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Publicado el 28 Marzo, 2020 por Liset García Rodríguez en Nacionales
 
 

A buen resguardo contra Covid-19 niños sin amparo familiar (+video)

Ante la pandemia que azota al mundo y ha tenido su impacto en Cuba, las autoridades han dispuesto lo requerido para proteger a la población más vulnerable
A buen resguardo contra Covid-19 niños sin amparo familiar.

Bajo la mirada de las cuidadoras y una enfermera, estos niños juegan felices, bien lejos de la realidad que azota al mundo.

Por LISET GARCÍA

Víbora II es el hogar para niños sin amparo familiar, de la localidad del mismo nombre, visible desde cualquier esquina de su entorno porque sus amplios portales lucen cantidad de juguetes, caballitos, canales y otros equipos para montar, encaramarse y divertirse, junto a varias mesitas de vivos colores, con otros juegos didácticos.

Los niños juegan allí despreocupados, sin sospechar que una horrible pandemia sacude al mundo y amenaza a Cuba. Ellos están bien, a salvo de cualquier riesgo porque se han tomado todas las medidas para protegerlos.

Cuenta su directora, Marisela Rodríguez López, que han reforzado la permanencia del personal de salud durante las 24 horas, y las visitas de los médicos del consultorio del barrio, de la pediatra y otra doctora del policlínico Turcios Lima de esa área de salud, son constantes. “Nos mantenemos en comunicación permanente. Ellos están haciendo su pesquisa no solo con los niños sino con quienes trabajamos aquí”, sostiene.

Aunque tiene capacidad para 16 niños, la matrícula actual es la mitad, con niños hasta 6 años. Cada día los llevan a los círculos infantiles donde reciben la docencia, en una guagua desinfectada diariamente, y su chofer, siempre con nasobuco. “Los cuidados se han extremado en todas las áreas”, agrega.

“Tenemos suficientes suministros de cloro, jabón, detergente para garantizar la higiene del hogar”, dice Marisela, y agrega “aquí no entra nadie sin antes lavarse las manos”. A la vista está la mesa junto a la puerta de entrada, con el pomo preparado con la solución de hipoclorito, que deja perfumado el ambiente; huele a limpieza.

Los requisitos de orden y que cada niño tenga sus objetos personales bien definidos, que siempre son ley, ahora tienen más rigor y control. Cada uno tiene sus toallas para el cuerpo y las manos, su ropa de cama y sus cubiertos para comer.

Ellas mismas encargaron a una costurera los nasobucos para todo el personal que recibirían el mismo día de la visita de BOHEMIA. Como medida adicional decidieron guardar una parte de los juguetes pequeños, que siempre van a parar al piso, para protegerlos de cualquier infección.

“Ahora tampoco están permitidas las visitas de familiares, algo que ellos comprenden, ni las salidas a pasear fuera del hogar”, narra la directora, quien lleva varios años en esa función que enamora a cualquiera, porque son niños que están aquí para recibir cuidados, atención, cariño… “

La situación actual obliga a las cuidadoras, las enfermeras y el resto del personal a reforzar las actividades con ellos, ponerlos a cantar y a jugar en los horarios que eran de paseo. “No lo asumimos como tarea, confiesa Marisela, sino como un acto de entrega y amor. La carencia de afectos familiares aquí nos encargamos de suplirla para que no los dañe sicológicamente. El Estado garantiza todos los suministros para que no les falte nada. Leche, yogourt, carne, pollo y lo demás que ellos necesitan lo tienen garantizado. Ahora se ha reforzado más”, cuenta.

A buen resguardo contra Covid-19 niños sin amparo familiar.

El hogar de niños sin amparo familiar Víbora II extremó las medidas sanitarias y los médicos del área de salud se esmeran en la vigilancia epidemiológica con los trabajadores y los internos.

La novedad que impuso el momento, en virtud de la pandemia, fue habilitar una habitación para aislarlos en caso de algún resfriado, catarro o dolencia simple, donde puedan permanecer, en vigilancia reforzada con las enfermeras a cargo.

El hogar de niños sin amparo familiar Víbora II, donde se respira paz, higiene y amor, está bien amparado por las luces que el Estado cubano ha destinado a esos niños que un día dejaron de estar al lado de sus padres, y no quedaron abandonados a su suerte, sino protegidos por la sombra de un país que no olvida a los más desfavorecidos.

 


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez