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Publicado el 26 Marzo, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

CAYERÍA NORTE DEL CENTRO CUBANO

Turismo niega su manilla al Covid-19

La voluntad no solo está en médicos, personal de enfermería, clínicas y laboratorios de salud, porque la capacitación convirtió en escudo a todo el mundo dentro de hoteles que no se desploman al cerrar temporalmente, porque ya se perfila una estrategia para recibir, en mejores condiciones aun, a los mismos huéspedes que ahora lamentan tener que retornar a sus países
Turismo niega su manilla al Covid-19.

Fantasía ajena a la realidad del Covid-19.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Tendidos en el limpio piso del Hotel Pullman, uno de los más confortables en la cayería ubicada al norte de la porción central del territorio cubano, un niño y una niña juegan con un pequeño carrito. Muy lejos están de suponer que tal vez dentro de unas horas sean los últimos visitantes extranjeros en despedir a la lujosa instalación, en este marzo que prometía ser, junto a abril,  de los mejores meses  en ocupación de capacidades.

A pocos metros, en una especie de terraza, otro huésped, adulto, concentra en ejercicios físicos todo el sosiego espiritual del universo. A la derecha, para un matrimonio y su pequeña hija, bañados por una tenue brisa, nada parece más cautivante que el rítmico y lento vaivén de las olas del mar allí, a plena vista.

Los observo así y nada me remite al temor que internamente puedan sentir por la velocidad con que la pandemia del Covid-19 sigue buscando alojamiento en gargantas y vías respiratorias humanas de todas las naciones del mundo. Aquí, sin embargo, experimentan tal seguridad y placer que “ahora mismo preferiríamos quedarnos y no tener que regresar a nuestro país”.

Así opinan los canadienses Franco y Stacey Manzo, un matrimonio atrapado por los encantos naturales y humanos del Polo Turístico Jardines del Rey, en particular por su hotel Pullman, donde, no solo han encontrado el servicio de calidad que todo huésped desea.

“Porque, además  de la información que llega por los canales de noticias, hemos estado al tanto del Covid-19 mediante el personal del hotel, que ha respondido a nuestras preguntas de forma correcta; se ve que aquí todo el mundo está bien informado y eso nos ha hecho sentir muy seguros.”

Igual criterio tienen Yohana Lavín y su esposo, a quienes el tiempo se les ha ido “demasiado rápido” y desearían volver más adelante, cuando no exista ya el nuevo coronavirus, del mismo modo que sueña con hacerlo la anciana Nicole Gamau, para traer a miembros de una sociedad que ella ha integrado con personas que presentan discapacidad visual, según le confesó, antes de partir, a Ailén Pérez Verde, joven trabajadora del Departamento de Calidad y Atención al cliente.

Todos para uno

Turismo niega su manilla al Covid-19.

Condiciones para responder de forma rápida ante cualquier sospecha.

En nada de lo antes dicho hay casualidad. Tal y como explica Iyolexis Correa Lorenzo, delegada del Ministerio del Turismo en Ciego de Ávila, el sector se preparó para enfrentar al Covid-19, mediante la capacitación de los trabajadores y medidas muy concretas en todos los hoteles y demás instalaciones.

Por ello, junto a su blanca bata de enfermera y a la del doctor Rudy Alfonso la MsC Summy Silvia Martínez ha sentido la consciente actuación de quienes están en la primera línea: recepcionistas, relacionistas públicas, camareras… así como en una supuesta retaguardia que también deviene frente de combate: personal de almacenes, seguridad, mantenimiento…

De otro modo no fuera posible detectar rápidamente indicios o sospechas de la enfermedad, para inmediata valoración, traslado del huésped a la Clínica Internacional, en la propia cayería, y envío de muestras (ninguna con confirmación positiva hasta el 23 de marzo), todo ello bajo una atención que ha hecho sentir a algunos “pacientes”  igual o incluso mejor que en el hotel, según refiere el doctor Leonardo Batista Gutiérrez, al frente de la Sucursal de Servicios Médicos en la provincia.

