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Publicado el 15 Enero, 2020 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

Editorial. Un nuevo futuro con más hombres de ciencia

Ciencia cubana

 

¿Hemos alcanzado el porvenir? ¿Cuán lejos está cronológicamente el futuro? Estas interrogantes, más que proponer un debate filosófico, pretenden hacer balance sobre un acontecimiento que fijó una de las aspiraciones de la Revolución naciente, cuando el 15 de enero de 1960 el entonces primer ministro Fidel Castro Ruz expresó su certeza de que los tiempos venideros de Cuba serían los de un país de hombres y mujeres de ciencia.

Seis décadas después, la nación está más cerca de alcanzar ese, no solo anhelo, sino estrategia de desarrollo. Ejemplos sobran para demostrar el alto nivel de instrucción y profesionalidad de nuestra población, que ha permitido enarbolar banderas como la educación y la salud, y nos colocan entre las naciones del planeta más sobresalientes en esos renglones.

No es casual entonces que en esta pequeña Isla haya surgido un método efectivo y rápido para alfabetizar masivamente en cualquier idioma a millones de personas. Y hasta parece una consecuencia lógica que, en su lucha por derrotar complejas enfermedades, los investigadores del país descubrieran para el mundo no pocos medicamentos y antígenos vanguardistas.

De tal suerte, nuestros científicos han conseguido la gloria y el reconocimiento social que, 60 años atrás, solo parecían alcanzables para unos pocos. En todo caso, el protagonismo de los hombres y mujeres de ciencia ha sido, aún es y seguramente será, determinante para toda nuestra sociedad.

Son los resultados de sus laboratorios e ideas el horcón económico que ha permitido al país eludir en gran medida, el magro destino que le deparaba la caída del socialismo este-europeo e incluso, seguir la ruta hacia el desarrollo con vocación humanista.

Visto superficialmente, eso bastaría para sentirnos conformes y hasta podríamos afirmar, a manera de respuesta a la interrogante inicial, que hemos llegado al futuro científico soñado. Sin embargo, apenas estamos tocando los comienzos de ese destino marcado.  A tenor con los tiempos, por mandato de la historia, la ciencia está llamada a tener mayor presencia en prácticamente todos los sectores de la sociedad, si la ambición es elevar la nación.

No hay manera de desarrollar un país si no se apuesta a generar y potenciar sus conocimientos. Esa debe ser una máxima, aun si nadáramos en petróleo o nos sorprendiera una esperanzadora lluvia de café.

Por tanto, debe forjarse la conciencia, fundamentalmente entre empresarios y otros directivos, de que en cada proceso tiene que intervenir el resultado de las investigaciones relacionadas y, digamos más, buscarse la innovación propia, así sobrarán un día tentadoras propuestas de jugosas inversiones extranjeras. A la vez, la ciencia debe llegar a la cultura de cada ciudadano para que estos aprehendan su importancia y hasta participen en la toma de decisiones sobre la ejecución de algunos estudios.

Como sea, el pueblo es quien financia a este sector, que trabaja para que los ciudadanos sean sus beneficiarios. Con toda seguridad, ellos sabrán exigir las verdaderas prioridades, para que nunca más –pongamos de ejemplo– se erija una vivienda con una tecnología vulnerable a las inclemencias de su región. De manera que la ciencia es, además de economía, cultura y política, un factor de democratización.

De ahí las exigencias de los diputados durante las recientes sesiones de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de incorporar los avances científicos a la producción de alimentos, una de las urgencias del país. Por otra parte, nuevas disposiciones gubernamentales que desamarrarán no pocas trabas, permitirán que desde este año se estimule la investigación con fórmulas de organización novedosas, las cuales deben potenciar el emprendimiento y las inversiones para obtener más descubrimientos e innovaciones. Es, pues, el inicio de otra meta, la búsqueda de un nuevo futuro, seis décadas después del impulso inicial.

Por cuanto han hecho y cuanto harán, BOHEMIA felicita a los trabajadores del sector científico y, por extensión, a todos aquellos que intervienen en la investigación: docentes, tecnólogos y otros entusiastas. Nuestra revista les acompañará para que Cuba consiga ser, como vislumbró Fidel, un país de hombres de ciencia.


Redacción Digital

 
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