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Publicado el 6 Septiembre, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

Empleo y desarrollo en un país que envejece

Automatización, envejecimiento y empleo/ El País

Siempre que se habla de envejecimiento poblacional retumban las voces preocupadas de economistas, políticos y decisores que deben prever las maneras de sostener la infraestructura socioeconómica de un país donde cada vez ocurren menos nacimientos aunque, afortunadamente, se alarga la esperanza de vida de sus habitantes.

Aun cuando este indicador no se asume desde una perspectiva negativa sino que es el resultado del desarrollo de la sociedad, sí representa un reto, en especial para Cuba, nación donde el bloqueo económico incide en los avances sociales, y por supuesto, tiene su reflejo en los índices demográficos.

En la Isla, más del 20 por ciento de la población supera los 60 años y se espera que para 2025 esta cifra ascienda al 26 por ciento. Tal tendencia implica la necesidad de pensar cuestiones esenciales como la organización del trabajo y la economía acorde a las dinámicas del nuevo escenario.

En esa dirección se encuentra el conjunto de medidas presentadas a la dirección del país por el ministerio de Trabajo y Seguridad Social, junto a la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, y que abogan por promover el desarrollo profesional, mejorar el sistema de innovación y la distribución de ingresos, como bases para el cambio necesario.

Un mayor desarrollo de las industrias creativas y del conocimiento, así como optimizar los procesos con las facilidades tecnológicas del nuevo siglo también forma parte de la proyección gubernamental.

Otra revolución industrial desde este presupuesto ya está aconteciendo en el mundo. La llamada Industria 4.0 ofrece mediante la digitalización, redes inteligentes de autogestión y sistemas ciberfísicos, una optimización sin precedentes de los procesos industriales y la posibilidad de establecer nuevos modelos de negocios desde plataformas colaborativas.

Sin embargo, aunque la macro revolución pudiera beneficiar a las economías emergentes, incrementaría considerablemente las brechas existentes entre los líderes mundiales tecnocráticos y el resto del planeta. Es decir, sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse.

En esta carrera Cuba tiene pros y contras. Su infraestructura industrial carga con altos niveles de obsolescencia tecnológica, y se dispone de escasos recursos para transformar esa realidad en poco tiempo cuando todavía se enfrasca en la integración de las tecnologías de la información a los modelos de producción tradicionales (conocida como la tercera revolución). Aunque este proceso pudiera beneficiarse con las investigaciones de empresas y universidades cubanas, avezadas en el desarrollo de tecnología y la automatización de procesos.

Ante esta realidad es necesario apresurar otros caminos. El país ya apoya una buena parte de su economía en servicios profesionales y productos de alta tecnología como los de la industria de biotecnología; la innovación bien pudiera ser otro de esos pilares, aunque se necesitan mecanismos que la dinamicen y conviertan en una inversión rentable.

Es necesario entonces aprovechar todos los recursos y oportunidades posibles.


Redacción Digital

 
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