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Publicado el 21 Agosto, 2019 por Irene Izquierdo en Nacionales
 
 

¡¡Yooooo…, Samantha!!

Siempre se las agencia para que quienes llegan a la sala de neurocirugía del hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, de la capital cubana, la vean. Y no le basta con ser ella un torbellino, sino que insta a los demás a disfrutar cada instante con intensidad. Samantha Solana tiene solo tres años, y aunque su inocencia no le permite asimilarlo, está severamente enferma
¡¡Yooooo…, Samantha!!
Ese rostro no refleja solo belleza, sino también, picardía. Ella es la famosa Samantha.

Por IRENE IZQUIERDO

Fotos: ANARAY LORENZO COLLAZO

“¿Qué niños están ingresados en esta área?” Preguntó alguien a la llegada al centro asistencial, mientras afuera llovía “a cántaros”, como suele decirse popularmente. Sin esperar la respuesta, una voz diminuta, que parecía asombrarse de ver llegar a aquellas personas, pese a la lluvia, respondió: “¡¡Yooooo…, Samantha!!”

Todos miraron y la encontraron como un remolino sobre las piernas de su madre. Sabía que había hecho otra de sus travesuras y se tapó el rostro, pero solo por unos instantes…

“Ella es la alegría”, comentó alguien del hospital.

Luego supimos que siempre se las agencia para que quienes llegan a la sala de neurocirugía del pediátrico Juan Manuel Márquez, de la capital cubana, la vean. Y no le basta con ser ella un torbellino, sino que insta a los demás a disfrutar cada instante con intensidad. Samantha Solano tiene solo tres años, y aunque su inocencia no le permite asimilarlo, está severamente enferma.

Padece de un tumor a nivel de la columna dorsolumbar. Está ingresada en el centro asistencial, con estadía prolongada; ha sido objeto de más de 20 intervenciones quirúrgicas, y solo se le ve triste en los momentos de complicaciones de sus curas, que han sido muy fuertes, en el afán de los médicos y otros especialistas de desterrar el mal.

¡¡Yooooo…, Samantha!!
¡Magia! ¡Sorprendente!

Conocimos su historia el día en que, a propósito de los 93 años del Comandante en Jefe y el Día del trabajador Hidráulico, parte del colectivo de la Empresa Aguas de La Habana concurrió al hospital para hacer un donativo de juguetes y celebrar con ellos el tradicional cumpleaños.

Al llegar los visitantes mostró una alegría tal, que todos los presentes tuvieron que fijarse en ella. Desde ese momento fue el centro del festejo, no solo por su alegría, sino también porque allí supimos que algún día –como niña normal al fin- caminó, hasta que fue “mordida” en plena columna vertebral por la tumoración contra la que hoy luchan a brazo partido muchas personas en el hospital.

Son manos que obran por la felicidad. Y quizás Samantha nunca vuelva a ver a esos hombres y mujeres que un día de este lluvioso agosto llegaron, como traídos por la varita de un hada milagrosa a traerles juguetes, golosinas y un ratico de alegría en medio de su proceso recuperativo en la sala, donde siempre es mucho el empeño por lograr su felicidad plena.


Irene Izquierdo

 
Irene Izquierdo