon asientos en ese tren precursor podrían contar a sus nietos que fueron testigos rodantes de “la apertura pública del camino de hierro”, trazado desde La Habana hasta Santiago de Bejucal.

El pasado sábado 13 de julio, ciento ochenta y dos años después de aquel suceso que glorificó a Cuba como el séptimo país del mundo en disponer del ferrocarril, incluso antes que España, fue de un sol colérico. Aun así, sobre las cuatro de la tarde, centenares de personas se agolparon para despedir a familiares y amigos, filmar y ver partir al gigante de hierro pintado de azul.

La terminal de La Coubre –aún en pleno ajetreo reconstructivo–menor en espacio y leyenda que su hermana Estación Central, no parecía a la altura del momento. Allí tampoco hubo guirnaldas ni se rompió una botella contra la armazón metálica como ocurre con los barcos recién botados al mar, ni hubo arcos de agua como se bautiza a los aviones pioneros.

Los sonoros y afanosos pitazos lanzados por la locomotora al viento indicaron la ansiada arrancada. Como un ritual, la máquina repitió el protocolo en cada estación donde hizo parada, o por el camino para ahuyentar en la distancia a las vacas morosas o a algún que otro borrachín negligente. Con una velocidad promedio de 60 kilómetros por hora, el tren iba echando humo.

Por ser la inaugural, la travesía desde la capital hasta la tierra caliente resultó toda una sensación. A lo largo de los más de 800 kilómetros que separan ambas urbes, multitudes de personas de nuestros campos y ciudades formaron filas al pie de los raíles para saludar y captar en fotos o videos con sus celulares, al coloso deslizante de trescientos metros de largo. Es de suponer que muchos de ellos, fanáticos cazadores de likes, subieran luego sus imágenes a YouTube o Facebook.

Los pasajeros disfrutan durante el viaje de una atención personalizada y un notable confort. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)
Los pasajeros disfrutan durante el viaje de una atención personalizada y un notable confort. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

En Ciego de Ávila y Camagüey mucha gente esperó despierta hasta la madrugada para ver la estela azul surcando la oscuridad. Mientras, en otros pueblecitos de Las Tunas y Holguín los lugareños se levantaron al cantío del gallo más mañanero para ver pasar el nuevo tren, cuya metálica estructura se visualizaba más resplandeciente por el efecto de los primeros rayos de un sol amarillón y regordete que lánguidamente escalaba el lomerío oriental.

La impresión no fue menor para los de a bordo. Desde que se conoció la compra de estos flamantes coches –más adelante entrarán las locomotoras– y que cada uno costaba medio millón de dólares, las expectativas de la población crecieron hasta límites insondables. De tales ansias, sin siquiera montarse, la gente fantaseaba con el confort de los coches, como si hubieran viajado en ellos de aquí hasta la mismísima muralla china.

Aunque en misterio, lujo y glamour no le llega a los talones del icónico Orient Express –fuente de inspiración literaria y cinematográfica– o del no menos célebre Transiberiano, lo cierto es que el “expreso de Oriente criollo” exhibe ahora condiciones admirables y una categoría “cinco estrellas”, según la mayoría de los clientes entrevistados que lo contrastan con los “trenes de palo” que cubrieron esa ruta en etapas anteriores.

¿Un
expreso de Oriente criollo?

Características de los coches de fabricación china que acaban de entrar en funcionamiento. (Infografía: MELIZA RODRÍGUEZ/Cubahora)
Características de los coches de fabricación china que acaban de entrar en funcionamiento. (Infografía: MELIZA RODRÍGUEZ/Cubahora)

Las santiagueras Gleyza Videaux y Odalis Boudet, localizadas en el coche número 1, sintetizaron el deslumbramiento colectivo y agradecieron la voluntad estatal en medio del difícil contexto económico que atraviesa el país, para poner al servicio público un medio de transporte asequible, reverdecido, que responde a viejas demandas y llega oportuno en la etapa estival.

