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Publicado el 30 Agosto, 2019 por Igor Guilarte Fong en Nacionales
 
 

ZOOLÓGICO NACIONAL

Un sueño hecho realidad

Nació hace 35 años con un objetivo y, sin abandonarlo, ha logrado evolucionar en su estrategia con un compromiso social de impacto
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Un sueño hecho realidad.
Se enseña a convivir en armonía con la naturaleza.

Por IGOR GUILARTE FONG

Fotos: MARTHA VECINO ULLOA

Cada quien reaccionará a su modo ante la experiencia, pero no cabe duda de que resulta fenomenal, sorprendente, única, la oportunidad de ver –a unos pocos metros de distancia– a cebras, rinocerontes, hipopótamos, elefantes, avestruces, leones, y muchos otros animales exóticos y de distante geografía. El Complejo Parque Zoológico Nacional, ubicado en el municipio de Boyeros, es de esos lugares para no perderse en La Habana de los cinco siglos.

Justamente, hace 35 años comenzó su historia, a partir de la idea del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz de dotar a la capital cubana de un zoológico moderno, acorde con los estándares internacionales. La tarea le fue encomendada al doctor Abelardo Moreno Bonilla, biólogo, profesor universitario y fundador de la Academia de Ciencias de Cuba, y era chequeada por la heroína Celia Sánchez Manduley.

Un sueño hecho realidad.
La colección del parque no solo es grande en número, sino en valor patrimonial.

Desde entonces la entidad nunca ha dejado de transformar su espíritu y sus feudos. Durante el período especial llegó a estar muy deteriorada, pero en 2010 se emprendió un plan de recuperación de todas las áreas y hoy se perciben grandes avances.

Como fruto de la voluntad sostenida a lo largo de décadas, y del especial salto que significó la operación Arca de Noé 2, el parque ampara en sus 342 hectáreas de extensión a más de 152 especies y 1 700 animales.

Muchos de ellos –seguramente los más atractivos ante las miradas curiosas de niños y mayores– componen cuatro exhibiciones en las que se les puede apreciar en aparente libertad: la pradera africana y el foso de los leones, que son las emblemáticas; además de sendos fosos de hienas y guepardos.

Misión abarcadora

Un sueño hecho realidad.
“Somos como el buque insignia de la empresa nacional de zoológicos”, sentencia el director, Jorge Rivero Domínguez.

Aun cuando las colecciones de fauna sustraen buena parte de los aplausos de la puesta en escena, el mayor y más indiscutible éxito del Zoológico Nacional corresponde a sus 671 trabajadores. A diario, esos hombres y mujeres han sido –siguen siendo– protagonistas de disímiles historias de abnegación, dedicación y entrañables relaciones con los animales bajo su cuidado. “El colectivo laboral tiene amplio sentido de pertenencia a la institución y asume las tareas con total responsabilidad”, destaca Jorge Rivero Domínguez, director de la Unidad Empresarial de Base.

“Cumplimos una misión abarcadora. Además de la atención de rigor a los animales, inculcamos la educación ambiental, colaboramos con círculos de interés en las escuelas, desarrollamos la equino-terapia. Desde el punto de vista especializado, lideramos eventos científicos, reproducimos animales para el resto de los zoológicos del país y los asesoramos metodológicamente, por la experiencia que tenemos”.

Para este año, anuncia, deben incorporarse a ese conjunto los zoológicos de Bayamo y Manzanillo; en tanto se dictaminarán los de Matanzas, Sancti Spíritus y Guantánamo, con perspectivas de acreditarlos en 2020.

Como novedad, entre las acciones reconstructivas en saludo al aniversario 35, Rivero Domínguez ilustra que recuperaron el área denominada de Las Pérgolas. “En ese espacio brindamos un servicio especializado, vendemos productos cárnicos y bebidas y alquilamos un hornillo, para que la gente pase un picnic en familia. La iniciativa ha sido bien aceptada”.

Un sueño hecho realidad.
Del grupo de animales donados por Namibia se han logrado más de 140 nacimientos.