Precauciones así, al detalle, no son exclusivas del ámbito hotelero. Lo percibieron los 11 000 turistas que semanas atrás colonizaban la tranquilidad de los cayos, desde que “desembarcaron” por el Aeropuerto Internacional Jardines del Rey y vieron en organizada línea contra el nuevo coronavirus lo mismo a empleados estatales de la terminal aérea que a trabajadores por cuenta propia como Alexei Bullaín, chofer de Taxi Cuba, dispuesto a ofrecer servicio, satisfacer cualquier interrogante del cliente acerca de la enfermedad y acudir al nasobuco que mantiene listo para ponerle stop al contagio.

“A tono con lo establecido en el plan único de acción para el enfrentamiento a esa pandemia —relata Mario Hernández Rivero, director del aeropuerto— hemos adoptado medidas internas para, entre vuelos, darle golpe de calor a la terminal; evitar el entrecruzamiento innecesario de trabajadores de una a otra área, abrir nuevas facilidades en puntos de desinfección para nuestro personal, asegurar que nada falle en el incinerador de desechos procedentes de las aeronaves o en el tratamiento a escaleras, superficies y áreas del edificio”.

A pecho y pulmón sobre los retos

Turismo niega su manilla al Covid-19.

La salud cubana, todo el tiempo junto al huésped.

De lo puntualizado por Sergio Ramón Ricaño Pérez, representante del Gobierno cubano en la cayería norte de Villa Clara, Ciego de Ávila y Camagüey, con todos los organismos y entidades que intervienen en la actividad turística de esa extensa zona, emergen grandes retos a los cuales ya se les entra “a pecho y pulmón”.

Que no estén arribando ya turistas que la mayoría de los hoteles cierren temporalmente no significa el derrumbe, físico ni espiritual, del polo.

Mantener la más sensible calidad en el servicio mientras haya un huésped, es lo primero, del mismo modo que aplicar ese criterio para el caso de cubanos que sigan hospedándose en instalaciones abiertas.

Lo otro (¿qué hacer con todo y con todos los que momentáneamente cesen) no es asunto que parezca alterar el sueño.

Ricaño e Iyolexis saben que, sobre la base de una cuidadosa reorganización, no faltará contenido, ya sea en otras actividades o en las múltiples labores para lograr que al reabrir, todos los hoteles estén en iguales e incluso mejores condiciones.

Por eso el Representante del Gobierno insiste en poner mucha inteligencia y control para evitar gastos innecesarios, derroche, desvío o mal uso de recursos.

Turismo niega su manilla al Covid-19.

Este visitante ejercita tranquilamente su cuerpo, relaja el espíritu.

Mientras tanto, prosigue el proceso inversionista para sumar alrededor de 4 000 habitaciones más a las aproximadamente 18 000 que abren puerta al mundo en los más de 40 hoteles asentados en la cayería, desde Villa Clara hasta Camagüey.

El Covid-19, en fin, ha retado al turismo cubano. Es innegable el perjuicio que ya causa, no por contagio o transmisión sino por el brutal descenso de una actividad vital para la economía nacional. Pero como sucedió en septiembre de 2017, tras el demoledor paso del huracán Irma por esta misma zona, no hay desaliento.

Contingencias de todo tipo ha enfrentado con serenidad y éxito una nación como esta, que, sin descuidar la salud y la vida de sus habitantes, responde a la solicitud de ayuda médica pedida por países donde la pandemia campea a sus anchas con absoluta impunidad.

Todas esas son cosas demasiado “adultas y complicadas” para la imaginación y candidez con que el niño sigue tendido sobre el piso del Pullman, jugando con su carrito. Ni él, ni su familia vinieron a Cuba para sufrir o mortificarse. Lo miro, me mira, le guiño un ojo y me sonríe mientras intenta, pícara e infructuosamente, de guiñar el suyo. ¿Cómo te llamas? No comprende. ¿What is your name? Parece que tampoco. Le tiro entonces un beso y me lo devuelve. No hace falta más. Nos entendemos a la perfección. Tal vez dentro de muchos años, entre tantos recuerdos hermosos, conserve aún la trascendencia de este “simple” momento en Cuba.


Pastor Batista

 
Pastor Batista