“Si vas a viajar en tren prepárate para una odisea”, era una frase habitual que, con sabor de epitafio, podía lapidar las intenciones del más optimista aventurero en días no muy lejanos, cuando normalmente un viaje demoraba de 16 a 24 horas, y hasta un poquito más. A tal punto había languidecido el servicio ferroviario en Cuba.

“Este trayecto Habana-Santiago se hacía antes con seis coches que solo llevaban 450 pasajeros. Ahora podemos transportar 776 en 11 coches. De estos cuatro tienen aire acondicionado y otros siete ventanillas y ventiladores en el techo. Además, disponen de otras novedades como asientos reclinables y giratorios, baños, dispensadores de agua fría, televisores y sistemas de audio”, explicó Luis Roberto Rosés Hernández, director de la UEB de Trenes Nacionales de Pasajeros, de la Unión de Ferrocarriles de Cuba.

Montado en el viaje inaugural, el joven directivo de 27 años agregó que “el sistema de ventas que se hacía con cinco días de antelación, ahora se puede realizar hasta con 30 días. Otro elemento novedoso es el acceso a una aplicación informática que permite al viajero conocer pormenores del itinerario, el cumplimiento de los horarios, y habilitando los datos móviles se puede verificar el avance del tren en tiempo real”.

Personas de todas las profesiones, provincias y edades viajan en este tren. Hombres y mujeres de rostros tornadizos, curtidos y cansados van de la ciudad al pueblo, o del pueblo a la ciudad. Mujeres empañoletadas duermen abrazadas a sus niños, dos chiquillos de peinados encrestados bajan unas trovas medio estilo “trap” a sendas trigueñas con afán de lograr un intercambio cultural interprovincial. Por allá un hipoglicémico reclama más chucherías a bordo porque es insuficiente la merienda limitada de sándwich y refresco a 20 pesos, mientras los fumadores rechinan los dientes y evitan fumarse los dedos porque no pueden fumar.

Durante unas quince horas todos esos extraños duermen, meriendan, conversan, miran el paisaje; se ven forzados a compartir tiempo y espacio. Al final, en la última estación, cada cual dice calabaza-calabaza para muy probablemente, no volverse a ver jamás.

El tren es una cápsula rodante de la sociedad, un mundo de cosas. No imagino al inmortal Hércules Poirot o al espía James Bond –dos de los más ilustres viajeros del Orient Express– a bordo de este expreso de Oriente criollo. El bigotón inspector no pegaría ojo tratando de desenmascarar al homicida que lanzó la bomba de gas resultante de un inmoderado consumo de pan con aguacate. En tanto el superagente británico tendría la misión de neutralizar al dueño del tufillo emanado de unos pies descalzos que inundaba un vagón climatizado.

A pesar de la tardía llegada a la indómita ciudad –a causa de disimuladas fallas técnicas– la aparición de este primer tren en el andén de la terminal Senén Casas Regueiro se asumió como una fiesta. La estación era un auténtico hervidero. Y la máquina de hierro fue recibida triunfalmente, con muchedumbre, cinta y conga, como si se tratara del recibimiento de un ídolo homérico o del héroe que salvó al tren militar.

Por buen carril

Pero a falta de héroes fingidos están los de carne y hueso. La ferromoza Leyanis Dublon Garbey, de 23 años, enfatiza la preparación recibida en el curso de capacitación y que su máxima es brindar un trato afable para que el pasajero tenga un viaje agradable. Tres años menor que ella es la agraciada Marlen Figueroa Quevedo, quien afirma que “la calidad del servicio debe estar a la altura del gran confort de los nuevos coches”.

Las autoridades competentes se mostraron receptivas ante el más mínimo reclamo de la población, para obrar de manera realmente eficiente. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Mucho apoya a las jóvenes la experimentada Eloida Calzado Vera, jefa de las ferromozas en el viaje Santiago-Habana. “Cumplo 45 años de servicio. Le he dedicado la vida a este oficio y he pasado por varias inauguraciones de trenes pero ninguna como esta, porque con este tren hemos mejorado un mundo”.

