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Publicado el 20 Enero, 2020 por ACN en Nacionales
 
 

Jardines de la Reina, privilegio de las costas cubanas

Este lugar paradisíaco, cuyo nombre se lo puso el almirante genovés Cristóbal Colón en honor a la Reina de España Isabel la Católica, cuenta con unos dos mil 170 kilómetros cuadrados distribuidos en cayos estrechos y relativamente pequeños, ricos en matorrales, complejos de vegetación y varias franjas de dunas arenosas

Jardines de la Reina, privilegio de las costas cubanas.

Por LUBIA ULLOA TRUJILLO

Como un laboratorio natural y reserva de especies casi en extinción se muestra Jardines de la Reina, conjunto de cayos que bordean la costa sur cubana, ubicados en el litoral  de las provincias de Ciego de Ávila y Camagüey.

Este lugar paradisíaco, cuyo nombre se lo puso el almirante genovés Cristóbal Colón en honor a la Reina de España Isabel la Católica, cuenta con unos dos mil 170 kilómetros cuadrados distribuidos en cayos estrechos y relativamente pequeños, ricos en matorrales, complejos de vegetación y varias franjas de dunas arenosas.

Hasta allí únicamente se llega por mar y debido a su aislamiento geográfico y por no tener desarrollo poblacional sino sólo un turismo muy limitado, se considera el más conservado de los cuatro grupos insulares que rodean la isla mayor de Cuba e incluso del Caribe.

Declarado reserva marina en 1996, y una parte del área Parque Nacional en 2010, clasifica como un reservorio genético por las especies exclusivas de insectos y moluscos que atesora y por su diversidad biológica.

Sus fondos marinos albergan animales como los meros y las guasas, que en otras zonas de la geografía caribeña han desaparecido o, en el mejor de los casos, su presencia se limita a un reducido número de ejemplares.

Poseen una gran cantidad de corales, gorgonias, esponjas, moluscos, crustáceos y peces, de gran valor contemplativo, ambiental y económico, y es el principal sitio de desove de las cuatro especies de tortugas marinas de Cuba (carey, tinglado, verde y la caguama).

En Jardines de la Reina la fauna también destaca por los Perritos de Costa o Bayoyas y el Correcosta o Culebrina, subespecies de reptiles, exclusivas del territorio; y por las aves Marbella, El guincho, El Gavilán Batista, el Halcón de Paloma y el Carpintero Verde.

De igual manera viven allí el mamífero terrestre jutía conga y los marinos tonina, delfín moteado del Atlántico y el cachalote.

Las profundidades dejan ver a peces como el Sábalo, Robalo, Macabí, Pargos, Palometas, Albacoras, Cojinúas, Meros, Chernas, Guasa y Cubera, entre otros.

Para quienes gustan bucear el Parque cuenta con un centro internacional de esta actividad, donde los naturalistas reciben las ofertas de inmersiones en toda la extensión en los cayos Grande, Caballones, Anclitas, Piedra Grande y Cachiboca.

El atractivo principal de los buceadores es la convivencia prolongada y segura con las distintas especies de tiburones, entre ellos los sedosos y los grises del Caribe.

La explotación turística, que incluye además del buceo, la contemplación y la pesca recreativa, ocurre sobre bases ecológicas y sostenibles, lo cual permite mantener sus valores naturales casi intactos.
Mediante el Sistema Nacional de Áreas Protegidas se desarrollan proyectos de estudios en coordinación con los centros científicos de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana y el de Investigaciones de Ecosistemas Costeros, en cayo Coco, en el norte del central territorio avileño.

De igual manera especialistas de Flora y Fauna de la propia provincia mantienen un trabajo sostenido en el cuidado de toda esa área a través de los planes de manejo, que incluyen programas educativos en las comunidades cercanas, como Júcaro, en el municipio de Venezuela.

Sin dudas, en los fondos marinos de esos islotes señorea la belleza de la naturaleza y es un  privilegio que estén ubicados en las costas cubanas.  (ACN).


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