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Publicado el 10 Diciembre, 2019 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Corrientazo desde el cañaveral

Corrientazo desde el cañaveral.

Solo aprovechando el tiempo y los recursos se han podido enfrentar mejor los atrasos iniciales en la bioeléctrica.

Texto y fotos: PASTOR BATISTA VALDÉS

Tiene el municipio de Ciro Redondo, en la provincia de Ciego de Ávila, un enorme privilegio, pero también uno de los retos más grandes dentro de la industria azucarera cubana en estos tiempos.

Más de 300 millones de pesos está poniendo en juego Cuba allí mediante un programa inversionista sin precedente, para encadenar productiva y científicamente plantaciones cañeras, fabricación de azúcar y generación de energía. Este momento se hará realidad cuando despegue una moderna bioeléctrica, primera que aprovechará bagazo en período de zafra y biomasa vegetal, sobre todo de marabú, mientras el ingenio recese labores.

A cargo de la empresa mixta Biopower S.A., cuyos accionistas son la británica Havana Energy Ltd. y Zerus, subordinada esta última al Grupo Azucarero Azcuba, la ejecución de la planta marcha al 77 por ciento. En medio de una ardua actividad se aspira iniciar pruebas de generación antes de que expire diciembre. Solo para ella el país ha destinado más de 180 millones de pesos, concentrados en 36 objetos de obra donde intervienen, codo a codo, especialistas y obreros chinos y cubanos.

Los atrasos, como ha explicado la ingeniera Carmen Taboada Hernández, vicepresidenta de Biopower S.A., se acentuaron con el paso del huracán Irma y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense. Esto obligó a afincar botas y puños en puntos clave como la construcción de los transportadores de bagazo (desde el central) y de biomasa de marabú (desde el patio semiabierto que almacenará esa materia prima), calderas, planta de tratamiento de agua, tanque de cenizas, precipitadores electrostáticos, turbinas y tuberías de vapor, chimenea, torre de enfriamiento, tanque de combustible…

Corrientazo desde el cañaveral.

Por aquí la planta aprovechará biomasa vegetal procedente del patio semiabierto.

Que todo lo tecnológicamente indispensable quede listo no parece generar mayor desvelo, aun cuando diciembre está tocando puertas o más bien talones.

Según razona Jorge Félix Martín Iglesias, director de inversiones en la Empresa Azucarera de Ciego de Ávila, se trata de lograr una congruencia tal que permita alinear las labores de construcción y montaje allí con las del aledaño central Ciro Redondo. Dicho en otros términos: no basta con terminar en tiempo y forma lo correspondiente a la bioeléctrica, si la modernización del ingenio, a un 72 por ciento al momento de hilvanar estas líneas, se rezaga.

Borrón y central nuevo

No son cuatro estructuras ni tres equipos los que concibe el proyecto para modernizar el Ciro Redondo. Aunque parezca romántico o exagerado se trata, prácticamente, del montaje de “un nuevo central dentro de la vieja industria”.

Así lo ven Publio León Pereira, pailero toda su vida en el extinto ingenio Orlando González, y el otrora operador de alzadoras Álvaro Serrano Gómez, Héroes del Trabajo de la República de Cuba. Ellos, junto a varios cincuentenarios del azúcar, miran con asombro de niños lo que en verdad parece juguete nuevo. Pasmados se quedan también el chofer santiaguero de trompo José Luis Odio Suárez, y hasta Yamilka Barrios, jefa de capital humano en el central, al pensar en ese futuro tándem que procesará 8 000 toneladas de caña: 2 000 más que antes.

Si bien cada quien considera vital su área de trabajo, las miradas suelen posarse en el punto de mayor complejidad y rigor: la instalación de cinco reductores planetarios, equipos con sistema de acople directo que permiten mayor potencia y ahorro de energía, presentes hasta ahora solo en dos molinos del coloso Uruguay, de Sancti Spíritus.

