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Publicado el 30 Enero, 2020 por Lilian Knight Álvarez en Nacionales
 
 

El corazón de un niño es el de la nación

¿Y por qué depositar en manos de los más pequeños la trabajosa tarea de crear este utensilio? Quizás porque es una atractiva forma de llevarlos a la Historia, a Martí y su ideario, para enseñarles desde pequeños el amor a la Patria y a sus próceres
El corazón de un niño es el de la nación,

Entre jóvenes y antorchas, también sobresalieron algunos niños, quienes de manos o en los hombros de sus padres se unieron al clamor de la defensa de Martí y la Patria- (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA).

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

Ya avanzada la noche, miles de jóvenes se congregan en la escalinata, para dotar de espíritu renovador una iniciativa ideada 67 años atrás, y que entonces tenía el objetivo de no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario.

La marcha de las antorchas es protagonizada año tras año por estudiantes universitarios y de enseñanza media, quienes en sus manos portan el fuego como estandarte de rebeldía de esta nación. Pero, ¿quiénes confeccionan tantos hachones?

Los pioneritos –responde Javier Mantilla, quien es el presidente de la Organización de Pioneros José Martí en el municipio de Plaza de la Revolución– es su forma de estar presente en la peregrinación y rendirle tributo a Martí.

¿Y por qué depositar en manos de los más pequeños la trabajosa tarea de crear este utensilio? Quizás porque es una atractiva forma de llevarlos a la Historia, a Martí y su ideario, para enseñarles desde pequeños el amor a la Patria y a sus próceres.

También en la noche algunos niños estuvieron presentes en la escalinata. De la mano de sus padres o en los hombros, recorrieron las calles de la ciudad, alejados del peligro del fuego, pero los suficientemente cerca para ser contagiados con el clamor de la juventud comprometida.

Uno de ellos es Gerson Romero Gómez de siete años. Se restriega los ojos en lucha contra el sueño y los obliga a recoger cada detalle de lo que acontece en San Lázaro. Su madre declara que está en la escuela primaria Mariana Grajales, del reparto Camilo Cienfuegos, un tanto alejado del centro de la ciudad, pero que venir y traer a su hijo se ha vuelto una tradición en aras de que conozca y aprehenda a sus mártires.

Y es que enseñar y educar a los más pequeños en el amor y la defensa de los más nobles ideales, no es responsabilidad exclusiva del maestro o de la escuela. De hecho, de no instruirse desde el seno familiar y la sociedad toda de forma amena, vívida y natural, se corre el riesgo de que se interprete como una materia más a vencer, algo con lo que cumple y ya.

Por eso Liset y Rolando trajeron a su niña Verónica Bóez Martínez, de solo cinco añitos. Sonriente Vero, como le dicen, va en la retaguardia del desfile llevando de manera simbólica una pequeña antorcha apagada en las manos.

–Quiero marchar por Martí, porque luchó por nosotros– responde la pequeña con la premura de alcanzar a los jóvenes que van con un paso más apretado de lo que sus pies pueden dar.

Esa es sencillamente la respuesta de quien lleva al Apóstol en su corazón, que es garantía de que, en el futuro, ni lo mancille ni lo deje ultrajar. Prendar el corazón de un niño con amor a la Patria es en fin, prendar el alma de la nación.


Lilian Knight Álvarez

 
Lilian Knight Álvarez