Entre los varios retos por delante –dice–, está atender gran diversidad de especies con sistemas de reproducción y alimentación diferentes, lo que se vuelve un juego de ajedrez interminable. A la par, tienen la premisa de continuar mejorando las instalaciones y creciendo en los ingresos, que hoy superan los 25 millones de pesos. Lograr todo eso es difícil, sobre todo porque sienten los efectos del bloqueo que les dificulta la adquisición de determinados medicamentos, instrumentos de trabajo y tecnología moderna para los tratamientos veterinarios.

“Se encuentra en proceso de inversión una pradera euroasiática. Para ello estamos negociando con zoológicos de Guatemala y México a fin de concretar intercambios que nos permitan conseguir algunos animales que no tenemos. Más adelante pretendemos crear una pradera americana y una cubana, porque sería imperdonable exhibir fauna del mundo y omitir la nuestra”, señala.

A los encantos del reino animal se suma la variada oferta gastronómica que brindan ocho cafeterías y dos restaurantes climatizados, entre estos el peculiar restaurante Mirador Foso de Leones. Como su nombre indica, los clientes pueden disfrutar allí de un buen almuerzo mientras otean al llamado rey de la selva –que en realidad no lo es– y a su harén en “libertad condicional”.

“Otro reto radica en garantizar el mejor servicio posible. Ciertamente hay diversidad de criterios y exigencias, pero en sentido general hemos logrado que la población que visita el parque se vaya satisfecha, complacida”, considera el directivo.

Honor a quien lo merece

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La Pradera Africana es el área distintiva por excelencia.

Armando Barrios Buxadera es un hombre intranquilo y soñador. Por sus incansables andanzas dentro del zoológico, ademanes e ilusiones personifica una suerte de quijotillo. Cuando habla del zoológico, que es casi siempre, lo hace con chispa en los ojos y locuacidad de diplomático, de ahí que algunos compañeros lo bautizaran con el mote de Ministro de Relaciones Exteriores. Los colegas bromistas tienen razón, en parte, porque es Armando el encargado de las relaciones públicas y la comunicación institucional.

El zoológico, opina, es uno de los más importantes del continente en extensión y cantidad de animales. El valor de su colección es elevado no solo en especies, sino en el aspecto patrimonial, y posee varias exclusividades. Aunque todavía falta seguir potenciando otras cuestiones importantes como clínicas, laboratorios y medios técnicos.

“No se puede hablar de los éxitos que exhibe el parque en la actualidad sin evocar el nombre del general de división (de la reserva) Miguel Luis Abud Soto, quien nos dirigió desde 2011 hasta 2018, cuando falleció”, afirma Barrios Buxadera. El rostro se le ha recogido y el tono es de respeto, como si quisiera rendirle homenaje, desde su interior, al jefe ausente.

“Durante ese período nos educó con su exigencia, ejemplo y entrega a esta obra. Abud le puso mucho empeño al trabajo, sembró la cultura del detalle y logró fundar las bases para el mejoramiento de las condiciones generales tanto de nuestro parque como de la Empresa Cubana de Zoológicos. Varias personalidades nacionales y del mundo que han visitado esta institución han reconocido esa huella”.

Vivos tesoros

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Clarisbel del Risco abrió las puertas al público hace 35 años y hoy lo guía en agradables safaris.

Veinticuatro años tenía Clarisbel del Risco Mestreaquel 24 de marzo, día inaugural del Zoológico Nacional. “Fue de visita dirigida para los hijos de los trabajadores. Lo recuerdo como un día maravilloso, yo estaba en la taquilla. Luego trabajé durante 27 años en la caja central y ahora estoy de guía. Así que antes abrí las puertas al público y ahora estoy despidiéndome del parque como guía, porque ya me queda poco para jubilarme. De aquí lo principal que me llevo es lo hermoso de intercambiar con las personas”.

