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Publicado el 4 Abril, 2020 por Lilian Knight Álvarez en Nacionales
 
 

COVID-19

Bautismo de fuego

Unos 28 000 estudiantes de medicina realizan pesquisas para la detección temprana del nuevo coronavirus, entre ellos están Karla y Josué
Bautismo de fuego.

Los estudiantes realizan pesquisas en las comunidades para detectar en fases tempranas la presencia del nuevo coronavirus. (Foto: JORGE LUIS SÁNCHEZ RIVERA)

Por LILIAN KNIGHT ÁLVAREZ

“Miedo, un poco, compromiso muchísimo”, y esa es quizás la razón por la que Karla Powell Escalona sale a diario a hacer levantamientos de posibles casos de COVID-19.

Aunque aún es estudiante del tercer año de medicina, en la facultad Julio Trigo, hoy se suma a la campaña de pesquisaje de posibles enfermedades respiratorias y el seguimiento a los residentes cubanos que recientemente llegaron del exterior o que estuvieron en contacto con algún viajero internacional.

“Nuestra labor es ir hogar por hogar, interrogando a los habitantes para constatar que estén bien; en caso de no estarlo, se le informa al médico del policlínico o consultorio para que tome las medidas pertinentes”, asegura Powell Escalona.

La participación de los estudiantes de Medicina forma parte de la estrategia del Ministerio de Salud Pública para la detección temprana de posibles casos. Incluye a más de 28 000 alumnos quienes además, exhortan a la población a mantener las medidas higiénico-sanitarias imprescindibles para frenar el  avance de SARS CoV-2, según declaró el doctor Jorge González Pérez, director de Docencia Médica del organismo.

“En las facultades establecieron que todos los estudiantes debían apoyar a los policlínicos cercanos en la pesquisa. Independientemente de eso, siento el deseo de hacerlo, imagina si fuera yo o un familiar quien requiriera de un consejo oportuno o simplemente una palabra de apoyo”, alega la estudiante manifestando el sentido humanista de esta profesión.

“Por demás, creo que quien se forma como médico debe estar consciente de que esa es nuestra misión, es nuestro propósito salvar vidas aunque ello conlleve cierto riesgo”, afirma.

El desconocimiento o la baja percepción del riesgo muchas veces impiden que las personas que padecen la enfermedad acudan de inmediato a las instalaciones de salud. En otros casos el estadio de la enfermedad es tan avanzado que el paciente necesita ayuda para acceder al tratamiento demandado. De ahí la importancia de la labor de los estudiantes, médicos y enfermeros que hoy visitan en las comunidades.

Pero enfrentar una enfermedad relativamente nueva y desconocida supone un peligro más alarmante cuando pone en riesgo la vida de jóvenes.

“A nosotros nos dicen antes de salir del policlínico cuáles son las medidas de seguridad, que incluyen el uso del nasobuco, mantener la distancia desde el exterior de la casa, lavarse las manos continuamente. Aplicar estas exigencias hace que nos protejamos a nosotros mismos, a nuestras familias y al entorno”, puntualiza Karla.

Por su parte, Josué Carvajal Veliz, que cursa igual nivel, en la misma facultad, agrega que hasta el momento la población ha sido muy disciplinada y garante de su seguridad y manifiesta sentirse tranquilo y orgulloso de su aporte, aunque sea pequeño en comparación con el del personal de salud que lidia directamente con los casos positivos.

“Esto es solo el inicio, algún día también estaré dispuesto a dar mi vida para combatir cualquier tipo de enfermedad, en cualquier parte del mundo, abandonando como nuestros médicos hoy, la comodidad de la casa o la cercanía a los familiares, en aras ayudar a quien lo necesite”, concluyó el joven.


Lilian Knight Álvarez

 
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