Iblaides Meriño Balón, quien se desempeña como supervisor, coincide en que el cambio ha sido notable. “Tengo la misión de chequear el funcionamiento de todo lo que se hace a bordo, soy como un controlador de la calidad, e insisto mucho a mis compañeros que nos toca mantener el cuidado de estos equipos puestos en nuestras manos, para que duren muchos años”. A su vez, el electromecánico Ariel Martínez Pérez, con 30 años de experiencia, atiende toda la cuestión técnica, entiéndase motores diésel, aire acondicionado, electricidad, parte del sistema de rodamiento. “Esta es una técnica novedosa. Es un cambio del día a la noche comparado con lo que teníamos antes. Particularmente nunca pensé que llegaríamos a este nivel, pero lo hemos logrado”, expresó.

A cargo del timón está Rafael Quesada Mederos, diestro maquinista con 30 años sobre rieles. “Tengo la responsabilidad de llevar el tren a su destino con seguridad, cumpliendo las normas y el horario establecidos. El trabajo puede ser difícil, pues se realiza en medio de la noche muchas veces y se vive un poco de tensión mientras se está atento para no tener accidentes, pero no es nada que la experiencia no te ayude a sobrellevar”.

Conscientes del contexto actual, las autoridades ferroviarias reconocen que aún son tareas pendientes el aumento de la disponibilidad de medios para el transporte de pasajeros y la implementación de acciones que eleven la calidad de los servicios en el ferrocarril. “Indiscutiblemente hay cosas que tenemos que perfeccionar en respuesta a las exigencias del pueblo que es nuestro juez. Este es un servicio para el pueblo y todo lo que nos diga tendremos que evaluarlo y modificarlo si fuera necesario”, declaró al descender en la terminal santiaguera la viceministra primera del Transporte, Marta Oramas Rivero, a quien se le vio durante el viaje muy diligente, junto a otros funcionarios del Mitrans y entidades subordinadas, a fin de reajustar los dispositivos necesarios.

En la terminal santiaguera el tren fue recibido por todo lo alto. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)
En la terminal santiaguera el tren fue recibido por todo lo alto. (Crédito: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

También tras pisar el andén, el indómito Jorge Sarmiento, con aires de viajero profesional, reflexionó: “ahora nos toca cuidar este tren. La responsabilidad es de todos”. Sin duda, el pueblo (cliente y principal beneficiado en este caso) debe entender que es el máximo encargado de velar por la durabilidad de tales recursos puestos a su disposición. Sería imperdonable que de aquí a unos meses estos coches, tan costosos y con condiciones de primer mundo, circulen por nuestro nodo de líneas férreas luciendo las cicatrices de la ingratitud y la negligencia. Sería regresar al pasado, y no estaríamos lejos de parecernos a los piratas tuertos y rengos de antaño, que como únicas medallas lucían sus toneladas de fechorías.

El primer tren (en total son cuatro las rutas de largo alcance) con sus flamantes coches chinos, ya cumplió su primer trayecto conectando a las ciudades de La Habana y Santiago de Cuba. A la tierra caliente se fueron muchos a ver a sus seres queridos y a gozar de los legendarios carnavales. De Oriente llegaron otros para disfrutar de las vacaciones en la populosa villa que se remoza para vestir mejores galas en su cumpleaños 500. El tren, ese medio de transporte histórico en Cuba, regresa con nuevos bríos para contribuir con la felicidad de todo un pueblo; ha vuelto, justo a tiempo, para provocar una verdadera revolución que va más allá del ferrocarril. También es señal de que el país se mueve, en la dirección correcta, y que de cara al futuro marcha a todo tren.

El viaje entre La Habana y los municipios cabeceras provinciales tiene los precios siguientes (Crédito: tomada de GRANMA)
El viaje entre La Habana y los municipios cabeceras provinciales tiene los precios siguientes (Crédito: tomada de GRANMA)

Igor Guilarte Fong

 
Igor Guilarte Fong