Seguramente, los visitantes se llevan también a la carismática Clarisbel en sus memorias. Quien tiene la oportunidad de realizar el safari a bordo del ómnibus donde ella va de guía disfruta de un rato gratificante, pues a la charla educativa le incorpora algunos comentarios más chistosos que incitan la alegría colectiva. Además, trabaja con las escuelas y los círculos de interés en la educación sobre el cuidado de la naturaleza. “A los fundadores nos tratan aquí de manera especial, con respeto y cariño, porque somos los más ancianos, los mayores…, las joyas”, expone entre risas.

Igual de simpática es Teresa Ulacia Blanco, otra de los 12 fundadores que se mantienen en activo. Teresita, como le dicen, se muestra esquiva ante la intención de entrevistarla; alega ser muy penosa, pero al final cede y resulta ser buena conversadora.

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Teresita, como le llaman todos, afirma que el zoológico es su segunda casa.

“Entré al zoológico con 17 años. Si los jefes me llamaban la atención me daban ganas de llorar. Era una niñita. Empecé como auxiliar de limpieza, luego pasé a dependiente, administradora de comedor y ahora administradora de cafetería. Aquí aprendí mucho, me he formado y ahora me toca encaminar a los jóvenes.

“Desde que entré hasta la fecha ha habido cambios notables, para bien. Han mejorado las áreas, las exhibiciones, los servicios. El gastronómico es bastante estable, se venden módulos de confituras para niños, almuerzos, refrescos. Ya pienso jubilarme en este lugar. Aquí encontré a mi media naranja Miguel Vega y trabaja mi hija Luisa Marelis Camacho. Este zoológico ha sido mi segunda casa, le he dedicado la vida entera”, asevera.

Pero un nombre en especial late y nunca muere en el Zoológico Nacional: el de Fidel. Y es que fue este el último espacio público que visitó en vida el líder histórico de la Revolución cubana. Con pasos lentos, pero seguros y firmes, el Comandante en Jefe recorrió la instalación el 30 de octubre de 2016, para constatar que su anhelo de que la familia cubana pudiera realizar un auténtico safari en La Habana, se había hecho realidad.

Un sueño hecho realidad.
Pocas veces se tiene la oportunidad de ver tan cerca al animal más grande del mundo.

Casos y cosas de la casa.Zoo

Varias son las características y curiosidades que hacen del Zoológico Nacional un lugar único, pero entre todas la Pradera Africana es el orgullo de la institución. Simboliza un pedazo del África en Cuba. He aquí algunos peculiares aspectos de esa área, donde se pueden ver más de 250 animales coexistiendo como en vida natural:

-La piscina de los hipopótamos tiene 1.90 metros de profundidad y fue diseñada para 9 ejemplares, en atención a sus instintos extremadamente territoriales. No obstante, la habitan 26 “sociales”. ¿Quién dice que el problema de la vivienda no se da también en el reino animal?
-Si de censo se trata, las que más abundan son las cebras, hay unas 140. Esa superpoblación se debe a que el primo rayado del caballo no respeta “cuarentena” posparto y a los ocho días vuelve a montar a la hembra. ¡De madre! O mejor dicho: ¡De cebra!

Existe la mayor exhibición de rinocerontes blancos. Un rinoceronte blanco se cotiza en el mercado internacional por encima del millón de dólares y aquí, tranquilamente, pastan 10. Como diría el distinguido Taladrid: saque usted sus propias conclusiones.

-Cuatro jirafas viven en un patio más apartado, porque son “hipercardiacas” y porque con sus 30 centímetros de lengua nadie las querría de vecinas.

-Radican las dos únicas elefantas que existen en Cuba. Son demoledoras de árboles y, asombrosamente, la más pequeña llamada Ada, se ha tomado en serio el papel de “niñera” de un búfalo.

-En el foso de los leones reúnen una manada de 45 de esos felinos, de las más grandes en cautiverio. Allí el león vive como un verdadero rey: le sirven carne de caballo, vísceras y picadillo de pescado, por lo que solo tiene que preocuparse de no echar demasiada barriga y mantener contentas a decenas de leonas. ¡Quién fuera león!, pensarían algunos. Pero vale apuntar que el coito del melenudo machote dura de dos a tres segundos. ¡Y todavía hay por ahí quien dice ser un león!

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Igor Guilarte Fong

 
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