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Publicado el 16 Abril, 2020 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

SOCIEDAD CUBANA

Directamente al anciano

En correspondencia con las restricciones que ha impuesto la presencia de la Covid-19, comedores pertenecientes al Sistema de Atención a la Familia, no solo continúan elaborando alimento para ancianos necesitados, sino que, además, llevan ese servicio hasta la misma puerta del hogar
Directamente al anciano.

Santiago, uno de los miles de ancianos que por estos días reciben este servicio en toda Cuba.

Texto y foto PASTOR BATISTA VALDÉS

Aunque ya suma varios días recibiendo el servicio directamente en la puerta de su vivienda, al octogenario Santiago Riverol García se le vuelve a escapar un suspiro, no sabe si de alivio, de gratitud o de ambas cosas, cuando el recién llegado le pone en sus manos los tres recipientes con alimento, elaborado ya, para él y su esposa.

Acogidos al Sistema de Atención a la Familia (SAF) él y Aisy González López no se sentaban a almorzar o a comer en la unidad Siboney, como muchos de los 109 ancianos beneficiados por la experiencia, en esa barriada espirituana.

“Siempre preferíamos ir y buscar las dos raciones, darles nuestro puntico final aquí en la casa y sentarnos a la mesa en el momento deseado, pero nos parece muy buena la decisión de traernos todo, para no tener que estar saliendo a la calle. La situación está muy complicada por culpa del nuevo coronavirus y hay que andar con sumo cuidado, sobre todo nosotros los de más edad”, comenta Santiago.

— ¿Y de la atención, ahora, qué opinan?

“Totalmente satisfechos. Pienso que nadie puede quejarse; la comida es buena, la elaboración  también, al igual que el precio. Lo que nos traen para que nos alimentemos, por valor que no llega a los dos pesos, en muy difícil encontrarlo a nivel de la calle por menos de 50.”

Para ello, no solo el Estado cubano destina recursos, mercancía, insumos… también hay trabajadores que madrugan, como los cocineros María Julieta Rodríguez Moreno y Aleinier Valdés Fontaner, quienes “se pegan” desde las 5:00 de la mañana con el propósito de que “cada viejito reciba su alimento a tiempo y calientico”, tal y como asegura Aida Mursulí García, administradora.

“En sentido general, no tenemos problemas con los abastecimientos —prosigue. Puede suceder que un momento  falte o escasee algo, pero siempre aparece una solución. Mira, ahora mismo, en medio de esta coyuntura, nos entregaron 300 cantinas o vasijas para llevarles los alimentos a esos ancianos.

“Por cierto, medidas de prevención  para nosotros no solo es usar el nasobuco. Aquí estamos arriba del asunto de la higiene. Esas mimas cantinas, por ejemplo, son lavadas cuando retornan de las casas y al otro día las volvemos a fregar bien antes de usarlas.”

Tras acomodar bien la valija, un joven se dispone a partir.

“Aunque ya casi no hay tránsito, dale con cuidado”, le aconseja Aida.

El muchachón la mira de soslayo, sonríe, hunde el pie en el pedal de la bicicleta y empieza a devorar la calle. Su nombre es Yandiel Morell Fernández. Hasta hace poco tiempo su labor consistía en vender cerveza dispensada. Reubicado ahora en el SAF Siboney tiene la sensible misión de llevarle almuerzo y comida a un grupo de ancianos que viven solos. Nunca lo imaginó. Pero ahí está,, voluntarioso y decidido, porque cada día comprende más el alcance humano de ese servicio. ¡Y cómo lo agradece, caramba!


Pastor Batista

 
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