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Publicado el 4 Noviembre, 2019 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL: Cacería de brujas

foto: RHC

La Asamblea General de Naciones Unidas tiene previsto para los primeros días de noviembre discutir y votar por vigesimoctava ocasión el proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba”, política criminal que no solo transgrede los derechos humanos de nuestro pueblo, sino el derecho de todos los países del mundo a relacionarse con la Isla sin temor a ser castigados.

Doce administraciones estadounidenses han utilizado ese cerco como el instrumento principal de su política de agresión contra la mayor de las Antillas. Cualquier persona que acceda a los sitios web de los departamentos del Tesoro y de Comercio de EE.UU. apreciará que contra el vecino del sur se ha implementado el sistema de sanciones unilaterales más injusto, abarcador, severo y prolongado aplicado a nación alguna.

Es delirante la manera en que las administraciones yanquis han tratado de utilizar el bloqueo para propiciar cambios internos en Cuba con absoluta desfachatez, desde que se trazó claramente, hace 60 años, el objetivo de usar los “correctivos” económicos con esos fines, como lo refleja el memorando del 6 de abril de 1960 de Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos:

“La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz […]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al régimen] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria […]. Se deben emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […]. Una medida que podría tener un fuerte impacto sería negar todo financiamiento o envío a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Siete de cada 10 compatriotas han nacido bajo esas condiciones y han tenido que vivir con las drásticas restricciones que estipula esa brutal política, sobre todo para impedir la adquisición de alimentos y medicinas. Ahora la arremetida se recrudece con la estrategia de demonizar el sistema socialista y, con vistas a ello, la actual administración fabrica pretextos –como la solidaridad con Venezuela–, para darle continuidad y reforzar su crueldad.

La intensificación de la extraterritorialidad con efectos disuasorios e intimidatorios a entidades que se relacionan con nuestra patria es el signo principal de las sanciones contra compañías que pertenecen a los sectores industriales, bancario-financiero y del petróleo.

El texto que Cuba ha presentado ante las Naciones Unidas es prolijo en el análisis específico de numerosas situaciones que describen en el año evaluado no solo el daño inmediato sobre su población –las pérdidas sobrepasan 4 343 millones de dólares-, sino también la cacería de brujas que la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro realiza para perseguir y amedrentar mediante la amenaza directa el comercio exterior y las relaciones económicas y comerciales. Junto con ello, la aberrante decisión de permitir demandas en los tribunales norteamericanos contra entidades cubanas y de terceros países al amparo del Título III de la Ley Helms-Burton.

Tanta represalia se convierte hoy en el obstáculo principal para nuestro desarrollo.

Parece una burla que bajo el fundamento del “interés nacional de Estados Unidos” se privilegie a un grupo minoritario, a despecho de la creciente gama de figuras de ambos partidos, así como de la cúpula empresarial estadounidense, que sugieren variaciones y hasta la normalización de relaciones bilaterales, reflejando una opinión pública interna mayoritaria.

En diversas reuniones, por estos días los cubanos hemos agradecido profundamente el apoyo internacional recibido de gobiernos, parlamentos, partidos políticos, personalidades y movimientos sociales contra esta política genocida.

Como afirmó el presidente Miguel Díaz-Canel, las fuerzas imperiales acuden a la mentira para justificar sus fracasos en Venezuela y recrudecen las represalias contra la familia cubana, pero no hay fuerza, amenaza o bloqueo que pueda apartarnos de nuestros principios.


Redacción Digital

 
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