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Publicado el 10 Marzo, 2020 por Delia Reyes Garcia en Nacionales
 
 

INDUSTRIA TABACALERA

Cuando las chavetas suenan

Con larga experiencia en el arte del tabaco torcido, el colectivo de la fábrica Partagás aspira a cumplir este año el plan de exportaciones
Cuando las chavetas suenan.

La materia prima que recibe la industria es de primera.

Por DELIA REYES GARCÍA

Fotos: GILBERTO RABASSA VÁZQUEZ

Si bien el Grupo Empresarial Tabacuba cumplió el pasado año su plan de exportaciones tanto en unidades físicas como en valores, una de sus entidades, la Empresa de Tabacos Francisco Pérez Guzmán, conocida tradicionalmente como Partagás, quedó por debajo de lo previsto, con un 97 por ciento.

“Tuvimos afectaciones por la falta de algunas materias primas y envases, por tal motivo algunos de los nuevos surtidos planificados no pudieron fabricarse”, esclarece Bárbara Hernández Medina, directora de la empresa. Para el actual año, agrega, el plan de exportaciones es de 4 700 000 tabacos, y en los primeros meses todo marcha viento en popa.

Cuando las chavetas suenan.

Bárbara Hernández Medina, directora de Partagás, es optimista en cuanto al futuro y desarrollo de la industria tabacalera.

“Somos una empresa con esquema de financiamiento cerrado, y estamos en perfeccionamiento empresarial desde el 2000. Y fuimos la primera dentro del grupo en certificar la gestión de la calidad”, complementa la directiva.

Ante las dificultades que presenta el país con el combustible, elaboraron el plan de contingencias, acomodando las cargas eléctricas, con un estricto control del uso de los aires acondicionados y elevadores. Hasta el momento, no han tenido que reajustar la jornada laboral, de 7:30 a 4: 30 pm, e incluso, la extienden hasta las 5:30, de acuerdo a las necesidades de la producción.

Sobre los sistemas de pago, explica Hernández Medina, “la mayoría de las áreas están vinculadas a los resultados finales, sobre todo el torcido, que es el motor impulsor de la empresa, con una forma de destajo progresivo. El salario medio es de unos 800 CUP, y además reciben estímulo en CUC. Los torcedores más diestros están ganando casi 100 CUC mensuales. El sistema de pago incentiva a los que más producen, con elevada calidad y cumpliendo con las normas de consumo de la materia prima”.

Las empresas exportadoras cubanas hasta la fecha están obligadas a operar al tipo de cambio de 1 USD por 1 CUC. Pensando a futuro, valora la directora de Partagás, “la unificación monetaria y cambiaria que proyecta la dirección del país traerá beneficios para nuestras empresas exportadoras, vamos a avanzar mucho más como industria y como país. También las puertas quedarán abiertas para que retornen los tabaqueros que se fueron buscando mejoras salariales, porque este sector tiene un alto sentido de pertenencia”.

De punta a pata

Cuando las chavetas suenan.Con la destreza aprendida en el oficio, las despalilladoras van abriendo una por una las hojas de tabaco. Las estiran para quitarles la vena central, desde la punta (parte superior) hasta la pata (parte inferior). Las planchan con las manos, y las van colocando en las piernas, para luego clasificarlas según color y tamaño.

Después de tres décadas realizando estas labores, Vilma Jova Robert, casi que puede realizar el despalille con los ojos cerrados. “A este trabajo le he dedicado la vida. También puedo hacer otras actividades, como anillado o fileteado”, asegura esta experimentada obrera, quien también confiesa su predilección por el habano.

El área de despalille y rezagado está compuesta por 22 trabajadores, explica Idalmis Silveira Flores, jefe de brigada, anteriormente estas actividades estaban separadas, pero luego se unieron.

Cuando las chavetas suenan.

Los tabacos terminados reciben un riguroso control de la calidad.

De aquí salen las distintas vitolas ya clasificadas para ser torcidas en el lugar considerado por los tabaqueros como el corazón de la fábrica: la galera. Yaima Pérez Corona, jefa de esta área, comenta que tienen tres categorías, sexta (tabacos de menor tamaño); séptima (de dimensiones intermedias), y octava (los más grandes, de alta regalía). Subraya Yaima que la diferencia entre un tipo y otro de tabaco está en la ligada que lo compone.

