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Publicado el 7 Febrero, 2020 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL. Seguridad ciudadana, garantía de la nación

Experiencia que llegó para quedarse.

En Cuba se goza de una tranquilidad que se palpa. A pesar de las dificultades y escaseces materiales, impuestas por un empecinado bloqueo que se recrudece día a día, el Estado garantiza la seguridad ciudadana en índices elevados y con apego estricto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual expresa en su artículo 3 que todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la integridad física.

Son muchos los elementos que se tienen en cuenta cuando se habla de seguridad en un país. Pero a diferencia de otros lares del mundo donde la realidad llega a ser cruel, Cuba exhibe con orgullo un ambiente donde los niños y adolescentes tienen más probabilidades de crecer sanos; donde no se venden drogas ni armas, por el contrario, se combaten enérgicamente; no existe crimen organizado, terrorismo, secuestros ni tiroteos; y se puede andar plácidamente por las calles a distintas horas. Asimismo, cada hecho delictivo es castigado con la fuerza que la ley impone.

El artículo 46 de la Constitución de la República establece, entre otros, el derecho de todas las personas a la seguridad, implicando la posibilidad de cada ciudadano de desarrollar su vida sin riesgos, ni amenazas a su integridad, su actuación, o al entorno de su actividad. A veces se define como derecho a la tranquilidad ciudadana o a la convivencia pacífica. Este artículo tiene respaldo en el ordenamiento jurídico del país.

Hablar de seguridad en la Isla es referirse además a la educación y la salud gratuitas, a las oportunidades de empleos dignos, a los programas de protección de los adultos mayores y a las prestaciones de la asistencia social, solo por citar algunos –podríamos enumerar muchos– de los indicadores más notorios. Sin importar raza, religión, posición social o recursos económicos, esos servicios y derechos están garantizados para todos.

Cuba es un país diverso, seguro, pacífico y saludable para los cubanos, para los extranjeros residentes, para los diplomáticos acreditados y para los millones de turistas que nos visitan cada año, incluidos los estadounidenses.

Es esta la contundente verdad que el enemigo vanidoso se niega a aceptar. De ahí que se aferre a orquestar caricaturescas campañas mediáticas acusando a la mayor de las Antillas de ser territorio peligroso y recomendando a sus ciudadanos abstenerse de viajar “por razones de seguridad”.

De nada valen las manipulaciones y políticas lanzadas por el gobierno de la Casa Blanca, con el verdadero propósito de asfixiar la economía nacional y desacreditar a nivel internacional la obra de la Revolución. Los macabros intentos de incluir a Cuba en listas de países inseguros, la eliminación de vuelos y las diferentes sanciones, no han dado resultado.

En contraste con el bloqueo intensificado y las oleadas de difamaciones estadounidenses que pretenden el aislamiento, Cuba se mantiene entre las principales plazas turísticas para muchas naciones. Cuatro millones de visitantes extranjeros llegaron a la Isla, el pasado año, atraídos no solo por sus atractivos de sol y playa, sino también por la hospitalidad y tranquilidad que el destino ofrece.

Las artimañas que se han pretendido tejer sobre este tema resultan cada vez más incoherentes e insostenibles. La consolidación de un entorno pacífico y seguro para todos los ciudadanos por igual constituye un éxito indiscutible de nuestra Revolución y su pueblo, que trabaja de conjunto con las fuerzas policiales para mantener el adecuado orden interior.


Redacción Digital

 
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