“Ahora estamos realizando apriete y ajuste, sobre todo en el quinto y último reductor. El trabajo va bien, según planes y no veo problema porque hay excelente cooperación con los cubanos. Están siempre al tanto de nuestras observaciones y solicitudes”, resalta el ingeniero, diseñador y proyectista checo Martin Michal.

Corrientazo desde el cañaveral.

Todavía hay mucho que hacer dentro y fuera del ingenio.

Con similar cuidado y agradecimientos por el nexo con la parte cubana, especialistas venezolanos y brasileños crean condiciones para el montaje de una moderna desfibradora (máquina para seccionar, reducir o quitar las fibras de la gramínea) que prescindirá de los viejos juegos de cuchillas y debe poner en línea una caña más apta para la calidad del proceso. No son esos los únicos elementos que, a la vista, imprimen una apariencia de ciencia ficción, real.

El ingeniero Iván Oliver Góngora, jefe de operaciones de construcción y montaje en la Empresa de Servicios Técnicos Industriales (Zeti), sabe muy bien lo que el país ha dispuesto: tecnología de avanzada para el pesaje digital, dos nuevos viradores para el tiro directo de la gramínea, y la sonda muestreadora para el pago justo y diferenciado de la caña a cada productor de acuerdo con la calidad de la materia prima entregada. Asimismo, se ha garantizado para la nueva fábrica una bomba al vacío, dos centrífugas de alta eficiencia en busca de más calidad en el azúcar, dos filtros exclusivos para cachaza, así como dos clarificadores a favor de más capacidad de operación.

Como apunta Rubén Rodríguez Vidaurreta, de servicios ingenieros, si a lo anterior se agrega una pesa para comprobar el jugo, los filtros rotatorios –únicos también– para extraer de la cachaza residuos dañinos, las naves de cal, el tanque de miel y el cuarto de compresores, es obvio que del viejo central quedará prácticamente el nostálgico recuerdo en quienes allí hicieron zafra durante años y décadas.

Sincronización e intercambio

Lograr una rigurosa sincronización en el funcionamiento de ambas obras deviene necesidad medular para concretar y sostener un megaproyecto mutuamente ventajoso e integrado en ciencia y tecnología, el cual concibe la entrega de bagazo y agua condensada por parte del central hacia la bioeléctrica, para recibir de ella electricidad y vapor.

Esto introduce una novedosa particularidad al desaparecer las calderas y los dos turbogeneradores de 5 MW con que antes operaba el ingenio. Si todo fluye como se prevé, su vecina debe llegar a generar seis veces más energía (60 MW) para beneficio de la fábrica de azúcar y del sistema electroenérgético nacional.

Corrientazo desde el cañaveral.

Como otros equipos, estas dos centrífugas parecen “juguete nuevo”.

A Vidal Martín Sarduy, director del central, como a la ingeniera Carmen –vicepresidenta de Biopower S.A.– el tema le resulta apasionante y delicado. Saben que no se trata de volúmenes pequeños. Para que la planta generadora funcione establemente –no está concebida para que lo haga de otro modo– es imprescindible que por el umbilical transportador de bagazo le lleguen, cada día, 2 100 toneladas de esa materia residual.

Por eso el central deberá funcionar como un reloj. Lograrlo depende mucho de la destreza y consagración de sus trabajadores, en contacto con una tecnología nueva para la cual habrá que capacitarse todo el tiempo. Y ya lo hacen. Pero no basta con que el equipamiento sea instalado de manera perfecta, o con que una vez en marcha el proceso fluya “a pedir de bocas” de inicio a fin. Tal vez el factor decisivo esté más allá de las naves, maquinarias, gentes y chimeneas de la industria…

La caña decide el juego

Con razón, en su última vista a Ciego de Ávila, el vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, llamó a “sembrar caña sin mirar para alante”, en parafraseada alusión a cuando Fidel pidió echar piedras en el mar a quienes construyeron el pedraplén hacia la cayería norte avileña.

La falta de gramínea ha estado golpeando fuerte a la provincia en las últimas contiendas azucareras. Y el Ciro Redondo no escapa a esa adversidad. Para moler 150 días, al 85 por ciento –como urge– el ingenio necesita 1 400 000 toneladas de caña, y las estadísticas reportan apenas 400 000. Como paliativo, plantaciones del vecino central Enrique Varona tributarán su materia prima cuando el Ciro ponga en movimiento sus nuevos hierros.

Esa, desde luego, no puede ser la mejor ni definitiva solución, más si se conoce el llamado a producir todo el azúcar posible, a fin de aprovechar bien la capacidad de la totalidad de los centrales.

En busca del autoabastecimiento requerido, en las unidades que cosechan la gramínea cobra cuerpo el programa de instalación de sistemas de riego para llevar de 32 a más de 160 la cantidad de los de pivote central, por goteo y los llamados enrolladores; explica Yudiasqui Espinosa Hera, jefe del grupo de caña en la Unidad Empresarial de Base Atención a Productores Agropecuarios del municipio. Si así se cumple, para 2024 estará bajo riego 65 por ciento de las 22 819 hectáreas que forman el fondo de tierra para abastecer al renovado coloso, y que hoy tienen beneficiada menos de su quinta parte.

Con la bendición del riego, esas plantaciones podrían elevar los rendimientos a no menos de 80 toneladas por hectárea: hoy apenas en 50 toneladas por hectárea, con proporciones mucho más bajas en campos de secano.

Ese proyecto avanza, aunque 8 de los 27 sistemas montados permanecen sin electrificación ni valor de uso, por problemas de recursos, según han explicado directivos de la empresa eléctrica, a pesar de la urgencia para que esa tecnología conduzca cuanto antes a mayores volúmenes y mejor caña: objetivo medular y estratégico para la empresa, como ha dicho su director, el ingeniero Eduardo Larrosa Vázquez.

Tiempo muerto

Corrientazo desde el cañaveral.

El central Ciro Redondo tiene que corresponder a la confianza que Cuba le ha depositado.

Así: muerto, podría definirse el tiempo transcurrido desde que echó a andar el megaproyecto, en torno a algo tan imprescindible como ir creando bases a fin de asegurar la materia prima que devorará la bioeléctrica cada vez que el central detenga sus máquinas, deje de “trasvasar” bagazo y entre en ese período al que en épocas pasadas la gente solía llamar “tiempo muerto”.

Aunque el marabú debe “reenganchar desde la marcha”, para seguir alimentando a la bioeléctrica, la concepción es no depender solo de este en esa etapa. De hecho hay quienes se preguntan qué sucederá cuando la superficie cubierta hoy por esa plaga del reino vegetal decrezca, se torne más lejano y costoso su corte, con máquinas alemanas ya en acción, o se extinga.

Si desde que echó a andar el proyecto hace dos años y medio, se hubiera iniciado la siembra de otras variedades con fines energéticos, hoy las plantaciones se empinaran. No olvidemos que, dicen expertos, para su corte se requieren ocho años de crecimiento, y más. Generar los 60 MW demanda más de 2 000 toneladas de bagazo al día, o entre 1 200 y 1 400 de marabú u otra especie. Semejante volumen de biomasa no caerá de la “bionada”: hay que plantar.

Aun cuando el delegado provincial de la Agricultura en la provincia, Orlando Pérez Pedreira, opina que hay maquinaria, tierra y voluntad para “meterle caña” a la siembra de “leña”, el país no ha asignado los fondos correspondientes.

Lo demás, en fin, marcha, pero en esa vertiente hay inercia. Ha ardido un precioso margen. Ojalá no sobrevengan luego las indeseadas paralizaciones del proceso tecnológico por falta de biomasa y, entonces, alguien trate de resolver el problema dándole “leña” a los supuestos o reales responsables de este tiempo inicial que ha estado evaporándose como el humo.


Pastor Batista

 
Pastor Batista