El más trabajoso de hacer es el Salomón, por eso la norma es más baja porque tiene doble configurado, es decir, dos puntas, agrega.

En este lugar, mientras deja listo un mazo de Cohíba pequeños, Mercedes Zuled Jiménez, cuenta que ya cumplió 35 años como torcedora. “El curso lo pasé en Güines, antes vivía allá. Luego me mudé para San Miguel del Padrón. Cuando comencé tenía 18 años, después vinieron los hijos, licencias de maternidad, y de nuevo al trabajo. Ya tengo una familia numerosa, con tres hijos y seis nietos”. Mercedes asegura que “la norma puede cumplirse, aunque los años ya van pesando”.

Dos décadas de torcido también han cujeado a Isabel Bitón Lezcano, quien se encarga de ponerle la capa al tabaco, para dejar listas 200 unidades al día. Ella vive en el municipio de Arroyo Naranjo.

Aunque la fuerza de trabajo en la galera es mayormente femenina, allí también los hombres ponen sus manos a la obra. Hace 12 años el joven Yorsel Macblanche Candón entró a Partagás. “Disfruto torciendo el tabaco, me gusta lo que hago. La norma se cumple bien, el salario mensual es de unos 500 pesos, más un estímulo en CUC”, refiere Yorsel.

En el área de terminado, donde se realiza la escogida, el anillado y el fileteado, los habanos reciben el último acicalamiento. Aquí laboran unos 70 trabajadores, y todos poseen la calificación requerida, explica José Ramón Álvarez García, especialista de calidad. “El tabaquero hace el producto y nosotros le damos el toque final. Las vitolas son diferentes y las vamos procesando según el plan de la empresa. Ahora mismo estamos haciendo Romeo y Julieta, Montecristo, Partagás y Bolívar”.

Yasunari Verdecía Hinojosa, siguiendo los pasos de una tía tabaquera, entró a Partagás hace 27 años. “Esta fábrica ha sido mi vida”, asegura la obrera, mientras coloca con sumo cuidado las anillas a cada ejemplar.

Asegurar el relevo

Cuando las chavetas suenan.

Los calibres del anillo varían de acuerdo con el grosor del habano.

La apertura de nuevas formas de gestión también ha incidido en la fluctuación laboral dentro del sector industrial tabacalero, reconoce Bárbara Hernández Medina, directora de la empresa. Por tal motivo mantienen abiertos los cursos de tabaquería para asegurar la fuerza de trabajo que demanda la fábrica.

Mildania Borges Pérez, responsable de la escuela para la formación de los torcedores, explica que el curso dura entre seis y nueve meses. Actualmente tienen una matrícula de 60 alumnos, y cada 20 aprendices, hay un profesor que los asesora. “Este tipo de enseñanza es algo tradicional dentro del gremio. Después que los muchachos se gradúan, deben estar como promedio dos años en la fábrica. Ellos reciben en el período de aprendizaje un estipendio fijo de 225 pesos mensuales, y en la misma medida en que van ganando en destrezas, y produzcan tabacos de buena calidad, también se les paga adicionalmente”, amplía Borges Pérez.

Para uno de los estudiantes del curso, Dachel Fernández Algeciras, es una suerte pasar esa escuela. “Aunque solo llevo seis meses, en estos días ya me realizarán la evaluación final como torcedor. Desde que comencé, le puse todo mi empeño y como decimos en buen cubano: di la talla”.

 

Desvelos por la calidad

Para preservar los méritos del mejor habano del mundo las fábricas de tabaco establecen rigurosos controles de calidad. Los habanos terminados se unen en mazos de 50 unidades, llamados Medias Ruedas, que son trasladados al departamento de control de la calidad donde los especialistas verifican los puros por su peso, longitud, grosor, consistencia, confección y apariencia.

Cada fábrica tiene su propio equipo de catadores que degustan los habanos y los evalúan de acuerdo con un sistema de puntuación que tiene en cuenta parámetros como el tiro, el aroma, el sabor y la fortaleza.

 


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia